MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 23/4/25

Hoy, miércoles octava de pascua, seguimos celebrando la Resurrección del Señor como si fuese el mismo domingo. En este sentido, has de hacer diferencia entre lo que fue “el Jesús histórico” y “el Cristo de la fe”. El histórico, era aquel que literalmente caminó por Palestina y todos sus pueblos, por la causa del Reino de Dios. En su dimensión humana padeció limitaciones, menos en el pecado.

Pero una vez resucitado, el Señor adquirió nueva dimensión. Retornó a su condición plenamente divina. Como Señor de la vida, vencedor de la muerte, pudo hacerse presente mediante numerosas mediaciones. Para encontrarte con Él es necesaria la fe, porque ya su presencia es distinta. Si las pupilas de la fe no están despiertas, la presencia del Señor no se identifica ni se reconoce. Se trata del lenguaje del Espíritu Santo. Así como el Señor se eleva, tú y yo estamos llamados a elevar nuestro espíritu, sin dejar de pisar en tierra, para encontrarnos con Él.

El evangelio del día, que narra lo vivido por los discípulos de Emaús, te enumera distintas mediaciones, donde tú puedes tener un encuentro personal con Jesús.

Encuentras al Resucitado en los caminos de la vida. Los discípulos de Emaús te enseñan a caminar despierto, despierta. Él se puede presentar en cualquier momento, mientras vas de camino. Allí te alcanza, en diversos rostros, con tus dudas, inquietudes, preocupaciones… Es Él quien tiene la iniciativa, en el pasaje, de acercarse e interrogar: “¿Qué conversaciones traen por el camino?”. No quiere que su nombre sea recuerdo, sino presencia viva. Busca que los suyos superen cualquier tipo de frustración; expresada, en el texto, mediante la expresión: “nosotros esperábamos que…”.

La Sagrada Escritura es fuente para el encuentro con el Señor. La famosa frase de san Jerónimo lo dice todo: “Desconocer la Sagrada Escritura es desconocer a Cristo”. Por eso, el Señor mismo recurre a ellas, para que, con el auxilio del Espíritu Santo, puedan superar la torpeza de mente y corazón. Sin base bíblica no hay discernimiento para interpretar y comprender. También a ti y a mí el Señor nos ofrece su Palabra cada día; es nutriente necesario para despertar y entender.

La Santa Eucaristía es otra fuente privilegiada para el encuentro con el Señor. Los discípulos, luego de tanto caminar, hicieron la parada. Después de intensas reflexiones, consideraciones, sintieron la necesidad de hacer silencio, entrar en casa. Que nunca te falte ese detenerse, esa necesidad de recogerse en el interior. Es el Señor quien sigue preparando la mesa, mediante las manos del sacerdote. Es Él mismo quien toma el pan, se hace pan, partido y compartido. Ese manjar de gracia, tanto en el pasaje de la Biblia como en el libro de nuestras vidas, nos sigue abriendo los ojos para reconocer al Señor y alimentarnos en Él.

El corazón es mediación para el encuentro con el Resucitado. Una vez compartido el pan, el Señor se les desapareció. Debió ser así. Lo comenzaron a llevar en el corazón. Allí penetra Él, en su Palabra, que lo hace arder. Porque su Palabra es fuego que transforma. Pero también llega al corazón, de manera especial, por la Eucaristía. Es una responsabilidad el comulgar, porque a Jesús resucitado no se recibe en cualquier lugar, de cualquier forma. En adelante, desde la fe, el camino no se hace en solitario. Él va peregrinando junto. La conversación o la presencia con el Señor son permanentes.

El Resucitado se encuentra en la comunidad. Los discípulos regresaron a la comunidad. Cuando tú regresas, luego de haberte distanciado de los hermanos y hermanas, es signo de resurrección. En la dispersión hay angustia, en la comunidad, paz. Porque es en comunidad donde el Señor manda su bendición.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo descubrir a Jesús resucitado por los caminos de la vida? ¿Tú estás interpretando la historia, los acontecimientos, a la luz de la fe? ¿En algún momento has experimentado torpezas para entender las realidades de la vida? ¿Qué cosas de Jesús te han sorprendido, de manera que lo que tú pensabas que era no resultó así? ¿Qué significa la Sagrada Escritura en tus manos? ¿Cómo cala la Palabra del Señor en tu corazón? ¿Tú sabes que la Palabra arde en el corazón porque ella es presencia viva del Señor, del Espíritu Santo? ¿Tú te dejarías enfriar el calor de la Palabra en el corazón? ¿Cómo está tu detenerte con el Señor? ¿Qué valor, lugar, le das a la Santa Eucaristía en tu vida? ¿Te consideras una persona de ojos abiertos? ¿Cómo alguien pudiera llevarse bien con el Señor y mal con su comunidad cristiana; dónde está la contradicción en ese detalle? ¿Tú sabías que tu corazón es un sagrario donde puedes llevar la presencia del Señor? ¿Reconoces al Señor en los pobres, en los que sufren, en los más necesitados?

Señor: te doy las gracias porque sales a mi encuentro cuando eres tú el importante. Que yo pueda abrirme a tu presencia resucitada. Que mis ojos despierten, que mi mente pueda comprender tus designios. Aquí está mi corazón, Señor; hazlo arder en el manjar de tu Palabra, de tu Eucaristía; que pueda, en comunidad de hermanos y hermanas, ser signo de esperanza.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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