MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 17/3/25

Hoy, lunes, semana 2ª de Cuaresma, las lecturas siguen conduciendo tu itinerario espiritual hacia la Pascua. En este día te presentan los sentimientos de Dios contigo, y su manera de tratarte, para luego hacerte ver que el Señor es tu referencia de perfección y santidad. En base a lo expresado en el libro de Daniel, puedes hacer memoria del trato que Dios te ha dado.

Recuerda Daniel la fidelidad de Dios con su pueblo, mientras que este ha correspondido con “pecado”, “ha sido rebelde”, “desobediente”, “no ha hecho caso” a las exigencias del Señor… como consecuencia, ha testimoniado la propia vergüenza. El pecado termina en complejo; distanciando la relación de Dios con los suyos. Tú y yo, de alguna manera, también hemos pasado por kilómetros existenciales, donde hemos fallado, y hemos visto nuestra miseria sin decoraciones. Lo que nos repugna de nosotros mismos, a Dios le compadece.

El pasaje de Daniel, no termina en la descripción del pueblo abrumado por sus faltas. Ante el fango del pecado, Dios se conmueve y perdona. Da una nueva oportunidad. Como recordó el papa Francisco: “Dios no se cansa de perdonar, nosotros nos cansamos de pedir perdón”. En la espiritualidad bíblica se presentan, con frecuencia, situaciones como las que ocurren en las lecturas del día. Dios primero es bueno contigo, y luego te instruye cómo se espera que hagas lo mismo con los demás. Dios es tu espejo, tu guía, tu inspiración.

Esta es la enseñanza de Jesús para sus discípulos: “Sean compasivos como su Padre es compasivo”. Jesús no dice: “como yo soy compasivo”, sino que hace referencia al Padre. Jesús te enseña a mirar en su misma dirección, hacia el corazón del Padre. Además, te anima a compartir con Él los mismos sentimientos. En esta dinámica de intimidad te unes a Jesús, quien encarna las entrañas de misericordia. Él pone un ejemplo práctico de cómo se vive la compasión. Utiliza cuatro formas verbales que marcan el horizonte a seguir; estas son:

“No juzguen”, “no condenen”, “perdonan”, “den”. Siendo la misericordia de Dios infinita, nos faltaría criterio, divino discernimiento, santa compasión para situarnos ante las miserias de los demás. Por eso dice Jesús: “No juzguen”. Si el fondo compasivo es pobre, pobre será el juicio, desproporcionado y erróneo. En cambio, cuando en vez del juicio viene la compasión, tú te acercas, no para condenar, sino para rescatar, para ayudar a liberar. Los pecados que uno carga consigo nos quitan la autoridad para hacer juicio. En vez de jueces, el Señor nos quiere compasivos. Cuando tú guardas la memoria de dónde te han sacado, se favorece los sentimientos de compasión.

Las faltas de los demás han de ser, no motivos de condena, sino ocasión de ejercitar los sentimientos de Dios. El Señor no deja a la persona parqueada en su mal. Desea que peregrine partiendo de la miopía del pecado, hasta la visión nacida desde la reconciliación y la paz.

¿Qué has recibido de Dios ante tus pecados? ¡Has recibido perdón! Cuando vas con actitud de perdonar, no te equivocas. No fallas. Aciertas en todo perdón. El Señor te quiere allí donde no te puedas perder o extraviar. Perdonando siempre ganas. Por eso, en este Año Jubilar, de manera especial resuenan las palabras de Jesús. “¡Da!”, no retengas el perdón. Ofrece perdón de forma generosa, amplia, abundante.

La medida que uses, la usarán contigo; pero multiplicada. Evoca la imagen de un recipiente remecido, colmado, afincado hacia el fondo, al mismo tiempo rebosante… así será la misericordia de Dios contigo. Si te dispones a compartir los sentimientos de Dios, perdonarás sin medidas.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo te sitúas ante la falta de los demás? ¿Eres muy estricto con las debilidades ajenas? ¿Y cómo te tratas a ti mismo, ante tus faltas? ¿Te exiges, te justificas, buscas enmendarte? ¿Identificas las consecuencias de tus pecados? ¿Con qué nivel de responsabilidad asumes tus errores? ¿Qué vas aprendiendo de los tropezones de la vida?¿Tratas a los demás como te gustaría que te traten? ¿Estás reteniendo el perdón que otra persona necesita para recuperar la paz? ¿Tú has hecho memoria de las veces que recibiste perdón de Dios? ¿Estás siendo una persona generosa? ¿Tienes presente el momento en que estarás delante de Dios, en que toda tu vida será como una película ante tu conciencia? ¿Estás viviendo con sentido de eternidad?

Señor, como el salmista, reconozco que no nos tratas conforme a nuestros pecados. Que aprenda de ti a ser una persona compasiva y misericordiosa. Que pueda reposar en tu amor, para nutrirme de Él, de tu paciencia y tolerancia. Haz mi corazón humilde, sensible y con memoria. Viviendo en compasión, nadie se equivoca.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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