MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 13/4/25
(Is 50,4-7; Sal 21; Fil 2,6-11; Lc 22,14-23,56)
Viernes de la V Semana de Cuaresma
DOMINGO DE RAMOS:
PÓRTICO DE LA SEMANA SANTA
Hemos venido haciendo un camino reflexivo durante toda la Cuaresma. Ahora, es importante que sigas acompañando el misterio en que vamos a sumergirnos. Así podrás vivirlo con mayor sentido, y sacarle provecho para tu crecimiento espiritual, en comunidad cristiana.
El Domingo de Ramos es comparado a la puerta de entrada a la Semana Santa; la cual concluirá el Domingo de la Resurrección del Señor. Ya en el año 400 se venían haciendo dichas procesiones en Jerusalén. Quiere decir que estás viviendo una antigua tradición de fe, que peregrina conforme a los signos de los tiempos. Cada uno de nuestros pueblos, barrios, ciudades, campos, en diversos lugares del mundo, donde haya un creyente, un seguidor de Jesús, se convierten en esa Jerusalén, a donde el Señor se dirige.
Esa Jerusalén es la Iglesia, ciudad de Dios, donde tú y yo, vamos a entrar siguiendo a Cristo, acompañándolo con cantos; deseando, profundamente, que así entremos con Él en la Jerusalén del cielo. Pero para acceder al cielo, al país de la vida, es preciso permanecer con Él siempre, venga lo que venga, sin desistir. El secreto está en no soltarlo, no perderlo de vista, no distraerte, seguir sus huellas, y aprender de Él, guía y modelo.
En la liturgia del día, el conjunto de las lecturas, tiene un sentido hermoso, profundo. Por tal motivo, lo recomendable es no distanciar los momentos que la componen, sino identificar celosamente el hilo conductor que las une y las integra. Si la procesión revive esa entrada a Jerusalén, donde el Señor va a sufrir su pasión y su muerte en cruz; toda la Eucaristía tiene el clima de la pasión y el sacrificio. Te fortalece para acompañar a Jesús en el camino de la cruz, mientras te mantienes anclado a la esperanza que no defrauda.
Las lecturas escogidas fundamentan el misterio. La primera, tomada del profeta Isaías, te presenta al siervo sufriente. Este evoca la persona de Jesús. También nos reta a ti y a mí, si aprendemos de Él. Se realza la virtud de la obediencia. Refleja la actitud creyente de disponer los oídos del corazón para no decir ni hacer lo propio, sino lo que viene de Dios. El Señor es quien abre el oído. Al siervo le toca escuchar, conservar, comunicar, para llevar consuelo. En su misión, el siervo sufre, sin dejar de obedecer. Dispone todo su ser, sin resistencia. Ofrece su espalda y su rostro a sus agresores. Pero la conciencia, de saber que Dios le acompaña, le hace resistir, no confundirse ni avergonzarse.
La clave para una breve homilía o predicación está en la segunda lectura, tomada de la carta de san Pablo a los Filipenses. Porque este pasaje concentra el misterio pascual, de muerte y de vida. Ahí contemplamos a quien no hizo alarde de su condición de Dios, sino que se despojó de su rango… hasta la muerte de cruz. A su vez, vemos la respuesta de Dios; quien lo enaltece, concediéndole el Nombre sobre todo nombre…
La narrativa de la pasión, que en este ciclo litúrgico corresponde a Lucas, está llena de detalles, de puntos reflexivos fuertes. Lo más conveniente es que sea proclamada despacio, por personas conscientes de lo leen y del fin que se persigue; de manera que la misma proclamación se convierta en oración contemplativa. Una oración que permita acompañar a Jesús en cada acontecimiento, de sus últimos momentos de su historia terrenal. El objetivo no es suscitar sentimientos, sino convencimiento para fortalecer la fe. Cristo padeció, murió por nuestros pecados. Sin embargo, Semana Santa, no es Semana de duelo, sino de esperanza; porque dio su vida por la salvación de todos.
Preguntas que llevan al silencio: ¿De qué vas a alimentar a tu familia en esta Semana Santa? ¿Le vas a dar vitaminas de playa, de ríos, de hoteles, o le vas a dar vitaminas para el espíritu, para que su alma se una a Cristo? ¿Dónde experimentamos mayor paz: en comunidad de hermanos o en lugares con desconocidos? ¿Tú sabías que la pasión de Cristo te dice por qué sufrir? ¿Tú sabías que la muerte de Cristo te enseña por qué vale la pena morir? ¿En qué tú deseas que te sorprenda la muerte? ¿Quién está reinando en tu corazón? ¿Tú vas a entrar con Cristo en el cielo? ¿Qué entradas estás gestionando? ¿Te gustaría meditar la Pasión de Cristo desde las claves de la mansedumbre, la obediencia y la humildad? ¿Cómo vas a vivir esta Semana Santa? ¿La vivirás con Cristo o le dejarás caminar solo? ¿Y si no asumes los momentos de cruz, cómo vas a vivir en su gloria?
Señor Jesús, en tu cruz, recitaste el Salmo 21: “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?”. Esta oración refleja el silencio del Padre, la constatación del Hijo, quien ha venido preparándose para el momento crucial. Es la oración de quien, en el fondo, está sostenido por la confianza que emana de la obediencia y la fidelidad. Señor, que tu cruz sea para todos nosotros escuela de santidad.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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