MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 24/1/25
(Hb 8,6-13; Sal 84; Mc 3,13-19).
LLAMÓ A LOS QUE QUISO
El pasaje de este día nos dice que Jesús subió a un monte, y llamó a los que Él quiso. ¡Bendito sea Dios! Esta es la expresión que nace en mi corazón, como punto de partida. Porque muchas personas seguían al Señor. Varios pasajes vienen confirmando dicha multitud. De ese pueblo grande, creyente, el Señor llamó a los que Él quiso, por sus nombres.
No quiere decir que Jesús prefería a unos más que a otros. Sino que Él, en su santo discernimiento, supo escoger quiénes podían ser sus más íntimos colaboradores. Puso y pone el ojo en algunas personas, hombres y mujeres, para que estén más cerca de Él, para que aprendan con Él, para que vivan como Él y en Él. El Señor formó la comunidad de los Doce. Si tú también quieres ser de los más íntimos, pon atención a lo que acontece en este pasaje, y medita si te identificas con esos pasos.
El Señor es quien llama. Tú podrías decir que estás esperando que te llame, literalmente, como llamó a los Doce, en este pasaje de Marcos. La llamada a los que Él quiso, significa, la llamada a los que Él tenía elegido, previamente, en su corazón. La elección de Jesús se experimenta en ti como un fuego, como una llama incesante que no para. Es una llama cálida, silente, constante, que no lastima, que no hiere, tornándose presencia humilde y discreta.
“La llama” de “la llamada” estimula la memoria. Tú confirmas la elección de Jesús cuando siempre estás pensando en Él. Ese pensamiento constante en Jesús es su amor vivo, hecho voz, que resuena y resuena, mañana, tarde y noche. El Señor se te aparece hasta en los anuncios, en las conversaciones, en las páginas de los libros, etc. El Señor se manifiesta en la Santa Eucaristía. Cuando el Señor llama se viven los sacramentos de manera más viva, porque Él se hace presente de manera especial.
Cuando un joven está enamorado de una chica, se pasea constantemente por su casa, la corteja, le hace ojos… Así el Señor se expresa, pero a manera divina, pura, casta, sin dejar manifestar amor apasionado. Porque es su manera de atraer la atención, en un primer momento. No dudes de que, en ocasiones, te sueñes con Jesús. Algunas veces la gente hasta llora y no sabe por qué lo hace. No hay que buscar motivos, es el Señor, quien subido en la montaña, en la montaña de la santidad, te llama por tu nombre.
Quien siente ese flechazo divino en el corazón, no le queda otra que responder como esos Doce, quienes, dejándolo todo, le siguieron para estar con Él. Esta permanencia con el Señor forma a sus compañeros, a sus amigos y amigas. Quien tiene experiencia de estar con Él, nunca se lamenta de haber superado los apegos, porque luego de la renuncia viene la ganancia. Uno termina agradeciendo haber soltado lo caduco para abrazar lo eterno. Cuando se ignora la llamada, no es que el Señor castigue. El precio se paga cuando uno no encuentra felicidad ni sentido a la existencia.
Estando con Él se aprende todo sobre Él. No hay otra manera. Esta vivencia no puede ser teórica, es puro ejercicio. Sólo con mirarlo ya usted se forma. El silencio de Jesús es su mejor cátedra. Educa con el ejemplo. Lo sigue haciendo desde el evangelio de cada día, en el desglose reflexivo de sus instrucciones. El Señor no te deja igual que cuando estabas. El vacío de las cosas que dejaste, lo llena el Señor con los tesoros del cielo. De manera que te parezcas más a Él.
Lo primero que el Señor comparte con sus más íntimos es la gracia de su presencia, estar con Él. Luego le sigue, la dignidad de poder ser mensajero o mensajera de su Palabra, esto es “el envío”. No manda a los suyos de cualquier manera, sino con el poder de expulsar los demonios, todo aquello que no permite que el Reino sea visible. En suma, el llamado no es para unas vacaciones entre amigos, sino para una misión que implica toda la vida.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú crees que el “mundo”, la modernidad sin Dios, te esté llamando con más fuerza que Jesús? ¿Tú crees que esos Doce, que le dijeron que sí, no tuvieron miles de distracciones para darle un “no” al Señor? ¿Por qué el corazón de los Doce fue dócil al llamado del Señor? ¿Por qué permanecieron con Él? ¿Tú sabías que cuando el Señor llama, asume responsablemente a la persona escogida? ¿Has escuchado las palabras de san Agustín: “El Señor no llama a los capacitados, pero capacita a los que llama”? ¿Qué provoca en ti saber que el Señor tiene tu nombre en su corazón? ¿Qué otra cosa tiene más valor para ti que estar con Él y servirle?
Señor, como el salmista, te digo hoy, muéstrame tu misericordia. Al igual que tus amigos y amigas, quiero anunciar tu salvación a tu pueblo. Tú mandarás la lluvia al desierto de mi corazón, y mi tierra, en tu llamada, dará su fruto.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Angela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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