MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 17/2/25

Hoy, lunes, semana 6ª del tiempo ordinario, damos continuidad a la reflexión en el libro del Génesis. En el relato de la semana pasada, cuando el ser humano pecó, desobedeciendo, Dios lo llamó: “¿Dónde estás?”. Se había escondido, y tenía vergüenza de enfrentar la mirada de Dios. Él es un padre amoroso, con rasgos de madre, reflejados en su misericordia; sin embargo, esto no anula su pedido de balance por nuestros actos.

Luego del primer cuestionamiento: “¿dónde estás?”; viene el segundo: -“¿Dónde está tu hermano?”. Esta pregunta se dirige a Caín. Y en Caín, se nos hace a ti y a mí. Porque el Señor reclama, no solo cuando se peca contra Él, sino cuando se peca contra el hermano. Los demás, con quienes compartimos la ruta de la existencia, en este peregrinar, son los “Abel” de este tiempo.

El relato de Abel y Caín nos ayuda a meditar, y a prevenir, el quebrantar las sanas relaciones sociales con las que Dios nos ha soñado. Estos dos hermanos, cada uno en su particularidad, en su oficio, en su diferencia, ofrecieron a Dios de sus producciones. Caín le presentó “frutos del campo”; era agricultor. Abel, en cambio, “las primicias y la grasa de sus ovejas”; era pastor. El pasaje dice que Dios se fijó en la ofrenda de Abel. Puede analizarse que, de alguna manera, en Abel se iba reflejando la “bendición” de Dios. Caín no tenía cómo digerir esto.

La constatación de Caín le despertó enojo. Los dos trabajaban, uno solo iba progresando. El Señor le advirtió a Caín sobre esos sentimientos negativos contra su hermano. La bendición de uno era la tristeza del otro. De los sentimientos envidiosos y celosos, no sanados a tiempo, se generó un plan malvado. Caín le dijo a Abel, – “vamos al campo”, y allí le quitó la vida.

Fe Más Allá de las Señales: Reflexiones sobre Marcos 8,11-13 - juanxxiii.org

Tú vas quitando la vida a tu hermano, a tu hermana, cuando no eres capaz de reconocer sus bendiciones, dando la vuelta para no celebrar juntos. Le vas quitando la vida cuando le miras mal. Ese mal mirar empaña la visión para descubrir tus propias bendiciones, porque Dios siempre bendice, no de la misma manera. Pero también te quitas la vida tú mismo, cuando albergas odio en ti. La envidia envenena el corazón y le hace agonizar.

Luego del pecado vino el cargo de conciencia, en forma de pregunta: -“¿Dónde está tu hermano?”. La respuesta trajo malcriadeza a la defensiva: – “¿Soy yo el guardián de mi hermano?”. Es la actitud de quien se desentiende y no desea asumir sus hechos. La falta de respeto al prójimo, se convierte en grito de denuncia que llega hasta Dios. La sangre del inocente es valiosa para el Señor. Dios reclama la vida, pero al mismo tiempo, la custodia. Para el mismo Caín hubo esperanza. Dios le puso una señal, para que nadie se vengara de él. El Señor custodia la vida del pecador, pero rechaza el pecado.

Los caprichos de quien está en error se dejan sentir en el evangelio de hoy. Los fariseos exigen un signo a Jesús. Pretenden tornarse jueces de la verdad. Su aprobación determinaría si los signos del Señor son verdaderos o falsos. Pero, la verdad es la verdad. Los signos de vida y esperanza están ahí; el que tenga ojos que vea. De hecho, Jesús es más que un signo, es la presencia viva del Hijo de Dios. El Señor no complace antojos. Las cosas santas no se desperdician a merced de los curiosos. Cuando se nos presente cualquier situación semejante, solo hemos de hacer, como Jesús, embarcarnos y marcharnos a la otra orilla.

Preguntas que llevan al silencio: ¿tú has sentido envidia alguna vez? ¿Sabías que la envidia comienza andando en “casas ajenas”? ¿Qué implica compararse con el hermano, con la hermana, y caer en la competencia?¿Qué te lleva a faltarle el respeto a tu prójimo?¿Sabías que los sentimientos negativos contra el hermano, la hermana, se pueden superar y sanar? Visita a Jesús Sacramentado, entrégale tu peso. Confiesa el corazón con el sacerdote. La bendición sacramental te dará fuerzas. Corrige el sentimiento, haciendo lo contrario. Reconoce ante la persona la bendición recibida. Haz lo posible para que la siga desarrollando. El fuego de la purgación será normal y necesario. Cuando observes que lo que comenzaste con esfuerzo se convirtió en gracia, será la señal de que el Espíritu te cocinó, y te sanaste. Dios bendice todo esfuerzo de caminar en santidad. ¿Lo intentas?

Señor, te ofrezco hoy, como el salmista, un sacrificio de alabanza. Me alegro por lo bueno que has dado a mis hermanos, a mis hermanas. Que nunca me siente a hablar mal de los demás. Con la misma boca que proclamo tu mensaje, no puedo chismear. Si ando por casas ajenas, cómo podría entrar en la mía y ponerle nombre a las bendiciones que recibo de ti. Que siempre resuenen en mí esas dos preguntas: ¿dónde estoy? y ¿dónde está mi hermano, mi hermana? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Angela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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