MEDITACIÓN DEL EVANGELIO: 7/1/25

(Jn 3,22_4,6; Sal 2; Mt 4,12-17.23-25).

CUANDO EL ALMA SE SANA…

Inicio la meditación del día retomando una frase de Santa Hildegarda de Bingen, doctora de la Iglesia: “Cuando el alma se sana, el cuerpo le cae atrás”. Este pensamiento, parece registrarse en el pasaje del evangelio cuando describe los comienzos misioneros de Jesús.

Llama la atención que la narrativa, en Mateo, con la cual se describe la génesis apostólica de Jesús en Galilea, destaca dos verbos: “predicar” y “curar”. No habla primero de “curar”, y luego de “predicar”.

En este sentido, la misión de Jesús se centra, como punto de partida, en el llamado a la “conversión”. La conversión es un cambio, una nueva dirección de pensamiento, una mudanza en la manera de vivir y actuar. Es una peregrinación hacia el modo de Dios. Al decir el Señor: “Conviértanse, porque está cerca el Reino de los Cielos”, habla de la urgencia, de la prioridad, de acelerar la hora y no retrasar el proyecto de Dios.

La predicación de Jesús tiene un objetivo, una meta y una premura; es que el corazón se disponga a ser dócil al Espíritu y a seguir sus enseñanzas. También aquí se refleja la dimensión trascendente de su misión. De nada sirve un cuerpo sano, cuando no se tiene conciencia de su razón de ser y existir. 

Jesús, en este pasaje, no empieza curando el cuerpo, sino sanando el interior con sus enseñanzas. Sabiendo que el alma y el cuerpo forman una unidad indivisible; la Iglesia llama alma, a la dimensión trascendente del ser humano. Segura que: “Dotada de un alma espiritual e inmortal, la persona humana es la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma; por tal motivo, desde su concepción está destinada a la bienaventuranza eterna” (Catecismo 1703).

Si en un primer momento, la multitud buscaba a Jesús con motivaciones de salud física, el Señor les aguardaba con sus enseñanzas, para asegurarles el alimento de vida eterna. Con todo, no dejaba de proporcionarles, por compasión, la sanidad de sus dolencias. Porque la paz y el bienestar reflejan la presencia del Reino de Dios. La predicación de Jesús era inseparable de los signos y las obras. De esta manera, no son improvisaciones literarias otros dos verbos también  destacados en las páginas de los evangelistas; estos son: “vieron” y “creyeron”. Cuando en un proyecto misionero no se garantizan los movimientos del corazón, hacia Dios, y los reflejos del Reino en medio de nosotros, es porque algo está fallando.

No basta con recuperar, en el Nombre de Jesús, la salud integral. Es necesario darle mantenimiento. Y, en este sentido, la primera carta de Juan nos ofrece luces para hacerlo: “guardar los mandamientos y hacer lo que agrada al Señor”. Para el apóstol Juan, el amor es la mejor de todas las medicinas; previene el tullimiento del alma. El alma se tulle cuando ha perdido la movilidad de peregrinar hacia la unión con Dios. El Salmo también enseña a prevenir las dolencias. El orante así lo hace cuando concentra su vida en proclamar las cosas de Dios. Saca los ojos de sí y encuentra sentido disponiéndose al servicio del Señor del cielo y la tierra.    

Preguntas que llevan al silencio: ¿cuáles son tus motivaciones para buscar a Jesús? ¿Te has acercado al Señor con una intención y Él te las ha modelado? ¿Por qué el Señor no rechazó a la gente cuando lo buscó con doble propósito? ¿Tú podrías identificar el momento cuando te llega una luz divina que ilumina tu pensamiento? ¿Puedes puntualizar el momento cuando alguna enseñanza de Jesús dio otro rumbo en tu vida?

¿Tú comparas los contrastes entre lo que eras y lo que eres? ¿Interiormente, en sentido espiritual, estás peregrinando o estás estático? ¿Por qué una persona que tiene el corazón lleno de cosas extrañas a Dios pudiera parecer que está enferma? ¿Tú sabías que una persona sinceramente convertida, y que no haya recuperado la salud física, tiene fuerza evangelizadora, y la paz del Señor la sostiene? ¿Tú conoces personas que negocian con el Señor, que si no se sanan de sus dolencias pierden la fe? ¿Cómo miras la actitud de aceptar del Señor las pruebas con amor y paciencia? ¿Tú eres misionero, misionera, al modo de Jesús?

Señor: me dispongo a tus enseñanzas, a tus palabras de eternidad. Que tu mensaje sea medicina para mi corazón. Como el salmista, Señor, quiero servirte con temor y rendirte homenaje, con una vida sencilla, saludable y entregada, porque conserve tu Nombre, y no se aparte de ti.

¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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