MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 11/2/25

El Salmo 8 encierra una pregunta central: “¿Quién es el ser humano?”. Para responder nos apoyaremos en el conjunto de las lecturas. Especialmente en la secuencia narrativa del libro del Génesis que hoy continúa. Para que no sientas la cuestión distante, pregúntate: – “¿quién soy yo?”. Meditemos:

El Génesis presenta el relato de la creación, con un lenguaje de fe y convicción. Dios Padre ha creado el cielo y la tierra, todo lo que contienen, plantas, animales, diversos y variados seres vivientes… constatando en el proceso, que todo era bueno. Finalmente, el Señor creó al ser humano a su imagen y semejanza. Los creó hombre y mujer. Entonces, ¿Quién eres tú?

Tú no eres algo, eres alguien. Ocupas un lugar único en la creación; porque eres capaz de conocer y amar a tu Creador. Puedes tener una amistad o alianza con Él, mediante una respuesta de fe. Tienes la gracia de conocerte a ti mismo, de poseerte y darte libremente; entrar en comunión con otras personas (Cf. Catecismo 356). Observa cómo el Señor dijo: “Hagamos”, en plural. Invitando a la Santísima Trinidad. Esta dimensión comunitaria marca tu vida. Nadie puede ser feliz al margen de su familia, de sus amigos, destruyendo la creación.

Un día, Santa Catalina de Siena preguntó al Señor: “¿Cuál fue el motivo de que establecieras al ser humano semejante dignidad?”. Se respondió inspiradamente, “el amor inextinguible con el que contemplaste a tu criatura en ti mismo y te dejaste cautivar de amor por ella; por amor lo creaste, por amor le diste un ser capaz de gustar tu Bien eterno” (Cf. Catecismo 356).

En síntesis, Dios creó todo para ti, pero tú fuiste creado para amarle a Él y servirle. ¿Sabías que tu dimensión contemplativa se figura desde estos orígenes? Toda la creación se convierte en espacio teológico, espacio de fe, de inspiración divina.

La persona que tiene acentuado “el don de ciencia”, se introduce más fácilmente en este misterio creacional; sus rasgos son: amor a toda la creación. Las criaturas le revelan la existencia del Creador. Las cosas creadas son medio para buscar a Dios. Hace una relectura espiritual de la casa común (universo). Descubre la belleza en la naturaleza. Ninguna criatura satisface su alma. Considera que todo, sin Dios, es vanidad. Comprende el papel de las criaturas. Distingue lo verdadero de lo falso. Se siente una persona creada para Dios. Dios fundamenta su existencia. Se sabe en un mundo transitorio. Participa del misterio de Cristo, en quien fueron creadas todas las cosas… ¿Descubres en ti algunos de estos rasgos? Es señal de que el Espíritu Santo te asiste, para que te sumerjas en tu Creador.

Una lectura atenta del Salmo 8 permite afirmar que el ser humano está dotado para identificar quién es su dueño y corresponderle. Por eso dice: “Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra”. El orante se admira ante la perfección de la obra creada. El texto menciona niños de pecho que, con inocencia, balbucean alabando al Señor. Aquí está tu vocación humana: ser un himno de alabanza al Señor, compartir con Él la faena de custodiar toda la creación con amor y ternura; conviviendo y compartiendo con todo lo creado.

En esta secuencia espiritual, la actitud de los fariseos y los escribas, en el evangelio, es escandalosa. Mientras la persona de oración profunda se pregunta: “¿Quién es el ser humano?”, el que anda en las periferias de la existencia cuestiona: “¿Por qué comen los discípulos de Jesús sin lavarse las manos?”. Jesús denuncia la hipocresía; ella nace cuando el corazón se aleja del Creador, y olvida su lugar, ser criatura. La hipocresía es vivir al estilo cascarón: con apariencia por fuera y vaciedad por dentro.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Te has planteado seriamente quién eres tú? ¿Buscaste en tu fondo respuestas existenciales? ¿Tú haces cosas porque ves que otras personas las hacen? ¿Te has endeudado alguna vez por copiar a otros sin poder? ¿Qué tú entiendes por vanidad? ¿Por qué, quien ama a Dios Creador, a toda su creación, busca ser natural, libre, sin aparentar lo que no es? ¿Tú te complicas la vida sin necesidad; se la complicas a los otros? ¿Si es sencillo ser feliz, por qué es tan difícil ser sencillo? ¿Te gustaría comprometerte con Dios, renovar tu alianza con Él, y custodiar toda la creación que te ha confiado? ¿Qué preguntas te estás haciendo? ¿Por qué es importante que te hagas preguntas y que busques respuestas?

Nuestra Señor de Lourdes: quiero recibirte en este día, en la gruta de mi corazón. Ayúdame a conocer más a tu Hijo Jesús, y a saber quién soy yo. Enséñame a tener mirada contemplativa, pero sobre todo, Señora, a ser dócil y obediente al Espíritu Santo.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Angela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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