MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 28/4/25
(Hch 4,23-31; Sal 2; Jn 3,1-8).
II DOMINGO DE PASCUA
NACER DE NUEVO
Hoy, lunes, segunda semana de Pascua, la lectura de Hechos de los Apóstoles y el evangelio de Juan, muestran el camino de un nuevo nacimiento.
El personaje Nicodemo, jefe judío, se sintió atraído por la persona y el mensaje de Jesús. Fue a verlo de noche. Arraigado a su antigua condición, no tenía el valor suficiente para hablar con el Señor en público. Prefirió hacerlo en secreto, en discreción, y así evitar comentarios y contrariedades. En la actualidad, pueden existir nuevos “nicodemos”, sin libertad para declarar los amores con Jesús. Hay quienes todavía tienen vergüenza de ser diferentes, y prefieren ocultar su opción por el Señor.
En el pasaje, Nicodemo reconoció frente a Jesús, la identidad de este, su procedencia; porque aseguró que nadie puede “hacer los signos” que él hace sin Dios. Pero el Señor le provocó más; para que no se conforme con ver signos, sino que pueda dar el paso a ver el Reino. Se le exigió, para dicho fin, nacer de nuevo.
Sumergido en el mundo terrenal, Nicodemo no comprendió el lenguaje de Jesús. Pero gracias a su ignorancia, hoy tenemos acceso a la verdad revelada por el Señor. En cualquier etapa de la existencia, podemos nacer de nuevo, tener un nuevo comienzo, por medio del agua y del Espíritu.
La imagen del agua, en el camino de fe, recuerda el Bautismo, con el cual se nos da la identidad de pertenecer a Dios. Cuando uno sabe quién es y a quién le pertenece, no necesita esconderse, disimular o aparentar. Sencillamente, vive en transparencia y en libertad; siendo lo que se debe ser, con la asistencia imprescindible del Espíritu Santo.
En la coherencia del pasaje, quien nace de nuevo, no solo ve signos del Reino y el mismo Reino, sino que puede entrar en él. Cada uno sabrá si se conforma con ver, y no proseguir hacia la dirección cierta, donde se le da el cielo, la santidad. En cada signo se nos dice: hay más. Se espera que, aquello mostrado, seduzca y fortalezca para cumplir las exigencias y entrar.
Cuando la persona vive según la carne, la carne le gobierna. Esto es, el propio yo, el propio querer. Sin embargo, quien ha nacido del Espíritu, ya vive en otra dinámica. No va donde quiere, no hace lo que le place a sí; sino que se deja conducir por el Espíritu del Señor, para hacer su voluntad. Para expresar dicha verdad, el Señor utiliza la imagen del viento. “El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va”.
“El viento” es una imagen utilizada para hablar del Espíritu Santo. Al viento, tú lo oyes. Al Espíritu Santo también puedes escucharlo. Esta escucha implica obediencia. De ahí que, así como no sabes a dónde va el viento, tampoco sabes, ni tienes idea, de los caminos por los cuales te quiere conducir el Espíritu para que entres en el Reino.
Quien nace de nuevo puede identificar, en su vida, contrastes. Como Nicodemo, quien testimonia el paso de ver a Jesús de noche, al defenderlo públicamente (Jn 7,50); y tener afinidad en secreto, a ser discípulo con determinación (Jn 19,39). Es lo que se contempla en los Hechos de los Apóstoles, en la primera lectura. La primera comunidad cristiana, representada en Pedro y en Juan, si antes fue miedosa, ahora recibe la valentía, en el Espíritu Santo, para anunciar la Palabra.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú confías en que puedes nacer de nuevo en el Señor? ¿Qué puede ser más fuerte: tus arraigos estériles o la gracia transformadora? ¿Si el Señor confía en ti, tú confías en ti mismo, en ti misma? ¿Tú puedes observar en tus adentros el nuevo amanecer de tu vida? ¿Cómo percibes que algo nuevo nace en ti? ¿Tú le das oportunidad a los más cercanos tuyos para que nazcan otra vez en el Espíritu? ¿Qué nuevo nace en tu familia, en tu comunidad cristiana, en la sociedad? ¿Hacia dónde te conduce el Espíritu Santo? ¿Sientes la fuerza que el Señor te da para que vayas a donde Él quiere? ¿Has declarado tus amores con Jesús? ¿Anuncias su Palabra con valentía?
Señor: ante ti, con toda la memoria de lo que soy, me dispongo una vez más a que me hagas de nuevo. No quiero tener resistencias, no quiero despreciar ni ignorar lo que hace bien a mi alma. Prefiero abandonarme a tu gracia y a tu misericordia. Que tu luz resucitada me permita contemplar brotes de santidad en mi interior, que estos se reflejen fuera en actitudes de amor y servicio desinteresado a quienes me necesiten. Aquí está esta pobre y sencilla vida, Señor, la pongo en tus manos; muéstrale los tesoros del cielo, y que pueda servir, con valentía, para hacer visible tu Reino.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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