MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 12/5/25
(Hch 11,1-8; Sal 41; Jn 10,1-10)
Lunes de la IV Semana de Pascua
YO SOY LA PUERTA
Hoy, lunes, 4ª semana de Pascua, el evangelio concentra una afirmación en la voz de Jesús “Yo soy la puerta”. A partir de la imagen, te invito a que hagamos nuestra meditación. Es como un despliegue reflexivo de la imagen del Pastor, y su relación con las ovejas, que escuchamos el domingo.
En la vida cotidiana, es desesperante cuando tú no sabes dónde están las llaves para entrar o salir por la puerta. Cuando estás fuera, sin acceso a la casa, hasta imagina todo lo de dentro, lo que necesitas; te visualizas manejándote entre los diversos lugares. Esto evoca el aprieto experimentado por aquellas vírgenes necias que, al quedarse sin aceite, fueron a buscar, y al regresar, encontraron que el esposo había cerrado la puerta, y no pudieron pasar (Mt 25,10). Cuando estás dentro y quieres salir, pero no tienes con qué asegurar la puerta para que no entren los bandidos, también es una situación perturbadora; porque la casa queda insegura, expuesta, vulnerable.
Todo este imaginario ayuda a la hora de situar las palabras de Jesús al decir: “Yo soy la puerta”. Ella permite el acceso al aprisco. O sea, a un lugar destinado para las ovejas del pastor. En el aprisco o redil, están todas aquellas personas que han tenido un encuentro profundo con el Señor, se han unido a Él y hacen su voluntad. Este aprisco es el corazón de Dios, allí está la mansión de los santos y las santas. Es el cielo, es el Reino, es la santidad que se ofrece a todo bautizado o bautizada. El Señor es la puerta, es la oportunidad, es la gracia para no quedarse contemplando de lejos, y formar parte de la familia.
Dice el pasaje que, quien se atreve a entrar al aprisco por otro lado que no sea la puerta, es identificado como ladrón. De esta manera, el Señor tiene su autoridad para enfrentarse a los saltadores. Conforme lo afirma el Apocalipsis, Él es quien “abre y nadie cierra; quien cierra y nadie abre” (Ap 3,7-8).
El Señor afirma: “El que entra por la puerta es el pastor”. Es como si Jesús entra al Padre por Él mismo. No necesita otro acceso. Sin embargo, tú y yo, necesitamos pasar por Cristo. Esto es: pasar por sus enseñanzas, sus orientaciones, sus exigencias. Pasar por Cristo es seguirle, hacer camino con Él, cargar su cruz, amar, perdonar, dar la vida, obedecer. De aquí que en otro pasaje indique, que la puerta que lleva a la salvación es estrecha (Mt 7,13-14). El pase tiene sus exigencias. Jesús te invita a entrar al corazón del Padre, pero hay que purgarse primero, y bañarse en su infinita misericordia.
El pastor también saca las ovejas fuera, Él va delante, ellas lo siguen, porque conocen su voz. Esta afirmación evoca la imagen de “Iglesia en salida”. Aquella que se dispone a peregrinar para buscar a las ovejas dispersas, que no están en el redil, con peligro de perderse para siempre. Se les permite, a todas, entrar. Cristo es la puerta abierta para todos, pero no con todo.
Esta afirmación es respaldada en la primera lectura del día, de los Hechos de los Apóstoles, donde numerosos gentiles, los extranjeros, se convirtieron, acogiendo el don que lleva a la vida eterna. También a ellos se les abrieron las puertas de la fe. Con razón el mismo Jesús dirá: “Llamen y se les abrirá” (Mt 7,7).
En la sociedad actual, con frecuencia se escucha decir: “se me abrió una puerta”. Quizás para un trabajo, para un servicio, para alguna gestión, etc. La alegría, por una puerta que se abre es necesaria; sin embargo, lo fundamental es alegrarse porque Jesús es, no “una puerta”, sino “La Puerta”.
Preguntas que llevan al silencio: Y tú ¿qué puertas estás tocando? ¿Qué puertas quiere que se te abra? ¿Tú escuchas la voz del Señor que te dice: “Yo soy la puerta”? ¿Qué tú piensas de alguien que ha querido filtrarse en el rebaño, no por la puerta legalmente, sino por otros lugares?¿Te alegras porque la puerta del Señor siempre está abierta? ¿Qué supone para ti pasar por el Señor? ¿Tú serías capaz de devolverte por sus exigencias, porque su puerta es estrecha?¿Tú te haces puerta para que los demás encuentren a Cristo? ¿Las puertas de tu casa están abiertas; para quién? ¿Le has cerrado las puertas a alguien? ¿Has gestionado para que se le cierren las puertas a otra persona? Cuando llaman a tu puerta ¿respondes? ¿Cómo interpretas la oportunidad que te da la Iglesia, en este Año Jubilar, al abrir la Puerta Santa?
Señor: al igual que el salmista, voy como cierva que busca corrientes de agua, porque mi alma tiene sed de ti. Yo también quiero entrar por tu puerta, y allí, en comunión con los santos y las santas, contemplar tu rostro. Envía, Señor, tu luz y tu verdad, para que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo. Gracias por ser puerta para todos los bautizados.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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