MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 24/3/25

Hoy, lunes, semana 3ª de Cuaresma, se nos habla de “bañarse siete veces” y de “limpieza del corazón” mediante la Palabra profética. Con relación al “baño”, se refiere al caso de Naamán, el sirio, en la primera lectura tomada del libro de Reyes. Intenta hacer una relectura de esta narrativa, a partir de tu propia realidad.

Quizás, has pasado por situaciones donde tienes que mostrarte valiente, como ese guerrero sirio; habituado a llamativas vestimentas, al triunfo y a las conquistas. Sin embargo, arrastraba una limitación que le superaba, llevaba lepra en su cuerpo. Tú y yo también llevamos “lepra” detrás de la apariencia cuando no acudimos al Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación. De qué sirve andar bien bonitos por fuera, cuando el sucio hace correr al Espíritu Santo, por dentro.

Los pecados no denunciados en el tribunal de la misericordia adolecen el alma, la ahogan haciéndola agonizar. Cualquiera se engaña pensando que nadie lo sabe. Pero, en el fondo, el sucio incomoda. Cuando a alguien no le incomoda el pecado, es porque está muy mal. Se acostumbró. Sin embargo, la insatisfacción siempre persigue, porque fuimos creados para habitar en la gracia. Por más que se quiera disimular, lo que uno lleva dentro se refleja, en gestos, palabras, actitudes, etc.

Un valor manifestado en Naamán, el sirio, fue aceptar el consejo de aquellos que le servían. Primeramente, una joven israelita le dejó saber dónde podía limpiarse de su enfermedad y comenzar una nueva vida. Luego, estando en Israel, cuando Eliseo le mandó a bañarse “siete veces” en las aguas del río Jordán, se dejó aconsejar por aquellos que él mismo dirigía. Aceptó la propuesta, cambiando su parecer. Y así vio acontecer el milagro. El asunto no era literalmente el río Jordán, era la humildad, la obediencia, y la purificación mediante el agua bendecida por el vocero de Dios.

En este tiempo de Cuaresma son muchos los consejos, las orientaciones que estás recibiendo, para recapacitar y bañarte bien por dentro. Tú eres quien sabe si vas a dejarte conducir o si vas a poner resistencia. El bañarse siete veces hace meditar en la necesidad de borrar las huellas de los siete pecados capitales. Sumergirse en el agua, a su vez, nos remite a la gracia bautismal, que limpia y quita todas las impurezas. Porque no hay pecado tan grande que la misericordia de Dios no lo borre. Por eso, hay que perder el miedo al agua de la reconciliación. Cuaresma es tiempo de renovación bautismal.

El caso de Naamán, el sirio, es recordado por Jesús. Ha quedado en la historia de Israel, igual que la viuda de Sarepta, como ejemplo de acogida a la fe. El pasaje del evangelio viene a indicar el complemento del baño. Es la aceptación de la Palabra para transformar el corazón. Por eso, Jesús se lamenta de que en su propia tierra rechacen su profecía y con esta, rechacen la salvación.

El salmo del día es el espejo de quien busca nacer de nuevo. El orante expresa que tiene profunda sed del Dios vivo y busca su rostro. El deseo de Dios también purifica; hace peregrinar hacia la fuente, donde Jesús espera, porque Él también tiene sed y deseo de ser bebido.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú sientes la necesidad de darte un baño por dentro, en tu corazón? ¿Te incomodan tus faltas? ¿Tú sabías que la Cuaresma es tiempo de limpieza profunda? ¿Cuál es el peligro de vivir de la apariencia y no ocuparse de las impurezas que se acumulan en el interior? ¿Por qué Naamán, el sirio, para sanarse, tuvo que despojarse de sus armaduras? ¿Tú te dejas conducir por la gente sencilla que quiere tu bien?

¿En cuáles aguas te estás sumergiendo? ¿Cómo estás renovando tu bautismo? ¿Estás acogiendo la Palabra que Jesús te da cada día? ¿Cómo permites que la Palabra transforme tu interior? ¿Estás preparando el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación? ¿Qué pasa cuando una casa permanece cerrada, mucho tiempo, sin limpieza? ¿Tú sabías que los reflejos de “una casa cerrada” es lo que sucede en ti cuando no bañas el corazón en la gracia? ¿Tú sabías que quien anda por casa ajena no percibe cuando la suya se llena de telarañas?

Señor, gracias por darme la oportunidad de renovar mi amor por ti. Cuando desyerbo el corazón recobro las fuerzas necesarias para seguirte. Que no me distraiga el sucio ni la impureza, que con valentía pueda denunciarlos. Gracias, Señor, por el Sacramento de la Reconciliación. Cuando me reconcilio contigo, conmigo, con los demás, con la naturaleza, mi alma resucita. Por siempre te alabo y te bendigo. Gracias, Señor, porque nos llamaste a ser santos, no pecadores.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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