MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 14/3/25

Estás en la 1ª semana de Cuaresma. Es viernes penitencial. Cada viernes evoca aquel día santo de la Crucifixión. Es imposible tener amor por Jesús sin tener en cuenta el sacrificio que ha hecho por nuestra salvación. Este Año Jubilar nos invita a contemplar y abrazar la cruz con esperanza.

Ten presente que la Cuaresma es una peregrinación hacia la Pascua. No pocas cosas pueden distraerte mientras vas de camino. Estás haciendo un itinerario espiritual. Si lo haces de manera honesta y consciente, tendrás como resultado una experiencia pascual extraordinaria. Hoy, en el pasaje del evangelio, se te ofrecen indicaciones de cómo irte ejercitando en el trayecto.

Observa la exigencia que Jesús hace a los discípulos: “Si no superan a los letrados y a los fariseos en vivir conforme al plan de Dios, no entrarán en el Reino de los Cielos”. Esa voz del Señor es para ti y para mí. En su infinita misericordia, en el abismo de su conocimiento perfecto, el Señor sabe que entrar al Reino, calar al cielo, no es nada fácil. Porque Dios conoce, mira, identifica la verdad más honda del ser humano. Su discernimiento no se soporta en apariencias. Por eso, te deja saber, que no basta con hacer ciertas prácticas, con recitar cosas aprendidas, si el corazón no se perfecciona en humildad, en obediencia, en mansedumbre.

No es fácil entrar al Reino de los Cielos, al paraíso soñado que todos esperamos. Para esto, el Señor te dice: “tienes que superarte”. En otras palabras, tienes que purgar profundamente tu ser. Te quiere entrenar en acciones concretas que demuestren amor. Porque así como Dios ama, el Señor desea que tú y yo aprendamos a amar. De este modo, Él no descarta las leyes antiguas, sino que las pule para perfeccionarlas, y las supera en la medida que añade el fundamento del amor.

El mismo Jesús señala la novedad que trae. Si antiguamente se dijo: “No matarás, y el que mate será llevado a juicio”; para Él, materia de juicio es “pelearse”, “enfurecerse” contra su hermano. Para el Señor hay palabras que matan, que hieren, lastiman, que quitan dignidad a la persona. Con el corazón sucio, de donde brotan palabras agresivas, dañinas, groseras, no se entra al cielo. El Señor nos plantea un alto nivel de perfección; nos deja meditando seriamente. No exige sin dar las orientaciones debidas para salir a la ruta cierta. Pon atención al siguiente detalle:

“Si al presentar tu ofrenda sobre el altar, recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí y ve primero a ponerte en paz con tu hermano, después regresa y presenta tu ofrenda”. Es que el resentimiento, la venganza, el rechazo, el enfurecimiento, y todos los sentimientos negativos contrarios a la fraternidad, bloquean el acceso a la gracia, a la presencia de Dios. Por eso, el Señor insiste, “deja allí tu ofrenda”; para que prepares la mejor de todas las ofrendas: un corazón reconciliado.

Este tiempo de la Cuaresma, es el momento que tú y yo tenemos para ponernos de acuerdo con nuestros contrarios, con los hermanos y hermanas que necesitamos conversar, darnos un tiempo, entrar en razón y recapacitar. La noche de Pascua, de nada nos servirá ir con vestidos elegantes, por fuera, si no estamos bien bañados, en gracia, por dentro.

Toma conciencia de que Dios, como dice el profeta Ezequiel, no quiere tu muerte. Él quiere que te conviertas y que vivas. En esta Cuaresma, ¡no te dejes robar la esperanza!

Preguntas que llevan al silencio: Si Dios no quiere tu muerte, ¿tú vas a querer muerte para ti? ¿Cómo vas a desyerbar, a limpiar el terreno de tus relaciones? ¿Tú quieres rezar el Santo Rosario por la persona que más daño te ha hecho? ¿Dejarías tu corazón ante la luz de Jesús Sacramentado, para que sus rayos penetren en ti y purifiquen tu alma? ¿Mientras estás delante del Señor, tú, humildemente, pudieras ponerle nombre a las mediocridades que tienes, y entregárselas a Él? ¿Tú sabías que no favorece ir al Sacramento de la Penitencia sin haberse preparado antes seriamente para bañarse bien todos los rincones del alma? ¿Tú identificas a las personas por las cuales dejarías tu ofrenda para ir a reconciliarte? ¿Cuál es el traje de gala que vas a vestir la noche de Pascua? ¿Tú sabías que cada vez que desatas un nudo interior, que sanas una relación, estás dando retoques y perfeccionando el vestido de tu alma?

Señor, como el salmista, sé que tú no llevas en cuenta todas nuestras faltas, porque nadie lo soportaría. Sin embargo, me pides que aprenda a amar, a ser tolerante y a respetar tu imagen en el hermano, en la hermana. Tú, que eres fuente de perdón, enséñame a respetar tu identidad y a perdonar de corazón. Tú quieres redimirme, Señor, y espera que colabore contigo, en humildad y obediencia. Yo, Señor, no me quiero quedar fuera; tampoco olvidar a los demás, para que entremos a tu presencia comunitariamente, en la sala de los santos y las santas.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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