MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 28/1/25

Hoy, la Iglesia hace memoria de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), estudioso, maestro y predicador, dominico, quien impulsó con su pensamiento y santas inspiraciones el desarrollo de la filosofía y la teología. Todo, en su vida de fe, comenzó con una pregunta: -¿Quién es Dios?- A partir de ahí comenzó su búsqueda incesante. Se apoyó en tres caminos para llegar a la verdad, la oración, el estudio y la escucha.

Le llamaban al santo “el buey mudo”, porque pasaba recogido en profundo silencio, sumergido en las profundidades divinas. Puedo considerar que, “buscar a Dios” es lo mismo que “gustar a Dios”. No se estudian las cosas de Dios por curiosidad, sino por necesidad. El estudio, en su vida, fue espacio contemplativo. Por eso, quien busca al Señor sinceramente, no traga informaciones, sino que saborea despacio cada destello de su imagen, la que viene dada mediante la Palabra, la buena conversación, una predicación honesta, una inspiración cotidiana, la vida contemplativa, etc.

Cuando tu fe busca entender, entonces, como Tomás, estás haciendo teología, aunque no lo sepas. Vacío de sí mismo, su mente despojada se dispuso para llenarse de Dios. Por su pureza de intención, el Espíritu Santo lo sostenía para escribir y aportar tantos manjares con los que todavía hoy la Iglesia se sigue nutriendo. Por eso dijo: “Es mejor iluminar que brillar”. Una frase sencilla y profunda, que ha marcado, de alguna manera, la disciplina espiritual de muchos. Porque aquí se expresa el fundamento del estudio y la predicación. No se trata de sobresalir, de darse a notar ni hacerse famoso, sino llevar luz a quien vive en oscuridad para que también encuentre a Dios y se convierta.

Tomás completa la citada frase argumentando que, como es mejor “iluminar que brillar”, es preferible “dar lo contemplado que solo contemplar”. Lo que tú vas recibiendo de Dios, los nutrientes divinos que Él te ofrece en su infinita misericordia, son para dejarlos correr y pueda el agua empapar tantos terrenos áridos, hasta que el corazón se disponga a cavar en el propio pozo.

Como he recordado en otras ocasiones, cierto día el Señor le dejó saber a Tomás que ha sido un buen discípulo. Porque había escrito y predicado bien de Él. Por tanto, el Señor le ofreció un regalo, a ser escogido. Y este le respondió: – “Señor, que yo pueda amarte más”. Esa súplica tomista, hagámosla nuestra. Medita en tus adentros, ¿cuántas quejas y reclamos nos ahorraríamos si nuestra voluntad se centrara en amar más al Señor? Es una frase para hacer caligrafía, para hacer oración. Imagina, por ejemplo, estando tú frente a Jesús sacramentado expresándole con sinceridad: “Señor, que yo pueda amarte más”. O al momento de comulgar, volver a recitar esta jaculatoria: “Señor, que yo pueda amarte más”. También cuando estás ante las diferentes realidades de la vida, con problemas, persecuciones o momentos de gloria, volver a decir: “Señor, que yo pueda amarte más”…

El evangelio del día nos presenta a la familia de Jesús buscándolo, mientras Él estaba sumergido en su misión; se lo comentaron. A lo que respondió: – “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”. Luego, paseando la mirada dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios”. Con este fundamento nos queda dicho, que no basta con buscar a Dios en los libros, en los retiros, en los diferentes movimientos, si no estamos dispuestos a hacer su voluntad. Lo que santifica no es las veces que tú mencionas a Dios, sino la disposición de hacer su querer, independientemente de lo que quieras tú.

Por tanto, la Virgen María, fue madre por ser escogida, y al mismo tiempo, fue madre por su “Hágase en mí según su Palabra”. La pertenencia a la familia de Jesús comienza con la obediencia. Esta obediencia la vivió santo Tomás. Obedece quien se dispone a que Dios le abra el oído y se deja conducir. El fruto de su estudio hizo mucho bien, y lo sigue haciendo. Nada ganan nuestros contenidos parqueados en una computadora, pudriéndose, cuando otras personas lo necesitan para el fortalecimiento de su fe.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú sabías que quien habla el día entero no tiene tiempo de aprender? ¿Para qué tú estudias? ¿Cuál es el criterio para escoger una carrera? ¿Tú buscas a Dios, allí, en tus labores cotidianas? ¿Vas por la vida iluminando o brillando? ¿Lo que recibes de Dios, lo das a los demás? ¿Al Señor le gusta la manera en que estás hablando de Él? ¿Te preocupas por conocer a Dios más hondamente? ¿Tú sabías que a Dios no se le tiene, que a Dios se le busca? ¿Eres consciente de que, mientras buscas a Dios, Él te acompaña, porque buscarle es saborearlo? ¿Por qué el lucro ha desvirtuado la espiritualidad del estudio? ¿A quién te preocupas de amar? ¿Qué implica amar a Dios, sin la disposición de amar a todos los que Él ama?

Santo Tomás de Aquino, ruega por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Angela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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