MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS (25/12/24)

(Is 52,7-10; Sal 97; Hb 1,1-6; Jn 1,1-18).

DIOS CON NOSOTROS

El 25 de diciembre es solemnidad. Concentra un misterio relevante de nuestra fe. Y ese misterio que nos sumerge, en palabras de San Ireneo es: “Dios se ha hecho hombre para que el hombre se hiciera Dios”.

Si nos apoyamos en el prólogo de san Juan, o sea, en su primer capítulo que sirve de introducción para todo el evangelio, uno puede ir tomando conciencia en qué consiste esta realidad que nos supera. Comienza diciendo: “en el principio…”. Un principio que es eterno. Allí, sin referencia de calendario, se fundamenta la relación indivisa de la Santísima Trinidad. La unidad del Padre y del Hijo, y su amor que hizo parir a la Tercera Persona, el Espíritu Santo. El evangelista nos permite conocer que en el seno trinitario había vida, creatividad, creación, y luz divina.

Pero cómo pudiéramos nosotros acceder a la Santísima Trinidad, si uno de ellos no baja hasta nuestra tierra, nuestra miseria, nuestra carne y nos dice cómo hacerlo, cómo hacernos santos y santas, como ellos lo son. Es así que en su infinito amor y su ilimitada misericordia, Dios Padre tuvo un plan, y este plan ha sido enviarnos a su Hijo, de un modo perfecto, admirable, tierno y súper sencillo. Tan simple que nos ha dejado a todos boca abierta, aún conscientes de que nos fue preparando desde antiguo.

La Carta a los Hebreos dice que en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Pero tú y yo estamos en este momento tan privilegiado donde no nos revelan cosas a medias. No quiere decir que los profetas se reservaron y no se dieron completo, sino que enseñaron hasta donde pudieron. En cambio, el Señor Jesús, sí tenía mucho que revelarlos, y no se quedó con nada. Trajo todos los secretos. A Él nadie le contó de cómo eran las cosas desde la eternidad. Contrariamente, por Él todo se hizo, y siempre fue testigo del Padre.

No había manera de comprender el corazón del Padre a no ser viniendo el Padre en la persona del Hijo, y hablarnos en nuestro lenguaje, con nuestro nivel de comprensión, con una pedagogía no superada. Dios Hijo haciéndose un niñito, bonito, pequeño, limitado… naciendo entre nosotros, bajo los cuidados especiales de la Virgen María y la custodia de san José.

Ahora sí, ese Niño Dios fue creciendo en tamaño, gracia y sabiduría; porque su humanidad no fue teatro. Pero tan pronto estuvo preparado, luego de 30 años, salió a la luz pública. Como nos recuerda san Juan de la Cruz: “una vez que Dios había pronunciado su palabra en su Hijo, ya no tenía más que decir”. Dios lo ha dicho todo. Tú y yo lo sabemos todo. Todo lo necesario para nuestra salvación.

El salmo nos sitúa muy bien en el acontecimiento del día cuando nos dice: “Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios”. Esta victoria es su prodigio y maravilla. Poder revelarnos, y que comprendamos, la ruta hacia el cielo, el camino de la salvación. Todo a favor nuestro. Con razón el orante insiste en que toquemos los instrumentos y alegremos el corazón. Porque el regalo que se nos da, el don que se nos ofrece, no tiene medidas ni comparación.

Desde el misterio de la encarnación Dios asume la humanidad, con todas sus consecuencias, pero con la lección de vida de que se puede vivir sin pecar. Desde su humanidad te muestra el itinerario de santidad, para que tú y yo alcancemos, en su gracia, la divinidad. El evangelista Juan deja saber del lamento, porque Dios puso su tienda entre nosotros y muchos no lo recibieron, prefiriendo las tinieblas a la luz.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo estás viviendo el misterio de la Navidad? ¿Si Dios se hizo cercano, tú te estás acercando a los demás? ¿Estás prestando atención a la ruta que sube al cielo? ¿Alguna vez te has sentido solo, sola? ¿Qué te dice la expresión: “Dios con nosotros”? ¿Pudieras hacer caligrafía, hacer jaculatorias con esta convicción: “Dios con nosotros”? ¿Ejercitarías la mirada para contemplar y gustar su presencia, contigo, respaldando, orientándote, acompañándote con amor y ternura? ¿Te gustaría ser presencia de Dios para los demás? ¿Tú sabías que si Dios se hizo carne, tu vida es la carne donde vive Dios?

Lo más grande de Dios comienza con la humildad. Divino Niño Jesús: ¡Quédate con nosotros!

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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