MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 6/4/25

Ya estás en el V Domingo de Cuaresma, previo al Domingo de Ramos. El conjunto de las lecturas concentra un fuerte sentido de esperanza, de futuro salvífico, en Cristo Resucitado. Los textos inspiran para seguir venciendo y progresando hacia la meta pascual. Por eso, se te invita a que acojas estas palabras paulinas: “Yo sigo corriendo”; la expresión nace en alguien que lucha, pero que aún no ha llegado. No ha culminado el recorrido, pero está convencido de lo que espera.

El profeta Isaías te asegura, como al antiguo pueblo de Israel, que Dios te abre el camino. No pienses en lo antiguo caduco, sino detén tu mirada en lo nuevo que va naciendo, no por su cuenta, sino por la gracia que lo hace florecer. Cuaresma es tiempo de contemplar lo nuevo que va brotando en el corazón como frutos de sacrificios, penitencia y conversión. La gracia de Dios opera y abre surcos de esperanza en el desierto de tu vida. Repite, como san Pablo, en el silencio de tu corazón, “yo sigo corriendo”.

La esperanza tiene pies y corre. Que no te distraiga lo que dejas atrás, con tal de ganar a Cristo, porque Él es el premio. Todo es basura, en el pensamiento de Pablo, con tal de existir en el Señor. Tú renuevas el impulso, en la carrera, cuando vas conociendo quién es Cristo. Sin conocimiento no hay convencimiento. Pero no basta con conocer, es preciso vivir en Él. Por eso, limpia tu casa, todos los rincones de tu corazón, porque el premio más eminente de toda la historia está cerca. Sigue corriendo quien se lanza a lo que está por delante, sin que nada ni nadie lo detenga.

El evangelio presenta el caso de una mujer sorprendida en adulterio. No se imaginó que, sin saberlo, ella también corría. Sus enemigos, buscando lo contrario, la empujaron hacia la meta. La llevaron hasta los pies de Jesús con una intención. Donde esperaban condena, les esperó el perdón de los pecados.

Los acusadores, en la escena del pasaje, tenían piedras en las manos. Estaban respaldados por la ley. En el fondo, no buscaban la perdición de la mujer, ella era solo una carnada; planeaban la condena de Jesús. La pregunta que le hicieron: “La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras ¿tú qué dices?”, era una trampa. Si decía que no la apedreen, contradecía la ley. Si decía que sí, se contradecía a sí mismo. Se escucha, en medio de insistencias, la respuesta sapiencial: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”.

Es duro correr en la vía contraria; sorprenderse en la ruta de tirar piedras a los demás. Por la intervención del Señor, los acusadores soltaron sus armas. Al desarmarse, fueron liberados de su prepotencia y sus intenciones. Dejaron de mirar los pecados ajenos para encontrar los propios. Quien va por la vida acusando y examinando vida ajena se distrae y no avanza. Hay que soltar las piedras delante de Jesús.

Finalmente, la mujer, sometida a tanta vergüenza pública, comenzó a disfrutar del premio; el encuentro íntimo y personal con Jesús. Allí, a solas con Él, nadie la condenaba. Él tampoco. Solo se le exigía que se abra a la misericordia; fuente que limpia y purifica todo pecado. Jesús la invitó a seguir corriendo hacia la meta final, que era la unión con Él mismo. La liberó diciéndole: – “Anda, y en adelante no peques más”.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú, hacia dónde corres? ¿Tienes meta y propósito? ¿Cómo va tu camino de unión con el Señor? ¿Lo que vas dejando detrás te hace ruido? ¿Qué tienes que soltar para ganar a Cristo? ¿Cuáles basuras debes barrer de tu casa interior para recibir el premio con dignidad? ¿Tú sabías que en el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación se embellece la casa? ¿Con quiénes estás corriendo?

¿Mientras vas de camino, qué nuevo ves florecer? ¿Tú contemplas la luz amaneciendo en tu interior? ¿Tú experimentas la comunión con los santos abriéndote camino al avanzar? ¿Tú sabías que los santos son los primeros intercesores, los que te respaldan, para que llegues al final? ¿Alguna vez has corrido en ruta contraria hacia el premio, que es Jesús? ¿Qué haces si te sorprendes extraviado? ¿Cómo reaccionas ante el cansancio y las durezas del camino? ¿Tú, sigues corriendo hacia la Pascua?

Señor: como el salmista, nos alegramos porque has estado grande con nosotros en todo este camino cuaresmal. En ti no nos desesperamos. Mantenemos el ritmo en esperanza. Tú, Señor, cambiarás nuestra suerte. Lo que hemos ido sembrando entre lágrimas, en ti, Dios nuestro, lo cosecharemos con alegría. Santos y santas de Dios, corran con nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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