MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 17/1/25
(Hb 4,1-5.11; Sal 77; Mc 2,1-12).
DESCANSAR EN DIOS
La carta a los Hebreos nos motiva, en el día de hoy, a entrar en el descanso de Dios. El mismo Señor, que supo de descanso, luego de un afanoso trabajo, nos invita a todos a descansar en Él. Se insiste en no dejar pasar esta invitación, abierta, constante, mientras se tenga la oportunidad.
No todos los descansos hacen bien al alma, al espíritu. Hay descansos que llevan a la ruina; estos son, aquellos que distraen de la presencia de Dios, de la identidad y la opción personal. El descanso verdadero, el que permite revitalizar las fuerzas para seguir el camino, ha de incluir no sólo el reposo, sino la fidelidad; ha de garantizar la unidad con Dios.
En la mencionada carta queda claro, en este sentido, cuál es el descanso válido y verdadero. Descansar en Dios es caminar en su presencia. Es conservar en la memoria y en el corazón la Palabra del Señor y hacerla vida. Descansar en el Señor es peregrinar en esperanza hacia la tierra prometida, que es su mismo corazón. Ya pueden haber peligros y afanes en el camino, sin embargo, el descanso es avanzar con firmeza y confianza, en la seguridad de que Dios va en el trayecto. Descanso y comunión con Dios son la misma cosa. La transparencia de la vida es descanso; la verdad y la justicia también.
El descanso en Dios llega a su culmen en su Hijo Jesús. De hecho, Él mismo lo ha dicho a todos los creyentes: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados que yo les aliviaré” (Mt 11,28-30). En pasaje del día, que narra la manera en cómo llevan a un paralítico hasta Jesús, también nos habla del verdadero descanso en el Señor.
Tú y yo hemos de aprender de esos amigos del paralítico, que ante las dificultades para entrar en la presencia de Jesús, decidieron abrir un boquete en el techo; esto es, procurarlo a Él cueste lo que cueste. No se devolvieron con excusas. Se mostraron con determinación, decisión y valentía.
Una vez en presencia de Jesús, el descanso se hizo eficaz, cuando el Señor le dijo: -“Hijo, tus pecados quedan perdonados”. No hay cosa que genera más cansancio que una conciencia pesada, llena de malos pensamientos, recuerdos tristes, remordimientos y rencores. En el texto, el alivio comenzó a llegar al alma del paralítico cuando le escuchó decir al Señor la expresión: “hijo”. Si tú quieres experimentar esta profunda paz y quietud, acércate al Sacramento de la Confesión. Considera que, en la persona del sacerdote, también Jesús te está esperando. Vence la vergüenza. Anímate a salir de la camilla. No esperes a que otros te lleven. Ve tú mismo, caminando, aunque sea arrastrándote. Ya verás esa palabras de consuelo que aliviarán tu corazón, cuando Jesús te diga: “hijo”, “hija”…
El corazón reconciliado, trae descanso al alma. No importa si, como en el pasaje, hay gente que critica. Quien critica los procesos de conversión es porque dentro no tiene nada bueno que ofrecer, y sólo refleja lo que lleva. Por eso, en el fondo, también necesitan ser perdonados. Aunque, para recibirlo, ellos han de decirlo con sus propios labios, y desde el corazón.
El descanso que Jesús ofreció hizo que el paralítico se levantara. Fue llevado por otros, pero salió él mismo, con el control de su vida, bendecido por la Palabra de Jesús. Quien descansa en el Señor queda evidente a la vista de todos. Un alma en reposo no se oculta; sin hablar, comunica quien ha sido la fuente de su paz.
El orante del Salmo 77 nos enseña a mantener el descanso en el Señor. Cuando él dice: “Lo que oímos y aprendimos… lo contaremos… las alabanzas del Señor, su poder… para que pongan en Dios su confianza”, nos está diciendo que nos ocupemos por entero en sus cosas, sin olvidar sus acciones, sus enseñanzas. Mantener la comunión con el Señor es conservar el descanso.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Dónde estás buscando descanso? ¿Por qué la desobediencia cierra las puertas al descanso en el Señor? ¿Qué descanso está arruinando tu vida? ¿Por qué hay “descanso” que fatigan? ¿Qué descanso ha podido lastimar tu comunión con Dios? ¿Qué tienes que podar en ti para que tu alma entre en reposo? ¿La vida tuya, tus palabras, llevan descanso a los demás? ¿Tú sabías que la adoración al Santísimo es fuente de reposo?
Señor: hoy día de san Benito Abad pido que, por su intercesión, también yo pueda desprenderme de todas las cosas que hasta el momento he tenido como instrumento de descanso, pero que realmente me apartaban de ti. Como este santo, Señor, yo quiero tener un corazón pobre, despojado, desprendido, y peregrinar hacia el desierto de tu presencia, de la comunión contigo. Tu presencia, Señor, es mi tierra prometida.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Angela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Contenido publicado originalmente en los canales de las Parroquia De Los Santos Ángeles Custodios, PSAC, por la Pastoral Digital, bajo en link: http://www.parroquiaangelescustodios.org – Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales – Pastoral Digital PSAC
