MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 7/3/25

Apenas estás empezando la Cuaresma. Las lecturas del día te introducen en el verdadero sentido del ayuno, un tema importante prestado a diversas opiniones y posturas. Hoy, en la profecía de Isaías, dirigida al pueblo de Dios, se utiliza en dos ocasiones la palabra “deseo”. La gente deseaba “conocer el camino del Señor”, “tener cerca a Dios”. Sin embargo, sus deseos no se correspondían con su actitud de vida cotidiana, seguían camino contrario. El deseo iba por un lado y la fuerza de voluntad por otro. Se denuncia al ser humano dividido interiormente. El deseo quedaba insatisfecho con la creación de un muro separador entre la relación con Dios y la relación con los demás.

El profeta toma la iniciativa de divulgar, en esta circunstancia, los deseos de Dios para darlos a conocer. Dios también tiene deseos; dice por boca del profeta: “El ayuno que yo quiero”. En otras palabras: el Señor desea que tú desees “abrir las prisiones”, “dejar libre a los oprimidos”, “compartir el pan”, “hospedar a los pobres”, “vestir al desnudo”… En fin, quiere que salgas de tu propia carne, de tu propia apetencia para que compartan coherentemente la misma aspiración de cielo, de Reino, de santidad.

No quiere decir con esto, que el abstenerse de ciertos placeres alimenticios, en tiempos concretos, pasó de moda; cuando todavía amenaza el peligro de endiosar el estómago. Las renuncias puntuales fortalecen la voluntad y educan el deseo para un bien mayor. Privarse de caprichos busca mantener la atención del corazón en dimensión trascendente. Pero esto no es suficiente. Apenas es punto de partida. Se deja cierto alimento, actitudes y tendencias para acoger el verdadero deseo, el deseo de Dios haciendo su voluntad. Es un ejercicio espiritual.

La controversia del ayuno se deja sentir en el pasaje del evangelio. Los seguidores de Juan preguntaron a Jesús por qué los discípulos de Él no ayunaban. En la explicación se nos abre el sentido profundo del ayuno. El “ayuno” y el “luto” están relacionados, porque no se tiene lo deseado. Sin embargo, en el momento del pasaje bíblico, se ve satisfecho el deseo de los discípulos de Jesús, tenerlo a Él. Cuando Jesús está hay plenitud. En cambio, cuando es arrebatado de los suyos, se hace necesaria la práctica para no apagar el deseo.

Tú y yo podemos considerar cuáles son las corrientes modernas que intentan quitarnos a Jesús, llevarlo lejos de nuestras vidas, de nuestros corazones. Si estas amenazas son reales, entonces tiene sentido vivir el ayuno, pero vivirlo dentro de los deseos del Señor. Ayuna verdaderamente en este Año Jubilar, quien encauza todos sus deseos para que el ser humano sea libre y retorne al sueño original de Dios para Él.

Medita bien despacio este trecho de un poema de san Juan de la Cruz:
Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance…
Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza de cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú observas tus deseos? ¿Qué tú esperas según tus deseos? ¿Lo esperado te sabe a cielo? ¿Tú sabías que el tamaño del deseo determina la magnitud de lo que esperas? ¿Tu deseo de santidad se ensancha? ¿Tus deseos tienen pies y caminan, se ejercitan? Si escribieras cinco cosas de lo que haces en un día, y escribieras otras cinco de tus aspiraciones más profundas, ambas columnas ¿se corresponden o entran en contradicción? ¿Qué pasa cuando los deseos no direccionan las obras? ¿Cómo educas tus deseos? ¿Qué consideras de esta frase de santa Catalina de Siena: “Como los pies llevan el cuerpo, así los afectos llevan al alma”? ¿Cuáles son los frutos de quien se dispone a ayunar del pecado, del chisme, de la vanidad, y de todo aquello que aleja de Jesús?

Señor, como el salmista, vengo ante ti con un corazón que anhela sumergirse en tu misericordia. Deseo bañarme en ella para no ensuciar con mis pecados tu presencia. Edúcame, devuélveme la alegría de tu salvación. Que tu Palabra, Señor, sea corrector de mis deseos.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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