MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 27/3/25
(Jr 7,23-28; Sal 94; Lc 11,14-2)
Jueves III de Cuaresma
UN CORAZÓN BLANDO: PARA ESCUCHAR AL SEÑOR.
Hoy, jueves, semana 3ª de Cuaresma, el conjunto de las lecturas cuestiona la actitud de quien no escucha la voz del Señor. Recuerda que estás en un itinerario espiritual. El punto importante de este peregrinar es llegar a la Pascua y sumergirte en Cristo, para tener en Él una vida resucitada. Estas próximas semanas son relevantes para preparar el interior. Es el tiempo de confeccionar el traje para el encuentro cumbre con el Señor y la comunidad cristiana.
El profeta Jeremías advierte sobre los corazones endurecidos. La persona de corazón endurecido, conforme a la profecía, es aquella que camina a sus propios criterios. No la dirige la inspiración divina, sino las ideas personales. Imagina el resultado de un corazón maldoso, sin conversión, bombardeando pensamientos y con estos, acciones. Cuando alguien da las espaldas al deseo de Dios, es porque se le ha ido endureciendo el corazón. No tiene sensibilidad ni respeto al mensaje que se le dirige. No da la cara. No tiene valor de escuchar. Pero sí tiene fuerza para ignorar y dejar pasar.
El Señor, mediante su vocero Jeremías, realza la rigidez interior de quien, por más que se le repiten las cosas, no toma escarmiento. Ya le pueden gritar o insistir, y se queda estático, sin reacción, sin movimiento del corazón, atado o atada a la necedad. Esto acontece, a juicio del profeta, porque se fue perdiendo el valor de la sinceridad. En este tiempo de Cuaresma, y siempre, se hace necesaria la sinceridad como compañera de camino.
En el evangelio, se presenta un ejemplo de cómo piensa y actúa la persona de corazón endurecido. Sin acoger la gracia del Espíritu Santo es imposible la docilidad, la receptividad, para que la Palabra ablande el interior y lo haga flexible. Como consecuencia, no hay presupuesto para interpretar ni la presencia ni el obrar de Dios. Por tal motivo, cuando Jesús echaba demonios con el poder de Dios, había quienes difamaban la acción divulgando que lo hacía con la fuerza del maligno.
¿Pero cómo podría el mal echarse a sí mismo? El Reino de Dios había llegado en la persona de Jesús y no lo reconocían. El Señor es “el más fuerte”; es quien desarma. Entra en casa a rescatar a quien no puede liberarse por sí mismo. Los testigos de la acción liberadora de Jesús, no quisieron identificar la fuente de su poder. Si identificaban que su gracia provenía de Dios, se contradecían. Lo más cómodo, para no comprometerse, era descartar. En ese contexto, se comprende la expresión de Jesús: “El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama”.
“El que no está conmigo”, dice Jesús… No está con Jesús quien se queda pasivo e indiferente. Tampoco está con Él quien se mantiene al margen criticando y difamando la obra. No ayudar es fuerza contraria. Quien obra, pero no en nombre de Jesús, tampoco cosecha frutos del Reino. Quien no está en comunión con Jesús, sus acciones se apoyan en fuerzas contrarias al bien; “la cosecha podrida” no serviría de nada.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu corazón? ¿Es tu corazón dócil al Señor, a los toques del Espíritu Santo? ¿Hay que repetirte mucho las cosas para recapacitar? ¿Cómo está en ti el valor de la sinceridad? ¿Cómo está la sensibilidad espiritual, la actitud con la que recibes la Palabra del Señor cada día? Cuando lees la Palabra, ¿la acoges como información o como mensaje de vida que te lleva al encuentro con el Señor?
¿Identificas las luces interiores que te da la Palabra? En la vida cotidiana, ¿cómo descubres la voz de Dios? ¿Tú experimentas la voz del Señor mediante la voz de los demás? ¿Tú sabías que Dios te manda mensajes mediante serias conversaciones espirituales? ¿Cómo tú reaccionas cuando descubres que Dios te habla? ¿Cuáles son las características de las palabras del Señor? ¿Tienes en cuenta, para discernir su voz, que Dios no se contradice, que su pensamiento en el libro de la Biblia no es diferente a su manera de pensar en el libro de la vida?
Señor, como el salmista te digo que no quiero endurecer mi corazón. No quiero poner resistencia a tu voz. Que el Espíritu Santo vaya labrando y modelando un corazón dócil a tus inspiraciones. Hoy me postro ante tu presencia, bendiciendo tu nombre, reconociendo tu obra. Reconocerte, Señor, me compromete a estar contigo. Me quedo contigo, el más fuerte, invencible en el amor. ¿Cómo podría dudar de ti, cuando diariamente contemplo tus obras?
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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