MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 26/3/25
(Dt 4,1.5-9; Sal 147; Mt 5,17-1)
Miércoles III de Cuaresma
CAMINO DE PLENITUD
Hoy, miércoles, semana 3ª de Cuaresma, el conjunto de las lecturas te ayuda a situarte frente a los mandatos que el Señor nos ha dado desde antiguo. Te ofrece criterios para saber releerlos y reinterpretarlos a la luz de Cristo. La reflexión es oportuna justo en este tiempo litúrgico fuerte, donde la Iglesia nos orienta a vivir normas y ejercicios con el propósito de una fecunda experiencia pascual.
Considerando el mensaje que Moisés dirige al pueblo de Israel: “… escucha los mandatos y decretos que yo les mando cumplir…”. Estos preceptos, señalados en el Antiguo Testamento, tienen un fin. No nacen por capricho divino. En su pedagogía, Dios ha inspirado normas para que su pueblo no se desvíe de lo que Él ha soñado. Moisés mismo expresa que dichas normas buscan la vida y la entrada del pueblo a la tierra prometida.
“Vivir” y “entrar a la tierra prometida” es el fin del cumplimiento y ambas dimensiones remiten, a su vez, a Cristo Jesús. En el Antiguo Testamento es Él la tierra que se promete. ¿Qué sería de las normas cuando no van acompañadas de sabiduría, la necesaria para atravesar el camino y disfrutarlo? En vez de vivir, las normas, harían agonizar. La agonía, y no la vida, es el resultado de mandamientos en corazones rígidos, sin reflexión. Cuando falta la experiencia de Dios, en el ejercicio de las normas, falta el dulce, el deleite y el sentido. Lo que buscaba libertad se convierte en esclavitud.
Con la llegada de Jesús, los preceptos antiguos pasan por el filtro del amor, y adquieren nuevas dimensiones. El Señor se dirige a sus discípulos. Tú eres uno de ellos. Te abre su corazón. Te dice claramente, que no ha venido a acabar con lo dicho en la Ley y los profetas. Dios no puede contradecirse.
Jesús dona su ser y su manera de comprender las cosas para iluminar nuestras conciencias. Hay un antes y un después con sus enseñanzas. Todas las normas, a su criterio, se sintetizan en dos: amor a Dios y amor al prójimo. El amor, como base del cumplimiento, alcanza la plenitud. Porque en el amor hay flexibilidad, comprensión, tolerancia y respeto. Las normas no son el fin, sino el medio para favorecer la vida y entrar en la tierra, entrar en el corazón de Cristo.
De la misma manera que Dios da su Palabra, revelada, interpretada y explicada profundamente en su Hijo Jesús, la sociedad de hoy, también promueve sus propios mandamientos, al margen del Señor. Una tentación de nuestros tiempos, en este sentido, es sumergirse en ese combate de qué preceptos seguir, si los de Cristo o los del mundo sin Dios. Como consecuencia, pudiera desembocarse en mezclarlos, o vivirlos con tibieza y relativismo.
Jesús advierte el no saltarse los preceptos, por más sencillos que parezcan y, a propósito, enseñarlos mal a la gente, buscando conveniencia personal, que evadan la exigencia de la Palabra. El corazón del discípulo, de la discípula, ha de tener claro a quién obedece. La Palabra no pasa, porque Cristo nunca pasa; no es moda, sí novedad de amor.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Podrías mencionar algunas de las normas que cotidianamente asumes? ¿A dónde te conducen las normas que prácticas? ¿De qué manera tus andanzas externas están en sintonía con los movimientos del corazón? ¿Te has sorprendido alguna vez repitiendo normas antiguas solo porque siempre se han hecho así? ¿Tú usas la expresión “siempre se ha hecho así”, para justificar tu práctica? ¿Has observado si alguna vez has hecho algo bueno por obligación? ¿Cómo interpretas la frase de san Agustín: “ama y haz lo que quieras”?
¿Tú conoces a alguien que pone más normas de las necesarias? ¿Qué sucede en alguien que se apega a las normas y no a la luz de la conciencia? ¿Qué sucede con las normas en un corazón endurecido? ¿Por qué cuando hay amor las normas no apagan la sonrisa? ¿Qué tú entiendes por la expresión: “guarda el orden y el orden te guardará”? ¿Cuándo fue la última vez que saltaste el protocolo para consolar a alguien? ¿Te ajustas a la Palabra de Cristo o quieres adaptar la Palabra a tus posibilidades? ¿Cómo estás enseñando la Palabra a los demás?¿Estás interpretando las prácticas cuaresmales a la luz de la misericordia y la entrada a la tierra prometida?
Señor: como el salmista me presento ante ti. Que pueda glorificarte con toda mi vida. No quiero hacer cosas, Señor, sin saber por qué las hago. Carga de sentido mi existencia. Dame la libertad de espíritu en tu amor y en tu misericordia. Como el orante, yo también deseo que tu Palabra fortalezca los cerrojos de mi vida. Que en tu voluntad encuentre mi plenitud.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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