MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 20/1/25
(Mc 2,18-22).
LOS AMIGOS DEL NOVIO
El pasaje de este día comienza introduciendo los personajes: “los discípulos de Juan” y “los fariseos”; se dice, en el contexto del texto, que ellos estaban ayunando. Desde su costumbre, y en el ejercicio de su práctica, se inquietaron porque constataron que, justamente en ese momento, ni los discípulos de Jesús ni el mismo Jesús estaban ayunando. De ahí que se acercaron y le cuestionaron el por qué.
Mientras que los seguidores de Juan y los fariseos, para hablar de sus partidarios utilizaron el término “discípulos”, Jesús para responderles, utilizó otras palabras. Meditemos en estas, despacio: “¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán…”.
Jesús, en su sentir, en su planteamiento, dio un salto más en la relación con sus seguidores. Les llamó amigos. La palabra denota una connotación de mayor intimidad, cercanía, confianza, respeto, aceptación, identificación con la misma causa. Los amigos están unidos por un vínculo fuerte, consistente, de afecto y amor recíproco, que les integra y consolida comunitariamente.
Con la expresión “los amigos del novio”, Jesús se presentó como el novio. O sea, todos sus amigos giran en torno a su proyecto, el del Padre. En él encuentran sentido y felicidad. Se trata del proyecto del Reino, de la boda-alianza de Dios con su pueblo. Los amigos dejaron sus planes personales, optando por sumergirse en los del novio. Se solidarizaron, lo asumieron como propio. La propuesta del novio era mayor que la de ellos; la salvación universal. Con esta profunda afinidad, los amigos se alegraron y disfrutaron con Él.
“… Pero llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán”. Sin novio, no hay fiesta. Mientras algunos preparaban con ilusión y esperanza la boda, otros intentaban aguarla, arruinarla, hacer que se pierdan los preparativos. No es que el novio se echaría para atrás, sino que se lo llevarían. Esto remite a su pasión y muerte, a su obediencia en medio del sufrimiento. El ayuno, en ausencia del novio, es solidaridad con Él; es actualizar su presencia, su Palabra, su memoria, sus enseñanzas. Cuando las circunstancias distancian de Jesús, entonces sí tiene sentido el ayuno, hasta la unión definitiva, en la vida eterna, donde ya no será necesario.
Para comprender a Jesús y entablar una amistad con Él es preciso un cambio de mente y corazón. Por eso, los que no le aceptan, los que no se integran a su amistad, a su proyecto de bodas, son aquellos indispuestos a poner la mentalidad en remojo, para acoger una nueva imagen de Dios, la que Jesús revela.
El vino nuevo, traído por Jesús, requiere corazones nuevos. Sus amigos ofrecen los odres de sus corazones, con actitud totalmente renovada. De esta manera, no revientan sus vidas, sino que se convierten en peregrinos de esperanza. La fe peregrina madura; lo contrario sería permanecer como tullidos de esperanza.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú eres rígido con las cosas de Dios? ¿Te detienes en lo que aprendiste desde antiguo o te dejas sorprender por la misericordia divina? ¿Qué pasa en ti cuando amaneces con una nueva imagen de Dios? ¿Tu fe es peregrina o estática? ¿Cómo son tus amigos? ¿Los amigos que tienes te ayudan a peregrinar más hacia Jesús? ¿Tus amigos favorecen un encuentro más profundo con el Señor? ¿Han cambiado positivamente en ti la imagen de Dios? ¿Te vas haciendo amigo, amiga, de los santos y las santas? ¿Cómo vives la amistad con la comunidad de los santos?
¿Cómo va tu amistad con el novio, Jesús? ¿Tú estás involucrado totalmente en su proyecto de bodas? ¿Otras personas critican tu amistad con Jesús? ¿Por qué permaneces con el novio, aunque su propuesta vaya contra corriente? ¿Por qué Jesús te da seguridad, confianza y plenitud? ¿Tú ayunas cuando las cosas de este mundo te llevan a Jesús? ¿Por qué el ayuno te une más al Señor? ¿Qué experiencia es llevar vino nuevo en vasija nueva? ¿A quién estás sirviendo el vino, que es Jesús?
Señor: yo quiero tener una relación de profunda amistad contigo. Para esto, necesito transformar toda mi vida y adecuarla a tu modo, haciendo siempre lo que tú dices. Es un itinerario peregrinar hasta ti. Tú eres mi ruta, novio y amigo. En intimidad, Señor, tú modelas no sólo mi odre, mi corazón, sino el vino que porta. Porque en la medida en que te vas asentando en mí, más cálida y genuina es tu presencia. Tu vino transforma mi odre y mi odre conserva tu vino. Bendito seas por siempre.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Angela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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