MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 16/4/25
(Is 50,4-9; Sal 68; Mt 26,14-25)
JESÚS PREPARA LA CENA DE PASCUA:
JUDAS PREPARA LA TRAICIÓN.
Hoy es Miércoles Santo. En los tres primeros días de la Semana Mayor te has venido preparando para vivir el Triduo Pascual, que comienza mañana Jueves, con la Misa Vespertina de la Cena del Señor; cuyo culmen será la Vigilia Pascual. Terminará con las vísperas del Domingo de Resurrección.
El evangelio de este día, tomado de Mateo, te permite contemplar dos movimientos que suceden simultáneamente al interior de la comunidad de los Doce. Por un lado, Jesús está centrado en preparar la cena de Pascua con los suyos. Por otro, Judas, uno de los discípulos, organizando y buscando la manera de entregar, traicionar, a su Maestro.
Judas, fuera de la comunidad, les propuso a los sumos sacerdotes: “¿Qué me dan si se lo entrego?” Su gestión dejó en evidencia su avaricia. En el corazón de Judas se fue formando un “becerro de oro”, y cayó en idolatría. El dinero fue acaparando su atención y se convirtió en su señor. En vez de unirse más a Jesús, se fue uniendo a los bienes. En esto embelesó su atención. Pero, la precaria bolsa de la comunidad de los Doce no era suficiente. Quería más, y decidió hacerlo sin medir consecuencias. Buscaba lo suyo, satisfacer su codicia. “Treintas monedas” fue el ajuste por el cual aceptó traicionar a su maestro y en Él, a toda la comunidad, al proyecto del Reino y a él mismo.
Otros discípulos, captando el interés de Jesús: unir más a la comunidad, fortalecerla, prepararla y, sobre todo, amarla intensamente, le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”. Mientras Judas buscaba lo suyo propio, el Señor, planificaba el bien de todos. Uno buscaba ventajas para sí, el otro, la bendición en torno a la mesa de salvación.
Judas discernía, en su interior, la ocasión oportuna de entregar al Señor, de ejecutar y llevar a cabo su plan. El pensamiento malo lo habitaba. Su maquinación era constante. El enemigo había tomado control de su raciocinio; seguía las instrucciones del maligno. Jesús, por su parte, reflexionaba que su momento estaba cerca. Refleja la conciencia de quien desea preparar a los suyos, consolarlos, fortalecerlos y, sobre todo, dejarles las vitaminas suficientes para que no desmayen en el camino, la Eucaristía. Los demás discípulos, en este momento, se dejaban conducir por las instrucciones del Señor.
El mal se filtró en la comunidad de los Doce y el aroma lo delató. Había un ambiente de consternación, dudas, interrogantes, ante la declaración de Jesús, sobre alguien que lo entregaría. Nació la sospecha; la perturbación también. Todavía en esta realidad y refiriéndose a sí mismo, el Señor les siguió instruyendo: “El Hijo del hombre se va como está escrito de Él; pero ¡ay del que va a entregar..!, más le valdría no haber nacido”.
Los planes malvados parecen triunfar, mientras Dios hace silencio. Sin embargo, el que es sostenido por Dios, como lo afirma el siervo sufridor, puede dar la cara y confrontar: “¿Quién es mi rival?”. Este cuestionamiento brota en el corazón puro y sincero de quien no busca nada para sí. Toda su existencia está volcada a instaurar en la tierra los intereses de Dios. Por eso, el siervo, sin ocultar sus espaldas ni su rostro a los contrarios, sabe que Dios lo asume responsablemente. Por eso, no se intimida, permanece fiel.
Preguntas que llevan al silencio: en este momento de tu vida ¿Qué estás preparando? ¿En qué te sorprende la mirada, la presencia del Señor? ¿Lo que gestionas, lo que sueñas, está relacionado con qué? ¿Cuáles son los intereses que mueven tu corazón? ¿Por qué te desplazas? ¿Qué puertas estás tocando? ¿En qué consisten tus ajustes, tus planteamientos?
¿Cómo desenmascarar el “becerro de oro” que se forma dentro? ¿Tú buscas tu propio momento o esperas el momento del Señor? ¿Por qué la conciencia agradecida previene la traición? ¿De la misma manera en que Jesús deseó celebrar la Pascua con sus discípulos; tú deseas vivir la Semana Santa con Él, en comunidad? ¿La presencia de tus contrarios te intimida? ¿Por qué motivos son tus contrarios? ¿Las personas que te son contrarias, a su vez, son contrarias a Jesús?
Señor: como el salmista te expongo mi causa. No quiero ser tu rival ni llevarte la contraria. Deseo, Señor, unirme a ti, aunque tenga que afrontar vergüenzas y pesares. Que a pesar de la hiel y el vinagre que experimente en mi paladar, yo pueda, en tu gracia, Señor, alabar tu Nombre y permanecer fiel. Porque los humildes, Señor, que esperan en ti, nunca quedan defraudados.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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