MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 29/4/25

Hoy, martes 29 de abril, segunda semana de Pascua, celebramos a Santa Catalina de Siena, Virgen y Doctora de la Iglesia. Nació en Siena, en el año 1347 (Italia). En la época, Italia no era tierra del Papa; la sede estaba en Francia desde el 1309. Controversias entre familias poderosas, de aquel contexto, originaron saqueos y usurpación de las principales ciudades.

La misión de Catalina, en los 33 años de vida, estaba marcada por esas circunstancias: hacer que el Papa volviera a Roma, unir a las familias enfrentadas, mientras se ofrecía a sí misma por la unidad de la Iglesia y la salvación de las almas. A los 17 años recibió un hábito, que la distinguía como consagrada dominica, pero viviendo en su casa; con libertad para gestionar la obra que el Señor le había encomendado.

Estamos hablando de una doctora que aprendió a leer, adulta, por la pasión de conocer a Cristo en la Sagrada Escritura, y recitar oraciones que la unieran más a Él, su divino Esposo. Se dice que leía despacio, saboreando cada palabra. Sin embargo, su ciencia era infusa. El Señor mismo le revelaba los saberes. Ella dictaba, en inspiración divina, escritos doctrinales. También dictó numerosas cartas a reyes, cardenales, obispos, para fundamentarles los intereses de Cristo y, a partir de estos, entrasen en razón. Catalina sostuvo conversaciones con el Papa. El Espíritu Santo le asistía para iluminar, con humildad y obediencia, pasos importantes a nivel eclesial. Con todo, nunca le faltó, un director espiritual.

El 29 de abril, de 1380, moría en Roma, ofrecida como víctima por la Iglesia. Fue canonizada 81 años después de su muerte. Posteriormente fue declarada co-Patrona de Italia. El Papa Pablo VI la reconoció como Doctora de la Iglesia en 1970. Su “tesis doctoral”, o sea, los escritos inspirados que recogen su doctrina, están plasmados en una profunda obra llamada: “el diálogo”, la colección de cartas, y oraciones personales. Pero su libro principal fue su propio testimonio de vida: pobre, austero, sencillo, radical.

A la luz de las lecturas del día, pudiéramos decir que Catalina, como los primeros cristianos, fue capaz de vender todos “los terrenos”. No tenía nada oculto en su corazón. Su amor por el Señor fue íntimo y público. Le fue fiel. Tenía un anillo, de alianza, que solo podía ver ella. No estaba dividida en sus adentros. Sus palabras y sus andanzas solo buscaban agradar al Señor. Quiso ser mártir, pero el martirio lo vivió gastándose, en el fuego de la caridad y el servicio. Le asignaron tres sacerdotes para que confesaran mientras ella predicaba. Con el don de la predicación, numerosas personas se convertían.

Catalina, con la firmeza de los apóstoles, presentó a Cristo como un puente. Invitó a todos a subirlo, escalar, para huir de la mediocridad, del río de las vanidades, y elevarse así a la vida eterna. El camino de la autenticidad, en Cristo, era la vía perfecta para la santidad. Por eso dijo: “Si somos lo que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero”. Para la vida espiritual, de raíz en el Señor, la santa recomienda habitar en el jardín interior, cuidarlo, podarlo; mantener el diálogo íntimo con el Señor, la unidad con Él, y desde ahí, vivir la caridad.

Como lo afirmó el Señor a Nicodemo: “de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio”. Así es Catalina. Una mujer de Espíritu que supo descifrarnos la verdad revelada por Cristo. Denunció, con fuerza, todo lo que contrarrestaba la voluntad de Dios, la mundanidad espiritual.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú, como los apóstoles, y santa Catalina, has “vendido todos tus terrenos” con tal de ganar a Cristo? Esto es: ¿eres libre para amar a Cristo? ¿Eres transparente? ¿Vives en autenticidad? ¿Tú estás respondiendo a los intereses de Cristo? ¿El Señor ha encendido tu corazón de amor? ¿Qué significa para ti la palabra “martirio”? ¿Cómo mueres por la santidad de la Iglesia? ¿Te duele la Iglesia como te duele tu propia madre? ¿Qué haces para que la Iglesia no sufra? ¿Sabías que tú eres Iglesia? ¿Tu presencia une o separa más a los hermanos? ¿Qué estás siendo y haciendo para dejar las cosas mejores que como las encuentras? ¿Tú denuncias y renuncias a la mundanidad espiritual en tu propia vida? ¿Ese corazón tuyo, a quién le pertenece?

Oremos con un trecho, de una de las cartas de Catalina: “Viviendo en Dios, por tanto, no se puede tener amargura alguna, porque ¡Dios es delicia, dulzura y alegría infinitas! ¡Es ésta la razón por la que los amigos de Dios son siempre felices! Aun enfermos, indigentes, afligidos, atribulados, perseguidos, nosotros estamos alegres. Aun cuando todas las lenguas que hablan mal nos criticasen, no nos importaría, ya que de todo nos alegramos y disfrutamos, porque vivimos en Dios, nuestro reposo, y gustamos la leche de su amor. Como el niño obtiene la leche del seno de la madre, así nosotros, enamorados de Dios, obtenemos el amor de Jesús crucificado, siguiendo siempre sus huellas y caminando junto a él por la vía de las humillaciones, de las penas y de las injurias. No buscamos la alegría si no en Jesús, y huimos de toda suerte de gloria que no sea la de la cruz. Por tanto ¡Abraza a Jesús crucificado, alzando hacia él la mirada de tu deseo!”.

Santa Catalina de Siena: Ruega por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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