MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 21/4/25

Hoy, lunes de la octava de pascua, el Evangelio te permite meditar en algunos signos del Resucitado. Porque Él, como hemos venido insistiendo en este Año Jubilar, es la esperanza que no defrauda. En medio a situaciones adversas, la luz del Resucitado estimula las pupilas de tu fe para que, como esas mujeres testigos, tú también puedas descubrirle presente, real, en la vida. Esos signos son:

  1. “El amor”. Es el primer signo del Resucitado. El amor es más fuerte que la muerte. Esto lo demuestra el Padre. Guardó silencio para responder con la vida plena. La raíz del amor, permitió que María Magdalena y sus amigas se levantaran de madrugada, sin temor alguno al camino oscuro. El amor te hace caminar. Cuando faltan las evidencias, el amor se mantiene de la memoria. Lo que hizo Jesús, por cada una de ellas, mantuvo encendido el fuego del amor. Cuando has tenido experiencia de amor, descubres y esparces sus signos por todos los caminos.
  2. “La tumba vacía”. Esas mujeres fueron a buscar a Jesús al sepulcro, donde pensaron que estaba. Pero la presencia de ángeles, mensajeros del cielo, las fue guiando y orientando para no buscarlo en el lugar errado. Jesús había resucitado. El Resucitado estaba operando. La tumba vacía no era una decepción, sino una confirmación, que fundamenta la fe. Hoy, también es necesario identificar las “tumbas vacías”; espacios, lugares, realidades, que no te muestran al Jesús de la vida.
  3. “La alegría”. La presencia del Resucitado se refleja en la alegría. Una alegría plena, profunda, centrada y fundamentada. Es la alegría que nace de la convicción. Hay noticias que te alegran el alma. Eso fue lo que hicieron los ángeles. Alegraron plenamente los corazones de esas mujeres. Cuando el interior está alegre, los pasos llevan más determinación y prontitud. Ellas salieron corriendo a contar a los demás. La alegría verdadera contagia y fortalece los lazos comunitarios. En la fe, nadie festeja solo o sola. Hay que saber identificar con quién se comparte los verdaderos tesoros de la fe.
  4. “El encuentro”. La experiencia con el Resucitado no podía limitarse a una noticia por un tercero. La noticia que se transmite con mayor fuerza es aquella que previamente ha tenido un encuentro. Los mensajeros, los ángeles, prepararon el camino, pero Jesús lo selló con su presencia. Les reafirmó el espíritu, diciéndoles: “Alégrense”. Esta exhortación es para ti y para mí. Necesitamos abrazarnos a esta santa alegría; no necesita ruidos ni carcajadas vacías. Es la alegría nacida porque el Resucitado ha querido salir al encuentro y te has encontrado con Él, capacitándote para ser testigo.
  5. “La valentía”. El Señor les dice: – “No tengan miedo”. Reciben estas palabras estando postradas, abrazadas a los pies del Resucitado. Las cicatrices de Jesús se tornaron manantiales de esperanza. Bebiendo de su fuente, ellas asumieron, con fuerza, la tarea. El encuentro con el Señor les dio seguridad y determinación.
  6. “El testimonio”. La experiencia con el Resucitado no se engaveta, se expone, a pedidos del mismo Señor. Es Él quien autoriza, quien motiva, quien envía, en lazos comunitarios. El mensaje se dirige a la comunidad, a los de dentro, y a los de fuera. Por eso, en los Hechos de los Apóstoles, observamos la valentía de Pedro, para anunciar a los judíos que el Señor había resucitado, rompiendo las ataduras de la muerte.
  7. “Nadar contra corriente”. Mientras los más íntimos de Jesús iban anunciando la verdad, con alegría y en gratuidad; el evangelio muestra cómo los contrarios al Señor, iban llevando noticias falsas, sostenidos por intereses personales. Para ocultar la resurrección, las autoridades de la época tuvieron que pagar. Todavía hoy, hay quienes pagan para divulgar mentiras. Pero también hay quien cobra para anunciar la verdad.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu fe para descubrir los signos del Resucitado? ¿Cómo describes la llama de amor encendida en tu corazón? ¿Ella está fuerte, amenazada por el viento, o firme en cualquier circunstancia? ¿Qué significa tener un corazón de cirio pascual? ¿Has experimentado la alegría del Resucitado? ¿Alguna realidad te quiere robar la alegría? ¿Te has conformado con que otros te hablen de Jesús o tú necesitas, realmente, un encuentro con Él? ¿Cómo te sitúas ante Jesús Resucitado? ¿Qué haces con tu experiencia del Señor, con quién la compartes, dónde la celebras? ¿Por qué la espiritualidad cristiana exige comunidad? ¿Cuáles fuerzas contrarias al anuncio del Señor Resucitado puedes desenmascarar?

Señor Resucitado, en que en tu luz nos encontremos, nos santifiquemos y seamos tus testigos. De la misma manera que por cirio, se esparcieron tantas lucecitas, que por nuestro testimonio de ti, podamos contagiar al mundo de esperanza. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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