MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 6/3/25
(Dt 30, 15-20; Sal 1; Lc 9, 22-25).
(Jueves después de ceniza).
SALIR DE SÍ: PEREGRINAR A “JESÚS”.
Hoy es jueves, después de ceniza. Vamos a esforzarnos para vivir este tiempo cuaresmal con fe y determinación. No podrás hacer el itinerario espiritual si no tienes claridad hacia dónde ir. Quizás has escuchado, en este tiempo jubilar, muchas referencias a las peregrinaciones; pero ha de hacerse otra, paralela, fundamental. Se trata de la peregrinación interior. Es el camino que parte de tu “yo” y se dirige a “Jesús”. ¿Cómo podrías hacerlo? El mismo Señor te marca la ruta. Él es el guía y es, a su vez, el destino.
Todo se fundamenta en el Antiguo Testamento. El Deuteronomio recuerda las enseñanzas de Moisés al pueblo del éxodo para ser fiel a la Alianza. En desobediencia no se entra a la tierra prometida. Ve tomando la clave. La Palabra del Señor, para ti, es brújula en esta Cuaresma. Abrazándote a ella, a las enseñanzas de la Iglesia, día y noche, como dice el Salmo 1. El desierto de tu vida se convertirá en un árbol bien plantado, con fruto a su tiempo. Quien no tiene claro su norte, queda atrapado en el desierto. Ante las trampas del camino, elige la vida. La eliges amando al Señor, escuchando su voz, uniéndote a Él.
Esa peregrinación del antiguo pueblo se realiza nuevamente en Jesús. Él es la tierra prometida. Esa tierra a la que podrás llegar la noche de Pascua. De la misma manera que Dios peregrinó con su pueblo, en forma de nube y de columna de fuego, así el Señor Jesús camina contigo. No te deja solo, no te deja sola. Él es compañero de viaje y es la meta del sendero. Cuando comulgas, cuando le adoras es cuanto más sientes su presencia. En esa intimidad, te expone la forma de seguirlo, en tres pautas.
La primera es: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo”. Desapegarte de ti, para seguir a Jesús, implica esfuerzo. Cuando vives mucho tiempo en torno a ti mismo echas raíces en el “yo”. Todo está en ti. Te miras a ti. Piensas en ti. Haces todo por ti. Entonces el Señor te dice: – “Sal de esa tierra. Yo te muestro otra”.
Se trata de migrar de ti mismo, de tu propia referencialidad. Es dejar tu propio mundo, tu propio criterio, para ir hacia la voluntad del Señor. Puedes ejercitarte en esta Cuaresma con pequeñas o más importantes privaciones: pon orden a tus caprichos, a tus deseos, a las cosas que quieren seducirte. Negarte a ti es aceptarlo a Él. No te quedarás vacío. Es un despojo que acoge ganancia. Cuando tú sabes que vas a la tierra prometida atraviesas el desierto con esperanza.
La segunda orientación de Jesús para tu peregrinar a Él: “cargar con tu cruz cada día”. No es fácil atravesar el desierto lleno de peligros y carencias. Hay mucha gente llorando por los caminos. Las quejas se tornan música de fondo. No son pocos quienes andan sin esperanza. Pero, cuando vas con Jesús, todas tus cargas se tornan ligeras. Porque lo que hace pesado el camino es no encontrarle sentido a la ruta; cuando tienes clara la causa asumes la cruz.
Jesús pagó un precio alto por ti. Entonces, cuando le dices, en el fondo de tu corazón: “Señor tú, por mí, hiciste este sacrificio; yo por ti, hago este otro sacrificio, traído por la vida, y todos los que vengan. Porque, por más que asuma todas las cruces, ninguna podría asemejarse a la tuya”. Una manera de quejarse menos es unir la propia cruz a la de Cristo; cargarla con Él. Introduce tu cruz en la cruz de Cristo.
La tercera invitación es “seguirle”. No hay cruz pesada cuando se va en buena compañía y con rumbo cierto. Jesús es “la esperanza que no defrauda”. Sería muy bueno si en esta Cuaresma te dispones a conocerlo más. Puedes tomar desde el evangelio de Mateo hasta san Juan y lo vas leyendo despacio, en forma orante, tomando notas. Hazle preguntas a Él. Conoce más a fondo a tu compañero de camino. Él, mejor que nadie, te forma para habitar en la tierra prometida, su propia persona.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo están tus raíces en la tierra de tu “yo”? ¿Qué ataduras te dificultan la peregrinación a Jesús? ¿Tus decisiones cotidianas escogen la vida? ¿Cómo identificar que escoges la vida? ¿Qué signos de vida muestran tus opciones? ¿Qué sentido le das a tu propia negación? ¿Tú sabes a dónde vas a caer cuando te complaces en todo? ¿Te estás educando con los criterios de Jesús? ¿Te inventas la cruz que cargas o cargas la cruz verdadera? ¿Cómo disciernes si cargas la cruz que hace madurar tu fe? ¿Tú sabías que para los santos Jesús ha sido el mayor influencer de todos los tiempos? ¿Cuál es tu influencer, a quién estás siguiendo?
Señor: bendita peregrinación que me saca de mí y me lleva a ti. Contigo nace el sol, llega el maná del cielo. Virgen María, estrella de la esperanza, ven con nosotros a caminar. Como nos recuerda el papa francisco, no vamos en solitario, peregrinamos en comunidad, en fraternidad. Dichosos los peregrinos que han puesto su confianza en el Señor.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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