MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 20/2/25
(Gn 9,1-13; Sal 101; Mc 8,27-33).
EL PENSAMIENTO DE DIOS
Hoy, jueves, semana 6ª del tiempo ordinario, Jesús confronta a Pedro: -“¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. A partir de lo dicho, nos preguntamos, ¿cómo piensa Dios?, ¿estamos pensando como Dios piensa? Buscamos respuestas, de manera especial, en el conjunto de las lecturas.
Si tú quieres saber cómo piensa Dios, cómo procede; mira con detenimiento el comportamiento de Jesús, sus palabras. El evangelio te da acceso al corazón y la mente del Padre; te lleva a su más genuino racionamiento. Es un detalle importante, porque de la misma manera que el Hijo refleja el juicio del Padre, así también tú y yo, debemos tener, como diría san Pablo, la mente de Cristo (1Cor 2,16).
El pensamiento de Dios parte del sentido comunitario. Ahí vemos a Jesús, en el pasaje de este día, caminando con sus discípulos, integrándolos, teniéndolos en cuenta, formándolos, haciéndoles preguntas decisivas que desvelen la madurez de su fe, su nivel de comprensión: “¿Quién dice la gente que soy?”. Al Señor le interesa saber qué piensan sobre Él. No se trata de curiosidad, sino de responsabilidad. Porque según el pensamiento así será el proceder. Si tú no tienes clara la identidad de Jesús, se condicionará tu respuesta a su llamada.
Fuera de la comunidad de los Doce, hubo confusión en torno a la identidad de Jesús. El Señor dio un paso más, deseó saber cómo pensaban sus discípulos. Preguntó hacia lo interno: -“¿Y ustedes, quién dicen que soy?”. Pedro, a la primera, reveló su parecer: – “Tú eres el Mesías”. Conforme a esta respuesta, el Señor comenzó a instruir. Pero algo pasó. Dijo una verdad aislada. Jesús es el Mesías, pero, a juicio de Pedro, el Mesías era un guerrero, victorioso. No como Jesús lo presentó: sufriente, condenado, ejecutado, y luego resucitado.
El juicio de Pedro quedó reflejado en su obrar: se llevó al Señor aparte, le hizo un comentario clandestino, fuera de la comunidad, en secretismo. En este detalle, el Señor vio al mismo Satanás. El demonio, en boca de Pedro, corregía el pensar de Dios. Jesús, para desenmascarar todo, retornó al grupo. Mirando a los discípulos, increpó a Pedro públicamente: – “Quítate de mi vista… tú piensas como los hombres, no como Dios”.
¿Te das cuenta de algo? El Señor, en ese momento, no quiso que Pedro estuviera ante su vista. Y es que, aquello que miras, allí donde te detengas, incidirá tu manera de pensar. Si optas por tener la Palabra del Señor ante tu vista, si escoges dónde reposar tu mirada, si selecciona lo que tus oídos escuchen, si disciernes lo que salga de tu boca, y si eliges lo que entra en tu corazón, entonces podrás ayudarte para pensar como piensa Dios.
El Salmo del día te refresca la imagen de Dios. Es el Señor que reconstruye, que levanta de las ruinas, por amor y misericordia. Es quien escucha las súplicas de los indefensos, escucha los gemidos de los cautivos y libera a los condenados. En el pensamiento y en el sentir del Padre, espera que todos los pueblos, unánimes, se reúnan ante Él, en su Reino de santidad y justicia.
En la primera lectura, tomada del Génesis, también se nos muestra cómo piensa Dios. Dios piensa en hacer alianza con su pueblo. Por eso dijo a Noé y a sus hijos, que les dará una señal, un arco iris en las nubes reflejará su pacto con la humanidad.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué distingue tu pensamiento? ¿Con qué lo estás alimentando? ¿Estás custodiando tus reflexiones? ¿Sabías que el pensamiento se educa? ¿Tú sabías que el pensamiento seduce a la acción? ¿Has observado alguna contradicción entre tu raciocinio, tu actuar, y la manera del Señor pensar y obrar? ¿Cómo el pensamiento de Jesús corrige tu pensamiento? ¿Te has preguntado qué piensa el Señor sobre ti? ¿Te interesas por saber qué dicen los demás sobre tu persona? Cuando confunden tu personalidad, ¿cómo reaccionas? ¿Eres lo que piensan los demás, o eres lo que el Señor espera de ti? ¿En qué momento te descubres saliendo del pensamiento de Dios? ¿Tú serías capaz de decirte a ti mismo: – quítate de mi vista Satanás; en ese momento, cuando inoportunamente, el enemigo se filtra en tu mente?
Señor: ante tu presencia me dispongo para que tu Santo Espíritu me haga una limpieza profunda en mi manera de pensar. Tú, que renuevas la creación, aquí estoy, Señor, como la más pequeña de tus criaturas. Transforma todo mi ser. Quiero fijarme en las cosas que tú te fijas. Deseo mirar con tus ojos, descubrir en los demás las virtudes, tener una actitud de amor compasivo. Que mi sencillez de vida, Señor, sea como el arco iris en la naturaleza, presencia de alianza entre tú y tu pueblo.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Angela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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