MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 28/3/25

Hoy, viernes, tercera semana de Cuaresma, las lecturas te siguen conduciendo hacia el verdadero sentido de este itinerario espiritual. El tema de la conversión sigue siendo central, pero esta vez su énfasis recae, en este día penitencial, en torno al mandamiento prioritario, que son dos, a criterios de Jesús.

En tiempos de Cuaresma escuchas hablar, y se intenta practicar, con mayor frecuencia, ejercicios de penitencia y sacrificio. Desde la comunidad cristiana se preparan viacrucis, se promueven obras de caridad… entre amigos se comparten experiencias de pequeños sacrificios para ejercitar el interior, como renunciar a chocolates, meriendas, café, y otras cosas que espíen el interior y favorezcan el fortalecimiento de la fe.

Todas esas prácticas, además de ser necesarias, son buenas. Pero exigen, para su perfección humana y espiritual, el ingrediente del amor. Esto lo fundamenta Jesús a un escriba, un entendido de la ley, que le pregunta por el primero de todos los mandamientos. Para indicarlo, Jesús recupera un antiguo precepto: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

¿Cuándo este amar a Dios se torna sacrificio? Cuando descubres, observando y examinando tu interior, que allí en tu corazón, se han ido instalando otros amores baratos, apegos, que buscan usurpar el lugar de Dios. En este sentido, Cuaresma es tiempo de poner orden en el corazón. El sacrificio comienza con la peregrinación desde los falsos dioses hasta el único Dios verdadero, y permanecer con Él. Todas las prácticas y ejercicios espirituales han de estar a servicio de purgar el amor.

Aunque no puedas corresponder a Dios con la misma dimensión, altura, dignidad con la que Él te amó primero; lo único que se te pide es que le ames con todo lo tuyo, con toda tu existencia, con todo tu ser, y poseer. Desapegarse, renunciar, retornar a Dios con sinceridad de corazón, es un sacrificio agradable. Sin embargo, tampoco este tendría validez, si no va acompañado, simultáneamente, del segundo mandamiento prioritario, señalado por Jesús: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Todas tus penitencias y sacrificios no pueden desvincularse del consuelo que el otro, la otra, necesita.

Con la exigencia del segundo mandamiento, Jesús busca asegurar la salud espiritual de todos los que buscan a Dios. ¿Cómo podrá amar quién no tiene experiencia de amor? De ahí que el Señor te sitúa ante el desafío de amarte a ti mismo, con lo que recibes de Dios; y así tener una fuente para amar a los demás.

Lo que para Jesús es normal, el amor; para ti y para mí, no pocas veces, se nos torna sacrificio. El pasaje no especifica que ames aquellos con los que tienes parentesco o afinidad. Sencillamente te dice que ames al prójimo. El prójimo es el otro, el cercano, el que necesite de ti, sin distinción. Pero también se refiere, incluso, a aquellos que quizás han causado en ti sentimientos contrarios al amor. A todos, sin descartar, el Señor te pide amar. Y esto, dice el experto escriba, dirigiéndose a Jesús: vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

Jesús concluye el diálogo con el escriba diciéndole: “No estás lejos del Reino de Dios”. Es un detalle importante. El Señor no le dijo: “Estás en el Reino”, sino, “no estás lejos”. Porque hasta el momento, el entendido en leyes estaba a nivel de conocimiento. Sabía lo que era verdadero. Ahora, había que dar un paso más, aquel que va del conocimiento a la práctica de vida. Con el conocimiento solo no se entra al cielo. El conocimiento de las cosas de Dios puesto en obra purga el alma y la embellecen. Esta es la entrada a la mansión de los santos.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Sabías que Dios te ama, no porque tú lo merezcas, sino porque Él es bueno? ¿Qué meditas sobre la gratuidad de Dios? ¿Si Dios te creó por amor, qué es más natural para ti, aprender a amar o aprender a odiar? ¿Te miras a ti mismo con los ojos que Dios te mira? ¿Cómo sabes si te estás amando de forma saludable?

¿Por qué el amor a Dios y el amor al prójimo te llevan a abandonar el egoísmo? En este ejercicio de amar ¿qué sería para ti piedra de tropiezo? ¿Cuáles piedras de tropiezos se interponen entre tus conocimientos y la práctica de vida? ¿Cómo integras el conocimiento y el ejercicio cotidiano de aquello que conoces? ¿Tú te sientes en el Reino o cerca del Reino? ¿Tú aspiras a entrar al cielo o quedarte cerca? ¿Te imaginas quedándote cerca y luego ver, de lejos, algo de lo que pasa dentro? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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