MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 12/3/25
(Jon 3,1-10; Sal 50; Lc 11,29-32)
MIERCOLES DE LA I SEMANA DE CUARESMA.
SIGNOS DE CONVERSIÓN
Hoy, miércoles, semana 1ª de Cuaresma, la primera lectura tomada del profeta Jonás, identifica signos de conversión en tu propia vida y en la vida de los demás. El punto de partida del pasaje revela el sentir y el pensar de Dios. Es Él quien escoge al profeta, al predicador, y lo envía con insistencia. Si hay conversión es porque Alguien, discreto, favorece los instrumentos, los medios, para el arrepentimiento. La iniciativa viene de Dios. Va en busca de los pecadores. No quiere que su pueblo se pierda. En todo el pasaje se mostrará paciente, aguardando, acompañando el proceso y las reacciones ante su Palabra.
Tres días eran necesarios para recorrer la ciudad de Nínive. Sin embargo, la predicación de Jonás, ya desde el primer día causó efecto. La Palabra del profeta, que inició en el campo, peregrinó a la ciudad. El mensaje fue más veloz que el mismo mensajero, la noticia llegó al rey. El primer signo de conversión es la fe en las palabras dichas por el enviado de Dios. La gente creyó en la vida. La malicia lleva a la muerte.
En esta Cuaresma tú también tendrás la oportunidad de escuchar muchas reflexiones, predicaciones en retiros, etc. Algunas llegarán hasta ti, y otras tú saldrás a buscarlas. Lo importante es que estés bien atento. Escucha con atención a la persona escogida que Dios tiene como instrumento para llevarte un mensaje. No te imaginas lo que ese instrumento ha padecido, sufrido, para vencer sus propias resistencias y estar allí, donde Dios lo quiere. Colabora. No pongas resistencia. Abre tu corazón. Identifica las luces aplicables a tu vida para salir de enredos que interrumpen tu paso a la tierra prometida.
La gente de Nínive, desde los pobres hasta el rey, con la solidaridad de la creación, comenzó a hacer penitencia. Dice el Catecismo: “La penitencia interior es la conversión de corazón hacia Dios y la ruptura con el pecado, la cual implica la intención de cambiar la vida debido a la esperanza en la misericordia divina. Los actos externos de penitencia incluyen el ayuno, la oración y la limosna” (1431-1434).
Los signos externos del pueblo ninivita en penitencia, reflejados en sus vestidos, sacrificios y ayunos, fueron acompañados simultáneamente por un movimiento de corazón. Ante la Palabra escuchada, el interior no quedó estático; migró internamente hacia la santidad de vida. Dejaron su mal proceder, el mundo de las injusticias cometidas, los pecados que destruyen la ciudad. Como consecuencia, Dios reposó su mirada sobre ellos. Él, en su infinita misericordia, también cambió de parecer; tomó la decisión de perdonarles. La respuesta de la gente alegró el corazón de Dios. Este acontecimiento marcará la historia de Israel. Por eso, es recuperado por Jesús en el pasaje del día.
El Señor llamó a su generación contemporánea “generación perversa”. Porque llegó hasta ella uno que era más que Jonás, y se quedaron estáticos internamente. No se movieron a la conversión. Jesús también hizo referencia a “la reina del Sur”, quien se desplazó desde muy lejos para escuchar a Salomón. Sin embargo, la “generación” a la que Jesús hablaba tenía a alguien mayor que Salomón, y no le escuchaban. En la actualidad son muchas “reinas” y “reyes” que se desplazan a escuchar profetas fuera de su entorno; ignorando los mensajeros de la puerta de al lado.
Las lecturas cuestionan la falta de docilidad al espíritu de conversión. También nosotros formamos parte de dicha generación perversa, cuando la palabra “conversión” nos resbala, y seguimos caminando con firmeza hacia la propia perdición. No pocas veces, como aquella generación antigua, también pedimos “signos”. Pero ya no estamos, en asuntos de revelación, en tiempos de “signos”, sino en tiempos de presencia real. Jesús no es un signo, es una persona. Ya Dios, como diría san Juan de la Cruz, no tiene nada qué decir. Lo ha dicho todo en su Hijo Jesús.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Te has puesto en diálogo con tu propia persona? ¿Cómo te dejas confrontar por la Palabra diaria? ¿Cuál es tu penitencia en este tiempo de Cuaresma? ¿Tú crees que la palabra penitencia pasó de moda? ¿Cómo tus sacrificios externos mueven tu corazón hacia Dios? ¿Tú observas el movimiento de tu voluntad hacia la voluntad de Dios? ¿A cuáles personas te manda el Señor para hacerte recapacitar y retornar de nuevo a tus valores? ¿Estás formando parte de una generación perversa, que busca signo, cuando ya se le ha dado todo lo necesario para convertirse? ¿Tú sabías que Dios ve y te acompaña en tu proceso de conversión?
Señor, como el salmista, te pido que hagas mi corazón puro, y me renueves por dentro con espíritu firme, para no volver a hacer lo contrario a tus deseos. Que en esta Cuaresma mi sacrificio sea un espíritu humilde, quebrantado, peregrino. Quiero un corazón, Señor, peregrino de esperanza; que parta de mí y se dirija hacia tu voluntad.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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