MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 22/5/25

Hoy, jueves, semana 5ª del tiempo de Pascua, la Iglesia hace memoria de dos mujeres: santa Joaquina Vedruna (Barcelona: 1783-1854) y Santa Rita de Cassia (Italia: 1381-1457). Tuvieron en común, el vivir diferentes estados de vida: solteras, casadas, viudas y monjas. En cada uno de dichos estados fueron modelos de amor a Dios y al prójimo. Santa Joaquina se distinguió por, siendo viuda y madre de 9 hijos, fundar una comunidad de vida religiosa llamada: “Hermanas Carmelitas de la Caridad.

Rita de Cassia, viuda y madre de dos hijos, ingresó a un monasterio agustino. Para ser probada en obediencia, le pidieron regar un huerto seco. Lo hizo con tanta humildad que el Señor la bendijo, haciendo que el huerto floreciera. Siempre tuvo como arma de batalla, la oración. Así pudo amar, servir, perdonar, reconciliar. Al morir, de su cuerpo emanó perfume de santidad; la fragancia evocaba la presencia de Cristo.

Recordó el papa Francisco en su Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate “sobre el llamado a la Santidad”: “Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio” (n.19). Quiere decir que, tú y yo estamos llamados a hacer ese camino. Hay modelos, que nos anteceden, que lo han logrado, y nos respaldan espiritualmente para que podamos vencer, en el Señor, y permanecer, por siempre, en la comunidad de los santos.

En el evangelio, Jesús nos enseña cómo ir ejercitando la vida en gracia. Las palabras que les dijo a sus discípulos, al despedirse, también son para nosotros: “Como el Padre me ha amado, así los he amado yo”. Nos reveló uno de los secretos para alcanzar la santidad. Supo escoger lo que conservaba en su memoria; el amor del Padre. Con ese recuerdo vivo, presente, operante, Él tuvo claridad de cómo amar a los discípulos. Jesús tuvo amor para dar, porque lo recibió y lo conservó. Nadie da lo que no tiene.

Se espera que, de igual manera, con el amor que Jesús te da, y con el que me da, sepamos conservarlo y permanecer en él, hasta echar raíces sólidas y fuertes. Cuando afirma: “permanezcan en mi amor”, ofrece la clave para que, cuando Él no esté físicamente, la comunidad siga unida, no se disperse ni se diluya. Conservar en el corazón las demostraciones de amor de Jesús es vital para ser obedientes, fieles, responsables y comprometidos. De quien ha recibido se espera que reparta; no por obligación sino por gratitud.

El Señor da la instrucción completa: “Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. El practicar las enseñanzas del Señor, hacer su voluntad, puede ser comparado a ese cordón umbilical que nos mantiene unidos a la fuente de vida. El ejercicio de vivir la Palabra es mantenerse en el Señor, es perseverar, es constancia y templanza.

El relato de la primera lectura del día, tomado de los Hechos de los Apóstoles, demuestra cómo los apóstoles sí acogieron el mandato de Jesús, y se mantuvieron en su amor. Solo el amor pudo encender el fuego de la predicación, la pasión de dar a conocer a Cristo a los gentiles. Solo el amor hizo posible el encuentro de la Iglesia naciente, en Jerusalén, para tomar decisiones ante los nuevos problemas de bautizados no judíos.

Solo el amor permitió a los apóstoles poner en común sus diversas opiniones, conservar la actitud de escucha, y recurrir a la Sagrada Escritura para asegurar la voluntad de Dios. El amor les permitió abrirse y acoger las inspiraciones del Espíritu Santo, para guiarse, no de su propio querer, sino de los criterios divinos. Quien ama, se deja conducir por la verdad más alta.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué conservas en tu memoria? ¿Las cosas que cargas en tu memoria te hacen más santo, más santa? ¿Tú crees necesario desempolvar tu memoria? ¿Qué experiencias concretas registras del amor de Dios en tu vida? ¿Quién te ha amado con pureza y sinceridad? ¿Eres constante en las cosas de Cristo? ¿El amor en ti se ejercita? ¿Por qué el amor va más allá de las afinidades personales? ¿Tú sabías que el amor de Cristo por ti no es broma? ¿Cómo tú demuestras el amor por el Señor? ¿Las personas han sentido que Dios las ama, porque tú la amas?

Hagamos oración, esta vez, con un pensamiento de quien fue el Obispo Pedro Casaldáliga: “Al final del camino me dirán: ¿Has vivido?¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres”.

Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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