MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 16/12/24

(Nm 24,2-7.15-17ª; Sal 24; Mt 21,23-27)

LOS OJOS PERFECTOS

En la primera lectura del libro de Número, por dos veces, Balaán, en una visión, hace referencia a los “ojos perfectos”. ¿En qué consiste, conforme el texto, dicha perfección? Hace referencia a quien puede vislumbrar el obrar de Dios en la historia, con su pueblo, y darlo a conocer, forjando esperanza. En ese momento, él mismo los tenía, vislumbrando a Israel en un hermoso Reino.

En este trecho del Adviento, ya próximo a la Navidad, tú y yo podríamos perfeccionar la mirada. Nos preparamos para recibir al Señor Jesús que llega. Mientras, pudiéramos ir descubriendo los signos de su presencia entre nosotros. A su vez, la mirada perfecta también identifica todo aquello que ha de ser removido de nuestra casa interior para abrir espacio a quien llega para darnos la salvación.

Conforme a la oración del salmista, quien recita: “Señor, instrúyeme en tus sendas”, los ojos perfectos son aquellos capaces de leer e interpretar sus enseñanzas en el diario caminar. La persona que se observa a sí misma, y se confronta con la Palabra, crece y madura.

A nosotros, cuando estábamos pequeños, nos enseñaron a leer; ahora, hasta pudiéramos hacerlo en diferentes idiomas. Sin embargo, no han sido tan frecuentes los ojos adiestrados para leer el libro del propio corazón, donde el Señor escribe su voluntad, para ser descifrada y luego cumplida. Quien alfabetiza para leer el corazón es el llamado Maestro Interior, el Espíritu Santo.

El evangelio nos hace referencia a la autoridad perfecta de Jesús. Él estaba enseñando en el templo. No es lo mismo cuando Él instruía en otros lugares como: la zona del lago, la montaña, alguna casa mientras estaba a la mesa, o cuando iba de camino… Cuando lo hacía en el santuario, lugar que concentraba todo el poder político, religioso y económico de la época, la realidad era distinta.

La particularidad de esta enseñanza de Jesús en el templo es que estaban las “autoridades” del mismo, como los sacerdotes y los ancianos. Justamente, por esto le cuestionaron sobre la autoridad con la que realizaba allí tales enseñanzas. Para responderles, el Señor les puso una condición basada en otra pregunta: “El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?” Al no poder responder el planteamiento, quedó evidente quién tenía la mayor autoridad.

La autoridad de los sacerdotes y los ancianos venía de los hombres, pero la del Señor Jesús venía del cielo. Quien había bajado del cielo, tenía la autoridad suprema de haber visto, escuchado, y experimentado lo que nadie pudo vivir.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué características tiene tu mirada? ¿Qué miras en las otras personas, qué te llama la atención de ellas? ¿Descubres las huellas del Señor en las otras personas? ¿Cómo descifrar los acontecimientos en el diario vivir? ¿Puedes decir que tienes una mirada creyente de la realidad? ¿Tus pupilas interpretan el día a día con fe? ¿Descubres a Dios en tu vida cotidiana? ¿Cómo identificas la presencia del Señor? ¿Auxilias a otras personas que no ven al Señor para que lo descubran, lo reconozcan, y se llenen de esperanza?

¿Cómo ves a las personas preparándose para la Navidad? ¿Cómo tú te estás preparando? ¿Puedes observar lo que pasa en tu interior? ¿Tú observas tus actitudes? ¿Cómo las consideras? ¿Cuáles cosas están sobrando en ti, que quitan espacio para el Señor que llega? ¿Qué cosas buenas descubres en ti y en los demás que merecen ser dichas, compartidas? ¿Tú crees que tienes una mirada de esperanza? ¿Cómo tú relacionas la mirada perfecta del Señor Jesús con su perfecta autoridad?

Señor: te presento mi corazón, porque él es un recipiente donde derramas tu gracia. Con razón el salmista ora inspirado en tu ternura, tu misericordia y tu bondad. Si estos, tus rasgos, me llenan por dentro, observaré con tu mirada. Necesito, Señor, una mirada que venga de ti, que se soporte en ti.

Tu mirada, Señor, nos lleva a la perfección. Porque tú miras para amar, rescatar y encaminar a la salvación. Que yo pueda experimentar, en silencio, tu manera de mirarme para inspirarme a contemplar a los demás. Quisiera aprender de la Virgen María quien un día, al experimentar la mirada de Dios sobre ella, cantó. Cuando se miró, se maravilló en su Salvador, descubriendo y describiendo las proezas realizadas en ella y por medio de ella. Luego, sacando los ojos de sí, descubrió a Dios en la sociedad. Que aprenda, Señor, a mirarme desde ti; y en ti, amado Jesús, mirar a los demás.

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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