MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 5/3/25
(Jo 2,12-18; Sal 50; 2Cor 5,20.6,2; Mt 6,1-6.16.18).
MIÉRCOLES DE CENIZA: ESPERANZA DE RESURRECCIÓN
Hoy inicias a vivir el tiempo de Cuaresma, como itinerario penitencial va hasta el Jueves Santo. ¿Por qué miércoles?: “Al principio, la Cuaresma comenzaba seis domingos antes de la Pascua; pero como los domingos no se ayuna, en el siglo V se procedió a separar el Jueves y el Viernes Santo del Triduo Pascual para contarlos como Cuaresma. Más tarde, se decidió anticipar la Cuaresma cuatro días, y así se llegó al actual Miércoles de Ceniza” (https://www.vaticannews.va).
La riqueza de esta Cuaresma, como nos lo recuerda el papa Francisco, es encontrarse en el Año Jubilar. Esto te permite vivir el itinerario penitencial, con mayor esperanza y alegría. Las lecturas del día son brújula orientadora para que, como el pueblo de Israel atravesó el desierto en 40 años, y Jesús en 40 días; tú y yo, podamos peregrinar con esperanza hacia la tierra prometida, que es la Pascua, Jesús resucitado. ¿Qué se te propone como ruta de conversión?
Vives en circunstancias que promueven cosas transitorias como si fueran eternas. Quizás, alguna vez, te has sorprendido aferrado a lo pasajero. Hoy, el evangelio, te despierta, me despierta. Invita a centrarse en lo esencial, en aquello que hace madurar como persona, reorganizar la vida, llevarla por el rumbo verdadero. La Cuaresma existe, porque el amor de Dios, custodiado por la Iglesia, sigue invirtiendo con esperanza en la persona, para que levante los pies y se dirija, con valentía, hacia Jesús. Pon atención a las tres realidades que te ofrece el evangelio, las cuales, a diferencia de lo caduco, no son pasajeras.
La oración: entra en tu cuarto interior, en tu silencio profundo. El Señor te invita a la sinceridad. Sin oración pierdes el sentido de este peregrinar. Ella alimenta la esperanza. Las quejas del desierto existencial disminuyen con el rocío de la oración. Esta gracia va despejando toda máscara, toda tendencia a la apariencia, al querer ocultar la verdad propia. La oración es ganancia, es despertar de la esclavitud a la libertad. La riqueza de la oración se obtiene, a criterio de Jesús, en la soledad, en la intimidad con Él. Escóndete en Jesús, a puertas cerradas, vive la aventura de la autenticidad. Que sea Él quien, en silencio, te aplauda. Con oración, la Cuaresma cambia de rostro. No está triste quien sabe que se dirige a un bien mayor. Cuando el Señor nos espera, el camino, aún con dificultades, sabe diferente; porque de hecho, se hace con Él.
El ayuno: son días de ayuno cuaresmal el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Todos los viernes de cuaresma son de abstinencia. La comida es una trampa cuando se hace del estómago un dios, al que se le ofrecen gustos y placeres. Si no sabes educar “el comer”, “la mirada”, no podrás educar el deseo. La fuerza interior, en el Espíritu Santo, no se obtiene sin ayuno. Pero hay algo más. Creces espiritualmente complaciendo las exigencias del Espíritu. Corrige tus pensamientos, tus defectos, tus malas actitudes, y todas las prácticas que no honran al Señor. También ayunas en el esfuerzo por no juzgar, no criticar, no perjudicar a nadie. Jesús te recuerda no desfigurar el rostro promoviendo tu propia conversión; desea que complazcas a Dios y no a los curiosos.
Limosna: no hay auténtica relación con Dios desvinculados de los demás, especialmente de aquellos más pobres y necesitados. De nada vale abstenerse en la Cuaresma para conservar el acúmulo hasta la Pascua. El sacrificio verdadero es aquel que lleva vida y esperanza a los demás. Cuando eres generoso y solidario haces que los demás vivan el tiempo de Dios. Eres presencia consoladora de Dios cuando practicas la caridad. La caridad, en silencio, tiene alto mérito a los ojos de Dios. La trompeta, la promoción del bien que realizas interrumpe el acceso a la tierra prometida.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo interpretas la frase del profeta Joel: “rasgar los corazones y no las vestiduras”? ¿Qué quiere expresar el salmista cuando dice al Señor: “crea en mí un corazón puro y renuévame por dentro con espíritu firme”? ¿Qué te dice Pablo al exhortar: “no eches en saco roto la gracia de Dios”? ¿Cómo asumes este tiempo para reconciliarte con Dios, contigo, con los demás, con la naturaleza? ¿Te has encontrado contigo mismo? ¿Cómo vas a dialogar contigo si no visitas tu interior? ¿Sabes que Alguien te espera dentro de ti? ¿Te gustaría ir escribiendo frases de esperanza, que señalen tu ruta hacia la tierra prometida? ¿Cuáles pobres serán consolados por Dios mediante tus obras? ¿Qué renuncias concretas ejercitarán tu voluntad interior? ¿Tú tienes claro el camino que vamos a emprender? ¿Lo vas a hacer con seriedad, con el auxilio de la gracia?
Señor: gracias por la imagen de estas cenizas que me recuerdan mi propia fragilidad y me empujan a ti, verdad resucitada. La humildad y la sencillez es el resultado de quien se sabe sostenido por el Espíritu Santo. Que toda vanidad desaparezca en la medida en que las máscaras caigan. Prefiero peregrinar con equipaje ligero y con paz interior. La hipocresía pesa. La autenticidad libera y santifica. La reconciliación, Señor, nos hace felices. La Iglesia, en tu nombre, nos ha abierto muchas puertas; correspondo, Señor, abriendo de par en par, las puertas de mi corazón.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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