MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 14/5/25
(Hch 1,15-17.20-26; Sal 112; Jn 15,9-17)
IV Miércoles de Pascua
SAN MATÍAS, APÓSTOL: CANDIDATO AL MARTIRIO
Hoy, miércoles, semana 4ª de Pascua, celebramos la fiesta de san Matías, apóstol. Él completará, tras su elección, el número Doce, el indicado para recibir, como comunidad, el Espíritu Santo, y dar comienzo autorizado a la Iglesia de Cristo. El Antiguo Testamento, ya visualizó este proceso; lo supo Jesús y, luego los discípulos. El Salmo 41 presenta al inocente denunciando la traición del amigo (v.10); es una de las referencias que evoca la figura de Judas, en su conjura contra Jesús. Por otro lado, el Salmo 109 remite a que otro ocupará el puesto vacío, dejado por el infiel (v.6-8).
Las cosas transcurrieron así: Pedro recordó la necesidad, la urgencia, de consolidar la comunidad de los Doce. Lo hizo en una reunión más amplia. Había, conforme al pasaje, unas ciento veinte personas. Posiblemente esta asamblea estaba compuesta por aquellos otros discípulos seguidores del Señor, más próximos que la muchedumbre que solía reunirse en torno a Él. Es inevitable, con este relato de elegir un candidato, pensar en el acontecimiento que acabamos de vivir como Iglesia universal, donde fue elegido el papa León XIV. Pudiéramos decir, que el libro de los Hechos registra ese pequeño “cónclave”.
Pedro puso los criterios de elección: quien complete el número Doce, ha de ser testigo de la resurrección. Una persona que haya tenido sólida experiencia con Jesús, y que haya permanecido a su lado, desde que Juan bautizaba hasta el día de la ascensión. En este sentido, se puntualizó lo que la Iglesia necesitaba; se requería un testigo vital, persona creyente, de fe demostrada, y buena reputación, sincera, honesta, humilde, de lucidez y discernimiento, que haya acompañado, en primera mano, las andanzas del Señor. Con estos principios, seguro disminuyó el número de candidatos.
Luego de los fundamentos establecidos, la asamblea propuso dos nombres: uno llamado “José Barsabá”, apodado “el Justo”. Ya por el apodo, puede considerarse el perfil del candidato. El otro propuesto fue Matías. La comunidad sugirió, y el Espíritu Santo tomó la decisión. Puestos en oración, y dejándose conducir, no hicieron su propia voluntad; porque al final, quien elige es el Señor.
La oración de elección fue hermosa y profunda: comenzó haciendo referencia al Señor, que penetra el corazón de las personas. Luego, vino la súplica para identificar cuál de los dos ocuparía el puesto vacío. Fue así cuando, al echar en suerte, le tocó a Matías, y lo asociaron para formar los Doce. La elección no fue punto de llegada, sino de partida.
No basta con haber sido elegido y aceptar ocupar el puesto. El evangelio pone los criterios de continuidad. En el seguimiento de Jesús, luego de la elección viene el “permanecer” en el Señor, en su amor. Además, de una sólida intimidad con el Señor, se exige comunión con los demás, con los otros integrantes, con los hermanos y las hermanas en la fe; por eso dice: “ámense unos a otros como yo les he amado”. Estas sólidas raíces, basadas en el amor y la perseverancia, para los elegidos por el Señor, no son suficientes.
El Señor exige a los elegidos, hacer lo que Él dice y a partir de ahí, dar frutos duraderos. El Señor garantiza dar todas las gracias necesarias para desarrollar la misión. Tras la elección viene el martirio. Tú comienzas el martirio cuando te tomas al Señor en serio y haces su voluntad. Pero bendito el martirio que te une más al corazón de Cristo; por eso, en el centro del pasaje, está la referencia a la alegría plena.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te ha parecido la elección de Matías, apóstol? ¿Por qué Pedro puso los criterios para elegir al candidato? ¿Por qué fue imprescindible que el candidato haya tenido experiencia directa y profunda con el Señor? ¿Por qué la vida de la persona, su testimonio, fue decisivo para elegir un candidato? ¿Por qué la asamblea le dio el liderazgo al Espíritu Santo a la hora de escoger uno de los dos candidatos? ¿Por qué los discípulos de Jesús oran seriamente antes de tomar decisiones?¿Qué le llevó a Matías a aceptar el puesto, sabiendo que este le exigirá la vida misma? ¿Por qué los discípulos le dieron tanto valor a la comunión y a la comunidad? ¿Y tú, eres candidato a qué? ¿Tú esperas que te elijan o te propones? ¿Das testimonio de ti mismo, o dejas que los demás intervengan en tu favor? ¿La vida que llevas te garantiza ser candidato de Cristo?
Señor: como el salmista, podemos decir: “El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo”. Sí, sentó al humilde, al pequeño servidor, en cuya mirada no se reflejan pretensiones, y cuyo corazón no conoce la ambición. Lo sentó el Señor, porque en obediencia, y a semejanza de Él, se levanta para caminar por la tierra de la humildad, para recoger del polvo al desvalido, y alzar de la basura al pobre. Escoge el Señor al candidato que se compadece de su pueblo, y no descansa hasta que todos tengan un puesto y un lugar en el banquete del Reino.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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