MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 19/3/25
(2Sam 7,4-5.12-14.16; Sal 88; Rom 4,13.16-18.22; Mt 1,16.18-21.24)
Miércoles II de Cuaresma
SAN JOSÉ
Hoy, miércoles 19 de marzo, tenemos la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María; coincide con la semana 2ª de Cuaresma. Justamente, el próximo 25 de este mes, tendremos la solemnidad de la Anunciación del Señor, acontecimiento que evoca la inauguración de la plenitud de los tiempos. Con la liturgia de este día, la Iglesia nos invita a meditar en la figura de san José, para que conozcamos y admiremos más su persona, así como el papel que discretamente juega en el misterio de salvación.
Conforme al papa Francisco, en su Carta Apostólica Patris Corde: “Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo”. Pío IX lo declaró “Patrono de la Iglesia Católica”. Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores”. San Juan Pablo II como “Custodio del Redentor”. El pueblo lo invoca como “Patrono de la buena muerte”, etc.
Para el papa Francisco, siete rasgos destacan en la figura paternal de san José: padre amado, tierno, obediente, acogedor, valiente y creativo, trabajador, en la sombra. La humildad de san José, su postura discreta, no opaca su intervención en la crianza de Jesús. Si él no hubiese asumido la tarea como padre adoptivo, el Señor no hubiese podido tener un representante legal, en la sociedad de su tiempo; tampoco hubiese tenido ocasión para predicar públicamente en diversos escenarios de su época histórica. La presencia de José en la vida de Jesús y María era tan fecunda como el agua subterránea que, sin hacer ruido, hace florecer la esperanza.
En la primera lectura del día tomada del libro de Samuel, resuenan las palabras que Dios dirige a David: “Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. La referencia nos hace meditar la virtud de la fe en san José, por haber creído en las palabras del ángel y asumir la tarea de acompañar al Hijo y a su Madre; reflejando para todos nosotros el modelo de madurez cristiana.
En la segunda lectura, san Pablo nos recuerda que “Abrahán creyó contra toda esperanza”. Firmeza que distingue a san José, cuando asume los misteriosos caminos de Dios para realizar sus designios. El silencio fue testigo de su transformación interior, de la peregrinación de sus propios planes a la voluntad de Dios.
La virtud del silencio, en la vida de José, es viga maestra. Es un silencio de crecida hacia abajo, con niveles de honduras insospechadas. Es el silencio de quien suspende sus propias resoluciones para abrirse al planteamiento divino. Ya con su decisión tomada, llegó el ángel y le confió los propósitos del Señor para con él y María. Por haber hecho silencio asimiló el mensaje. En medio del sueño, se iluminó su oscuridad. Cuando haces silencio, la verdad de Dios amanece contigo. El silencio fecundo no es pasivo. Con la fuerza de la verdad, José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.
Jesús era también identificado como “el hijo del carpintero”. El carpintero era José. En la escuela de san José, obrero, aprendemos mucho: a trabajar para la manutención de la familia, honesta y justamente. Trabajar mientras se sirve al proyecto de salvación. Dios bendice las manos que laboran y oran a la vez. José enseña a Jesús su oficio. Del obrar en la madera pasará el Señor al obrar en el corazón de hombres y mujeres, para lijar la aspereza del alma, hasta surgir la belleza oculta de la santidad.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Quién es para ti san José? ¿Has hecho amistad con él?¿Cuáles de las virtudes de san José quisieras cultivar en tu vida? ¿Cómo te abres a los planes de Dios? ¿Te has dejado sorprender por la voluntad de Dios? ¿Cómo está tu vida de silencio? ¿Tú buscas cultivar el silencio fecundo?¿Cómo respondes a las tareas que te son asignadas? ¿Te das al servicio del Señor con toda el alma? ¿Tú has hecho de tu trabajo un espacio de oración?¿Qué significa para ti florecer en el lugar donde te siembren? ¿Cómo comprendes la responsabilidad paterna? ¿Tus sueños personales son afines con el sueño de Dios para ti?
Oración a san José:
Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén. (Papa Francisco).
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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