MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 14/4/25
(Is 42,1-7; Sal 26; Jn 12,1-11)
Lunes Santo
LUNES SANTO:
MI PERFUME PARA EL SEÑOR
Estás en la Semana Mayor. En este Lunes Santo, el evangelista Juan narra cómo Jesús decide cenar en casa de sus amigos Marta, Lázaro y María. Pero no se trata de cualquier cena. Porque esto sucede “seis días antes de la Pascua”. O sea, ya el Señor está en víspera de su Hora, de su “Viernes Santo”.
Entre los presentes en la mesa con Jesús, estaba Lázaro, a quien el Señor había resucitado. Pero a quien, al mismo tiempo, las autoridades judías tramaban matar, por rechazo a Jesús. El hermano de Marta y María, recordaba la autoridad del Señor sobre la muerte, y el número de personas creyentes por este acontecimiento. Lázaro, durante toda la escena, estaba silente. Pero su sola presencia hablaba, daba testimonio e inspiraba confianza en Jesús. La figura de Lázaro, podría representar a todos aquellos que en “Semana Santa” deciden quedarse con el Señor, en comunidad. Optan por estar con Él, acompañarlo; vivir y sumergirse en su misterio, meditar sus palabras.
Marta, como de costumbre, estaba sirviendo. No son pocas las personas que, como esta hermana mayor, están afanando, providenciando lo necesario para que todos tengan “el alimento” y lo necesario a la hora. ¿Qué sería de nuestras comunidades sin estas “martas”? Sin embargo, el peligro está en “mucho movimiento por fuera” y “poca raíz espiritual por dentro”; ir y venir sin interiorizar ni buscar interpretar los pequeños y significativos detalles en torno a la persona de Jesús.
Mientras todo transcurría, había un corazón de mujer palpitante. El gran amor no se improvisa. Seguro María tenía previsto este momento. Había llegado la ocasión de expresar lo mucho que amaba. No había tiempo qué perder. El Señor estaba presente y la oportunidad era única. Así que tomó, en justicia, una libra de perfume. Llama la atención la descripción de este, “puro”, “auténtico”, “costoso”. Estos son los rasgos del amor que Jesús merece, en correspondencia a su mayor amor. María es para ti y para mí, escuela de amor.
El “ungido de Dios” es “ungido por María” y quiere ser ungido por ti también. En el texto, ella unge sus pies y los enjuga con la toalla de sus cabellos. Es el amor hecho gesto, ternura, compasión. Todos los símbolos recuerdan y anuncian lo que está por venir. El aroma no se controla. Se esparce. Cuando alguien ama verdaderamente todas las personas sensatas pueden identificarlo. Con Jesús no se regatea ni se economiza. María te enseña el sentido del genuino derroche.
La intervención de Judas, con hipocresía, reclamando a favor de los pobres, queda corregida. En ese momento del texto, el Señor Jesús, era ese “pobre”. No siempre, en nuestras comunidades, estos son reconocidos aunque estén presentes. En ocasiones son ignorados, puestos al margen. El pasaje del día, también te educa y me educa a que invirtamos nuestro mejor perfume con los más pobres y necesitados, no solo de recursos materiales sino de la misma salvación.
La pobreza de Cristo se puede interpretar a la luz de la primera lectura, tomada del profeta Isaías. Él es el siervo, humilde, sencillo, fiel, que no tiene otro soporte a no ser el Padre, quien lo sostiene. Es la pobreza de quien se vacía de sí para llenarse de la fuerza del Espíritu Santo y obedecer hasta la muerte, a fin de llevar a cabo la misión. La misión de abrir los ojos a los ciegos y liberar a los cautivos, siendo conducido por quien lo ha formado y lo ha hecho alianza y luz.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú sabías que el Señor ha tomado la decisión de ir a tu casa, de visitar tu corazón, de cenar contigo? ¿Cómo te estás preparando para acogerle? ¿Tú sabías que es el momento de estar más intensamente de ojos fijos en Jesús, de oídos atentos a sus palabras? ¿Tu amor hacia el Señor es “puro”, “auténtico”, “caro”? ¿Qué cosas, realidades, amenazan con aguar o licuar el amor al Señor? ¿Tu amor por Jesús habla sin hablar? ¿Tú esparces el perfume de Cristo, porque estás muy unido a Él? ¿En este momento, estás regateando, negociando, un sí para el Señor? ¿Cómo se siente la mediocridad en un corazón que no sabe corresponder? ¿Se te ha pasado el momento de la caridad por estar calculando, racionando? ¿Cómo se desenmascara la hipocresía cuando se buscan otros intereses? ¿Te vas a quedar con Jesús, con la comunidad, esta Semana Santa?
Señor: como el salmista te digo tú eres mi luz y mi salvación. Por eso, en medio de las lágrimas y los perfumes, yo sigo confiando. Mi corazón está seguro y nada temo. Aunque no comprenda y tenga que esperar, me abandono en ti. Esperamos, Señor, todos, gozar de tu dicha en el país de la vida. Que podamos esperar en ti, con valentía y voluntad de acero.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
Contenido publicado originalmente en los canales de las Parroquia De Los Santos Ángeles Custodios, PSAC, por la Pastoral Digital, bajo en link: http://www.parroquiaangelescustodios.org – Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales – Pastoral Digital PSAC
