MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 02/5/25
(Hch 5,34-42; Sal 26; Jn 6,1-15).
II SEMANA DE PASCUA
JESÚS: ALIMENTO QUE SACIA EL ALMA
Este viernes, segunda semana del tiempo de Pascua, de alguna manera recuerda aún el Viernes Santo. Pero ahora, releído desde una fe y esperanza más sólidas. Por eso, te invito a meditar las lecturas del día, con el fin de encontrarte con Jesús, el alimento que sacia el alma.
Recuerda el evangelista Juan, que mucha gente seguía a Jesús, motivada por los signos que hacía con los enfermos. El Señor no les rechazó, por buscarlo de manera interesada; pero poco a poco, les fue direccionando a un sentido más profundo del seguimiento. Lo importante es que la gente había llegado, y el Maestro estaba allí para instruir.
La gente buscaba signos, y el Señor se preocupó no por estos, sino por el hambre profunda que cargaban. La gente no se quejó de hambre. El Señor, sabiéndolo, sin que ellos lo notaran, tomó la iniciativa. También hoy, la desnutrición está a la puerta y llama. La sociedad anda ofreciendo alimentos que no sacian, que provocan anemia espiritual. No pocas veces se compran chucherías que empalagan el espíritu interior, dejándolo lánguido, sin las vitaminas suficientes para resistir en despoblados. Hay mucha gente que camina, sin conciencia de la desnutrición espiritual.
En el pasaje, el Señor dijo a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coman estos?”. Es una pregunta interesante, también para nuestro contexto. Uno pudiera inquietarse, porque la necesidad es grande y las posibilidades pocas. Sin embargo, la persona de Andrés, nos da la clave. Ante lecturas pesimistas, que pudieran llevar a una actitud pasiva, él tuvo la iniciativa de decir: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes y un par de peces”.
Tú y yo estamos llamados a seguir el ejemplo de Andrés. Es hora de rebuscar los panes y los peces que cargamos, algunas veces escondidos; otras, olvidados. Estos “panes y peces” pueden ser comparados con la fe, la esperanza, la caridad, los dones, las gracias que el Señor nos da. Él necesita tus manos, tus pies, tus talentos, para que providencien, en su gracia, el alimento que sacie el hambre de su pueblo.
No basta con la buena intención de alimentar; es necesaria la organización y la planificación. En el pasaje, el Señor manda a que la gente se siente en el suelo, sobre las gramas. Todos, en torno a Jesús, fueron testigos de cómo su bendición, su acción de gracias, transformó los pequeños dones ofrecidos, en manjares sustanciosos. Todos se saciaron.
El único alimento que nos puede saciar plenamente a ti y a mí es la Santa Eucaristía. Un misterio de amor insondable, que no acabamos de amar lo suficiente. Es Jesús mismo, el Señor, quien se da como manjar, en el despoblado de nuestra existencia. La fe verdadera busca comprender, vivir el misterio, para poder asimilar bien los nutrientes ofrecidos. De lo contrario, seguiríamos buscando signos, sin la conciencia de que es el Señor que se nos da, y nada debe desperdiciarse.
La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos da ejemplo de lo que significa ser cristianos nutridos por el Cuerpo y la Sangre del Señor. Ahí están, felices, en medio a las persecuciones y los azotes sufridos por la Palabra. El alma nutrida resiste, no se tulle, camina y dice a los demás dónde está el alimento de vida.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Por qué tú buscas a Jesús? ¿Tú sientes hambre en el alma? ¿Le has puesto atención a esta necesidad? ¿Qué estás consumiendo para alimentar tu espíritu? ¿Por qué, sin Jesús, el corazón no se sacia? ¿Podrías hacer una lista de las cosas que estás consumiendo y te dejan con anemia? ¿Cómo tú puedes distinguir la anemia espiritual? ¿Tú sacas el tiempo para sentarte en torno a Jesús, con tus hermanos? ¿Qué significa para ti sentarse con Jesús? ¿Tú sigues la postura de Felipe, que solo se pregunta cómo responder ante tanta necesidad, o tomas el ejemplo de Andrés, que dispone lo que hay? ¿Qué te ha parecido este detalle: el muchacho pone panes y peces y el Señor su bendición? ¿Dispones tus dones para ser bendecidos por el Señor? ¿Tú aceptas que el Señor disponga de lo tuyo para nutrir a los demás? ¿Sabías que, eso que crees tener, te lo ha regalado el Señor esperando que le sirvas? ¿Qué significa la Eucaristía para ti?
Señor: como el salmista te digo, tú eres mi luz y mi salvación. Espero gozar de tu dulzura, contemplándote, sirviéndote, todos los días de mi vida. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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