MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 31/3/25

Hoy, lunes, semana 4ª de Cuaresma, las lecturas giran en torno a la virtud de la fe. Como don y gracia, la fe te da un chorro de luz divina que te permite pensar, ver, considerar e interpretar todas las cosas con ojos nuevos.

El Señor te anima a creer, por boca de su profeta Isaías, porque Él tiene el poder de crear un cielo nuevo y una tierra nueva. Esta nueva creación también alcanza tu vida. Toda historia, realidad, recuerdo y pensamiento, marcados por la amargura, pueden tomar otro rumbo. La gracia del Señor en ti puede plantar nuevas viñas, nuevos árboles, para recuperar el sentido de existir, dando frutos que sacien el hambre de los demás.

Si te abrazas a la fe y a la confianza en el Señor, vas a creer, aunque lo que vivas en el momento sea fuertemente árido y desconsolador. La fe te sostiene con firmeza y, en actitud de abandono en Dios, te ayuda a resistir con paciencia. Quien se abraza a la esperanza en el Señor no queda defraudado. A esta altura de la Cuaresma, lo veremos claramente con Jesús. Es insoportable el camino de la cruz, sin esperanza de Pascua.

El evangelio según san Juan, te presenta a Jesús en el ambiente de Galilea. Allí había hecho un primer milagro, convirtiendo el agua en vino. Ahora, en el pasaje del día, hace un segundo signo, haciendo que los corazones peregrinen de la incredulidad a la fe.

El Señor, escucha la súplica de un funcionario real, que tenía un hijo enfermo. Fue hasta Galilea, al encuentro con Jesús, pero el hijo había quedado, postrado, en Cafarnaún. El padre pedía a Jesús que bajase a curarlo. Este detalle hablaba de su poca fe. Necesitaba ver a Jesús caminando hasta su casa, entrar en ella, encontrarse con el hijo. La propuesta del suplicante estaba condicionada por su nivel de confianza. El Señor, emite un comentario que permite que tú y yo también nos cuestionemos: “Como no vean signos y prodigios no creen”.

La belleza de la fe está en creer aunque no se vea, y confiar aunque no se tenga nada asegurado. Con todo, en el pasaje, el Señor, tuvo paciencia con el proceso del funcionario. Toleró su insistencia, en la desesperación de que, si Jesús no iba, el hijo moriría. Con la postura tomada por el Señor, nos toca aprender que la fe no tiene fronteras ni distancia.

El Señor, no con su presencia física, sino con su Palabra, curó al hijo del funcionario. Al decirle: “Anda, tu hijo está curado”, nos instruye a confiar. Yendo de camino, criados del funcionario vinieron a su encuentro. Antes de llegar a su casa tuvo noticias sobre la sanación de su hijo.

La fe desemboca en fiesta de acción de gracias. Es lo que acontece con el orante, en el salmo. Ha sido testigo del cambio de su llanto por júbilo, de su luto por la danza. La fe te permite poner nombre a las manos que te rescatan del fondo del abismo, cuando estás bajando a la fosa.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu fe? ¿Tu fe te permite peregrinar por valles oscuros? ¿En qué momento te llega la desesperación? ¿Cuándo no tienes el control de las cosas, cuál es tu actitud? ¿Tú sueles darle consejos al Señor, de cómo hacer las cosas? ¿De dónde nace el atrevimiento de aconsejar a Dios?¿El Señor hace las cosas como tú quieres, o constatas que Él las hace conforme a su voluntad? ¿Qué sucede contigo cuando no ves los signos que procuras?

¿Has caído en la tentación de negociar la fe? ¿Por qué la fe te hace ver las cosas con ojos nuevos? ¿Qué pasaría contigo si tus ojos no tienen la pupila de la fe y de la confianza en el Señor? ¿Por qué la fe te invita a confiar aunque permanezcas en el sufrimiento? ¿Qué sucede en ti mientras Dios hace silencio? ¿Tú vas siendo testigo de un nuevo amanecer en tu vida? ¿Cuáles cosas nuevas el Señor va gestando en ti, en tu familia, en la sociedad, en la Iglesia? ¿Cómo vas preparando tu tierra para la nueva cosecha en Pascua?

Señor: que me sostenga la fe. La firmeza que me confiar en ti, no se compara con seguridades humanas. Yo también quiero peregrinar de toda tentación de dudas e incredulidades al abandono en ti. Tú eres, Señor, esa tierra nueva, ese cielo nuevo, donde quiero habitar en comunidad de hermanos y hermanas. Aquí estoy, en tu presencia, bendíceme y fortalece mi fe. Que tu gracia en mí no sea estéril. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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