MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 18/2/25

Hoy, martes, semana 6ª del tiempo ordinario, el libro del Génesis nos habla del diluvio. Es un relato, apoyado en una forma literaria que, en su fondo, transmite un mensaje. Representa el impacto en el corazón de Dios, al ver que la humanidad creada se fue llenando de maldad y perversidad. Sintió arrepentimiento. Pero, luego, constató que no todo estaba perdido. En Noé, percibió la existencia de personas santas y justas como Él las había soñado. Entonces, el Señor, no destruyó, sino que renovó la creación. Te invito a que hagamos este itinerario espiritual, asume este plan del Señor en tu vida.

Hagamos un paseo por nuestro jardín interior. Tú entras en el tuyo, yo en el mío. Observa si hay presencia de malicia en ti, y cómo esta se fue filtrando, cómo se refleja; qué tan honda son sus raíces. Escribe cualquier perversidad desenmascarada en el interior. Denúnciala ante la presencia de Dios.

Avanza un paso más. Ponle nombres a las virtudes con las cuales el Señor te ha revestido. No todo está perdido. Hay esperanza latiendo en ti. Cuando el Señor te mira recupera la confianza, por su misericordia. No todo en ti le provoca tristeza. Son más las alegrías. Pero Él no quiere conformarse con que seas buena gente; te quiere persona santa, justa, perfecta, así como Él lo es. Desea, como en el relato del Génesis, que Dios mande el torrencial de su gracia, para barrer de tu terreno todo mal. El Señor puede embellecer tu creación, justamente en este año santo, de júbilo y perdón.

El Señor te invita a que entres, como Noé lo hizo, al arca. Esta arca se presenta, en el Nuevo Testamento, en la persona de Jesús. Él es “el arca de la nueva alianza”. Puede ser comparada, en este sentido, a la imagen de “la barca”, que presenta el evangelio de hoy. “Embarcar con Jesús” es la garantía de que la humanidad no se pierda ni se destruya. Es el comienzo y el fin, quien hace nuevas todas las cosas. En Jesús encuentras la renovación integral de tu propia creación. Es lo que vivieron los discípulos cuando se dispusieron a seguirle.

Una vez que subas en la barca con Jesús, las cosas cambian. Por tal motivo, el Señor, aprovechando que los discípulos hablaban de pan, y por pan estaban inquietos, les cuestionó su falta de memoria. En la nueva vida, con el Señor, no toda levadura funciona. La levadura del viejo mundo, hay que dejarla fuera. Todo aquello que infla, que distancia de lo verdadero, que descompone para perjudicar, no entra en su proyecto. En la barca, con Jesús, se hace necesario un nuevo alimento. La persona nueva no se alimenta de cosas caducas. En cambio, el Señor, es el pan de vida.

En el Cuerpo y en la Sangre del Señor, nacemos otra vez. Comulgar a Jesús es tornarse peregrino, peregrina, de esperanza. Jesús reconcilia la humanidad con Dios. En Cristo, nuestra pequeñez cobra altura y dignidad. Despierta la sonrisa de Dios, como lo recuerda Santa Teresita del Niño Jesús:

“… Así es también en el mundo de las almas… el jardín de Jesús. Él quiso crear almas grandes, comparables a los lirios y a las rosas, pero también creó almas pequeñas… y éstas deben contentarse con ser margaritas o violetas destinadas a alegrar las miradas de Dios, cuando Él mira hacia sus pies. La perfección consiste en hacer la voluntad de Dios… en ser lo que Él quiere que seamos”.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú limpias el jardín interior? ¿Sacas de tu terreno las malas hierbas, que cada día crecen? ¿Qué pasa cuando te descuidas de desyerbar el corazón? ¿Qué provocas en el Señor cuando te mira? ¿Despiertas la sonrisa a Dios? ¿Estás siendo lo que Dios soñó para la humanidad? En este momento ¿dónde está tu refugio? ¿Te has decidido a embarcar con Jesús?

¿Qué cosas estás llevando a la barca? ¿Qué preocupaciones entraron contigo en la barca donde está Jesús? ¿Qué te dice el Señor sobre tus pensamientos, sobre tus inquietudes? ¿Cuáles son “los alimentos” que ya no tienen sustancia, que no dan vitaminas, que deben dejarse fuera? ¿Qué “levadura” te podría hacer daño? ¿Por qué la levadura de Jesús no infla, sino que hace su trabajo en humildad? ¿Qué le respondes a Jesús, de las preguntas que hace a sus discípulos?: ¿Para qué te sirven los ojos? ¿Para qué te sirven los oídos? ¿Y no acabas de entender?

Señor: envía el torrencial de tu gracia sobre mi vida, sobre la humanidad y toda la creación. Necesito renovar mi fe, mi confianza en ti. Quiero consolidar tu nueva alianza, y alimentarme del nuevo manjar, el manjar de los santos. Porque tu alimento, Señor, compromete la vida. Tú no separas nunca la santidad de la justicia. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Angela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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