MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 20/5/25

Hoy, martes, semana 5ª de Pascua, seguimos meditando sobre las palabras de despedida de Jesús, en el evangelio de Juan. El Señor, una vez más, le dice a sus discípulos: “La paz les dejo, mi paz les doy”. La frase que pronuncia tiene dos movimientos. En un primer momento, “la paz les dejo”, remite al regalo, a la herencia, al testamento espiritual para sus más íntimos amigos. Por otro lado, “mi paz les doy”; porque al darla, es Él mismo quien se da. La paz es una persona, se llama Jesús, en una nueva forma de presencia, con sentido trascendente y espiritual. El Señor se desapropia de la paz sin perderla; la comparte sin consumirse; porque la paz es don por excelencia del Espíritu Santo.

El Señor aclara que no se trata de la paz que da el mundo. El mundo puede ofrecer lugares sin ruido, espacios externos de calma, pero no garantiza, por eso, la vida en santidad y en justicia… La paz que el Señor regala no se desentiende de la salvación del ser humano y de toda la creación. Por eso les aclara: “Que no tiemble su corazón ni se acobarde”. Esta expresión la dice alguien que sabe que ha llegado la hora de asumir la cruz. Cercado por la cruz, el sufrimiento, el Señor tiene paz, habla de paz y la comparte.

Las palabras de Jesús se transforman en catequesis para ti y para mí. Si tú caminas en transparencia, en la verdad, en la justicia, en la gracia, no te acobardes, no temas, mantente firme, porque el Señor está contigo. Él es el modelo de permanecer en obediencia, y testimoniar cómo, aún en medio de la tempestad, la paz del Señor no se muda. Porque Jesús lo aclara: “Me voy y vuelvo a su lado”. El Señor nos entrena, de esta manera, para cuando no sintamos su presencia de forma explícita, nos abracemos a la paz que nos ha dejado; la que se perfecciona en la resurrección.

Podrías imaginar el escenario donde Jesús se pronuncia. Los discípulos, sin comprender, estarían entristecidos. Pero el Señor les insistió: “Si me aman, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo”. Aquí está el principio del amor perfecto, que implica el desapego, la desapropiación total. Quien ama busca el bien mayor de la persona amada. El amor de Jesús se compromete. Porque, al dejar la paz, inspira la confianza de que lo mejor está por venir. Queda reflejado en otro pasaje cuando afirma que va a preparar un sitio. Su deseo más profundo es, que donde Él esté, estén también los que ama.

Las enseñanzas del Señor buscan que, cuando suceda lo que dice, los discípulos confirmen sus palabras y les aumente su fe. De esta manera, tú y yo, con el evangelio que hoy meditamos, hemos de registrarlo en la memoria del corazón; para cuando lleguen los momentos de oscuridad continuemos creyendo. El Señor nos entrena como a camellos, ellos saben retener el agua para atravesar el desierto.

Jesús dice: “Ya no hablaré mucho con ustedes, pues se acerca el Príncipe del mundo”. El Señor habla, pero el enemigo también lo hace. Tú debes decidir cuáles son las palabras que vas a retener, a memorizar, a custodiar y a conservar en el corazón. El Señor actúa, el enemigo también ejecuta. Por eso, el destacado verbo “permanecer”, refiriéndose a perseverar unidos a Jesús; el ancla que no permite ser arrastrados por vientos contrarios.

El pasaje del día concluye con la afirmación de Jesús: “lo que el Padre me manda yo lo hago”. Esta es la clave para que tú y yo conservemos paz en el corazón, la obediencia. Es lo que vivió Pablo en la primera lectura de los Hechos. Por el evangelio, lo apedrearon, lo dieron por muerto. Al día siguiente, con piedras dibujadas en el cuerpo, y con paz profunda en el corazón, siguió llevando el mensaje, con más fuerza y convicción.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú tienes paz? ¿A qué le llamas paz? ¿La paz que llevas en el corazón se llama Jesús? ¿Qué te quita la paz? ¿Por qué la pierdes? ¿Qué aprendes de las situaciones que te roban la paz? ¿Cómo es posible que en medio a los problemas, a las precariedades, tú conserves la paz? ¿Tu presencia trae paz y consuelo a los demás? ¿Cómo conviven en ti la paz y la justicia?¿Qué tú les dejas a las personas cuando te marchas? ¿Tú eres una persona artesana de paz; tú la vas construyendo por los caminos? ¿Por qué la obediencia engendra la paz? ¿Cómo está tu obediencia al querer de Dios? ¿Tú sabías que la paz es fruto del Espíritu Santo? ¿Sabías que cuando Jesús te da su paz, te da al mismo Espíritu Santo? ¿De qué te estás alimentando para que toda tu vida refleje la paz de Jesús?

Señor, como el salmista, que siempre tenga tu nombre en mi boca y en mi corazón. Porque tu presencia en mi interior trae paz al alma. Señor, aquello que me habita por dentro, he de sembrarlo en mi entorno. Señor, que todos los que creemos en ti seamos artesanos de paz en este momento de la historia.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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