MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 10/3/25

Hoy, lunes, semana 1ª de Cuaresma, el conjunto de las lecturas se muestra como una guía de ruta. Te orienta para que este tiempo de gracia y conversión sea bien aprovechado por ti. Los textos revelan el pensamiento de Dios. Un pensamiento práctico, a tu alcance, con el fin de que tus actitudes favorezcan tu avance hacia la experiencia de Pascua, la vida en Cristo resucitado.

En la primera lectura, tomada del libro de Levítico, se anuncia el deseo de Dios. Lo dice a voz pública: “Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo”. Esto es un mandato, no una sugerencia. Dios se hace responsable de lo que te exige. No te llamará a buscar algo que luego te esconde. Por eso, quien opta por una vida mediocre no puede ser feliz. Porque en el fondo, el alma reclama el deseo impregnado por su Creador. En este ejercicio hacia la santidad, la clave es que la relación con Dios es inseparable de la relación con los demás. Dios corrige la tendencia a creerse “hijo único”, “hija única”.

Una vía inequívoca para avanzar hacia la santidad es la peregrinación que va desde tu “yo” hacia el “otro pobre o necesitado”, donde puedes encontrar al mismo Cristo. ¿Por qué este acento, hacia el otro, pobre necesitado? Porque te entrenas en ver a Dios, allí donde la persona dominada por lo terrenal no puede descubrirlo. Contemplar a Dios en quien sufre, en el necesitado, es una gracia. Al asistirlo, te ejercitas en gratitud y gratuidad; no pueden devolverte. El pasaje del evangelio, comparado a las preguntas con sus respuestas para el examen final, modela tu imagen de Dios.

¿Has considerado todas las gracias que el Señor ha puesto en ti, tus dones, tus talentos? ¿Has hecho balance sobre las pertenencias amontonadas en tu habitación? ¿Alguna vez has estado deprimido, en casa, aburrido, sin horizonte? Pues justamente, el pasaje de hoy te dice, que los pobres y necesitados, pueden enriquecerte, llenarte de alegría y sentido de vivir. Como dijo el papa Francisco a los jóvenes, basta con cambiar el sofá por un par de zapatos, y disponerse a dar la vida a Cristo, quien sufre y espera tu presencia consoladora.

En la cultura migratoria, mucha gente se desplaza a lugares de mayores beneficios. Pero la migración que el Señor te propone, no habla de beneficios materiales y transitorios, sino espirituales y eternos. Las obras de misericordia son el pase para formar parte de aquellos llamados “benditos de mi Padre”. La herencia preparada para los que peregrinen de su “yo” hacia “el pobre”, es el Reino.

En la Sagrada Escritura, “pobre” es aquel que tiene “deseo” y no puede satisfacerlo. Por eso, como refleja el pasaje de Mateo 25, pobres son los que tienen hambre, sed, los sin techo, sin vestidos, enfermos y presos. Con relación a dicho estado, la misma santa Teresa de Calcuta aclara: “no es simplemente hambre de pan de la que se trata; es de un hambre de amor. La desnudez no concierne solo al vestido; la desnudez es también la falta de dignidad humana y de esta magnífica virtud como es la pureza, así como la falta de respeto unos hacia otros. Estar sin hogar, no es solo no tener casa; estar sin hogar, también es ser rechazado, excluido, no amado”.

Hay pobres, que si el Espíritu Santo no te los muestra, no podrías identificarlos. Por eso, a quien critica a alguien de no estar con los pobres, los resultados de Cristo le pudieran sorprender. Porque solo a Él le toca el divino juicio, la sabia distribución, entre los que van a la derecha y los que van a la izquierda. A ti y a mí nos toca, sencillamente, peregrinar en silencio y en respeto, del “yo personal” a Cristo, que está “en el otro”, con las más diversas hambres, esclavitudes, y penurias.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué actitud tienes cuando estás frente a una persona muy pobre? ¿Qué impacto interior te provoca quien se te acerca vestido de cicatrices y tatuajes? ¿Por qué los identificados como justos acudieron a los necesitados, sin saber que era al mismo Cristo a quien asistían? ¿Qué les llevó a ser solidarios sin esperar recompensa? ¿Por qué cuando tú haces una obra de caridad y lo divulgas vas derrochando la herencia prometida? ¿Con qué fuerzas estás amando? ¿Por qué el que piensa mucho para hacer el bien se le escapa la oportunidad de hacerlo? ¿Tú has dejado a alguien esperando, mendigando tu caridad? ¿Si tienes las preguntas y las respuestas para el examen final, tú vas a suspender la prueba?

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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