MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 8/1/25

(1Jn 4,7-10; 71; Mc 6,34-44).

¿CUÁNTOS PANES TIENES?

El evangelio nos narra la multiplicación de los panes. Meditaremos el pasaje a partir de un abordaje espiritual. El texto nos dice que Jesús vio una multitud y sintió lástima, porque andaban como ovejas sin pastor. En consecuencia, se puso a enseñarles con calma. Nos detenemos en este momento. La sociedad tenía ovejas, o sea, tenía gente creyente, dispuesta, dócil, sin embargo, le faltaba una voz autorizada.

La multitud no estaba dispersa por mala voluntad o por pereza, sino por falta de orientación y conocimiento. Por eso, lo primero que el Señor hizo fue disponerse a enseñarles. Su instrucción fue paciente. Se observa que no estaba la audiencia acostumbrada a tales reflexiones. Sin embargo, Él, respetando el proceso, no les descartó, sino que comenzó a invertir, con el propósito de satisfacer la sed de eternidad que llevaban impregnada en el corazón.

Se deja sentir, en el pasaje, el silencio de la audiencia. No hubo ninguna participación. Preguntas cero, opiniones cero… todo indica que estaban asombrados, admirados por todo lo que estaban aprendiendo. La gente no gritó hambre. Los discípulos despertaron teniendo en cuenta el horario y se acercaron al Señor para sugerirle que despidiera a la gente.

Ahora, tú y yo nos podemos preguntar si hemos tenido esta actitud de los discípulos de despedir a la gente cuando nos solicita, cuando nos procura, cuando quiere más enseñanza, más atención, ser escuchada, y consideramos que ya es suficiente. Cuando queremos salir del aparente problema, el Señor, en la voz de la conciencia nos dice: “Denles ustedes de comer”.

Ante la exigencia de Jesús en nuestra conciencia, uno puede caer en actitud de  refunfuñar, de considerar para sí que ya es suficiente. Se puede caer en sacaliñar la entrega interiormente, y repetirnos a nosotros mismos que llegó la hora de “despedir”. Pero, nuevamente, el perro de la conciencia ladra, y la voz resuena, con otra cuestión complementaria: “¿Cuántos panes tienen?”.

Como a los discípulos, nos toca a nosotros averiguar los panes que tenemos. Hay panes en el bolso… conocimientos en la computadora que esperan salir. Hay muchos panes en el corazón, muchas luces, recetas estáticas, siendo que la gente las necesita para vivir.

La oportuna cuestión por los panes, nos ha hecho rebuscar bien a fondo. No es tiempo de guardar panes cuando hay estómagos vacíos y necesitados, aunque ellos no griten ni reclamen. Si a la gente, se le da pan, saben comer. Si se les enseña, aprenden a cocinar… No hay alegría más grande para un pastor que contemplar a las ovejas alimentándose. Por eso, el verdadero pastor se recrea dando el alimento de vida a la hora cierta.

Con la actitud de disponer los cinco panes y los dos peces, en el pasaje, se nos anima a no tener miedo de la entrega total de nuestras vidas. No se pierde la vida entregándose, ni se consume el conocimiento compartiéndolo. Contrariamente, el Señor bendice la intención y la donación, nuestra pequeñez. Sobre el darse, por amor, recae la acción de gracias. El Señor no sólo multiplica los panes, también multiplica y hace madurar los dones de quien se entrega para que otros tengan más vida, orientación y organización.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué suscita en ti ver el hambre de Dios, de espiritualidad, que carga la gente? ¿La comunidad conoce el sentido y el fundamento de su fe para que esta sea más consistente y sólida? ¿Cómo te responsabilizas con el hambre de la gente? ¿Recuerdas haber despedido a alguien porque era tarde? ¿Qué te grita el perro de la conciencia? ¿Tú estás rebuscando, de verdad, para ver los panes que tienes reservados? ¿Guardaste tantos panes y no sabes dónde están? ¿Por qué están guardados? ¿Para cuándo piensas sacarlos? ¿Qué tipo de panes estás dando para que la gente coma? ¿Estás dando panes vacíos, y los pescados, para quiénes son?

Señor: el apóstol Juan me recuerda hoy que Dios es amor. Te presento mi corazón como un cacharro vacío, para que tú lo llenes de amor. Ese amor que necesito para dejarme doler por la gente que anda sedienta de ti. Si no tengo amor, Señor, me vence la indiferencia. Sin amor, nadie me gana en despedir. Por eso, Señor mío, yo quiero conocerte más, para amarte más, para obedecerte más. Que no me canse de rebuscar, porque siempre hay panes en el fondo, y peces también. Que al final, en el atardecer de la existencia, me sorprenda la noche dando de comer, conforme a tu Palabra, desde tu acción de gracias y la bendición de tu presencia.

¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

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