MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 18/4/25
(Is 52,13_53,12; Sal 30; Hb 4,14-16; 5,7-9; Jn 18,1-19,42)
VIERNES SANTO:
DOCE SIGNOS DE ESPERANZA EN LA CRUZ.
Hoy, Viernes Santo, el reclamo más exigente expresa: “Miren el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo. ¡Vengan a adorarlo!”. La espiritualidad de la adoración de la Cruz remite a la conciencia de quién estuvo crucificado en ella, qué sangre fue derramada ahí y por qué. El Hijo de Dios subió al madero por nuestros pecados y, muertos al pecado, nos abrió el camino de la vida. Por eso, podemos afirmar que de la Cruz brotan signos de esperanza. Dejamos claro que la Cruz, no solo comprende el madero en sí, sino todo el dolor y el sufrimiento que abarca la Pasión del Señor.
- “Jesús instituye la Eucaristía”. En la Última Cena, el Señor demuestra a los suyos que se quiere quedar con ellos para siempre. Como muestra de amor profundo, con el fin de que ninguno se pierda, y de garantizar el genuino alimento para el camino, el Señor se nos da de manera real y sacramental. Nos deja también los sacerdotes para hacer posible dicho misterio de amor. Nos muestra el ejemplo y la actitud para servirnos unos a otros fraternalmente.
- “La oración”. Mediante la vigilancia orante, en el Huerto de Getsemaní, Jesús aprendió sufriendo a obedecer. La oración alimenta la esperanza. Jesús te enseña la manera de permanecer anclado, anclada, a la voluntad del Padre en toda circunstancia. “Si quieres, aparta de mí ese cáliz, pero que no sea mi voluntad sino la tuya”.
- “Esperanza de cielo”. Jesús le afirmó a Pilato, cuando estaba siendo interrogado: “Mi reino no es de este mundo”. La esperanza tiene dimensión de eternidad, de trascendencia. Ella solo espera lo que Dios puede dar. Tú, como yo, hemos de alimentar el sentido trascendente de esta vida. Que estemos en este mundo, haciendo camino, pero con la conciencia de peregrinar al cielo.
- “Cirineo”. Es un personaje de esperanza. Aparece al momento oportuno, cuando Jesús cargaba la Cruz. Él te muestra la actitud de abrazar la Cruz verdadera y desprenderte, a su vez, de toda cruz falsa, que no tenga sentido redentor. Cuando tú arrimas el hombro para ayudar al otro a cargar su cruz, también te conviertes en signo de esperanza.
- “Presencia mariana”. La Madre de Jesús le acompaña camino al Calvario. Llora junto a todas las mujeres que sufrían por el Señor. El que iba a ser crucificado dirige para ellas palabras de consuelo: “No lloren por mí”. La Virgen María se convierte, en medio de tus dolores y pesares, en una estrella de esperanza.
- “El perdón”. No hay virtud sin antes haber sido probada. Es lo que sucede con el Señor, colgado en la Cruz. De sus palabras solo brota el perdón, porque sus contrarios no saben lo que hacen. Cuando tú perdonas de corazón se te abre la esperanza del cielo.
- “Conversión”. Uno de los bandidos crucificado con Jesús, mantuvo el corazón endurecido. Pero otro fue capaz de interpretar el acontecimiento. Pudo testimoniar, de cerca, la mansedumbre y la humildad que solo pudo haber venido del Hijo de Dios. Creyó en Él y le dijo: “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Este acontecimiento nos revela que “no hay santo sin pasado ni pecador que no tenga futuro”.
- “Comunidad de amor”. Al pie de la Cruz nace la Iglesia. Jesús toma decisiones para favorecer nuestras andanzas. Le entrega a su Madre al discípulo amado. Te la entrega a ti y a mí, para que la amemos y cuidemos. Pero también, entrega a la Madre el nuevo rostro de su hijo, para que lo respalde y le acompañe por siempre.
- “Abandono al Padre”. Más allá de la muerte está Dios esperando. Jesús entrega con genuina confianza su espíritu. No cae al vacío, sino al corazón del Padre. Sabe que el Dios leal lo librará.
- “Costado abierto”. Luego de haber muerto, al Señor le abrieron su costado. Ahí tenemos la oportunidad de contemplar su amor, su corazón. De esta herida brota sangre y agua; la nueva vida sacramental. Con razón, se afirma que: “sus heridas nos han curado”.
- “El silencio de Dios”. El Señor es colocado en el sepulcro. Cuando pareciera que todo ha concluido, comienza una nueva etapa: respeto al silencio de Dios. Cuando Él hace silencio, te prepara para lo que va a decir. Es el momento de la paciencia, de la confianza y la espera, siempre al lado de la Virgen María.
- “La resurrección del Señor”. La muerte no es la última palabra del Padre. Porque Cristo ha resucitado, se convierte para nosotros en la esperanza que no defrauda.
Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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