MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 30/5/25

Este viernes, semana 6ª de Pascua, el Señor continúa con palabras de despedida a sus discípulos. Como se ha dicho, estamos en la semana del cielo, pues nos preparamos para celebrar la Ascensión del Señor. En este contexto, Jesús dice a sus discípulos: “nadie les quitará su alegría”. O sea, nadie en la tierra podría arrebatársela.

El Señor les habla de una alegría diferente a la ofrecida por el mundo. La alegría mundana es pasajera, efímera, sin consistencia. Se desvanece con facilidad. No tiene raíces, cualquier situación adversa la hace desaparecer. Es una alegría hueca, vacía, que no responde a la esencia del ser humano. En cambio, el Señor hace referencia a la alegría que nace de la fe, porque el Señor está cerca, y su palabra permanece para siempre. ¿Quién pudiera, en esta historia humana, quitar la alegría cuya fuente emana del cielo?

En la vida cotidiana, cuando te lleguen los momentos de tristeza, de desesperanza, recuerda estas palabras de Jesús. Incluso, puedes hacer caligrafía con ellas, hasta interiorizarlas con la luz del Espíritu Santo: “nadie les quitará su alegría”. Nos hace recordar lo que Él dijo a Marta, cuando le advirtió que su hermana María “tomó la mejor parte, y no le será quitada” (Lc 10,41-42). Hay cosas sagradas que nunca se quitan de quien se ha configurado con ellas.

El evangelio de este día, trae la imagen de la mujer cuando va a dar a luz. En un primer momento siente tristeza. No es fácil enfrentar un parto. En la vida, muchas cosas parecen parto. Sacar adelante una tarea encomendada por el Señor, es un parto. Acompañar a una persona para que descubra la voluntad de Dios en su vida, es otro parto. Dar a conocer a Jesús a donde no se conoce también es parto. Predicar esperando la conversión es parto. Atravesar el desierto de la fe, cuando no tienes las cosas claras, es parto. Parto es todo aquello, cargado de vida y esperanza, que en un primer momento resulta complejo, exige esfuerzo y muchas veces dolor. Pero luego, como esa mujer, el resultado consuela, porque algo nuevo nace.

Si en un primer momento, los discípulos están tristes porque no comprenden lo explicado por Jesús, que se marcha; luego, con la luz del Espíritu Santo, con la comprensión de las verdades de fe, ellos se alegrarán profundamente. Se convertirán en criaturas nuevas. La fuerza de la alegría borra la memoria entristecida. Lo bueno y nuevo nace del cielo. Por eso, desde el cielo, sin desentenderse de la tierra, el Señor nos hará mucho bien.

Un parto serio es el que tuvo que enfrentar san Pablo. En la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, está situado en Corinto. Un lugar donde experimentó mucho rechazo y persecuciones por el evangelio. Sin embargo, como dice el pasaje, en una visión nocturna el Señor le dijo: “No temas, sigue hablando y no te calles, que yo estoy contigo y nadie se atreverá a hacerte daño”. Así lo hizo el apóstol. Antes de concluir su misión en aquel lugar, Pablo recibió una paliza. ¿Cómo se entiende esto? ¿Cómo se comprenden las palabras de Aquel quien prometió que nada le iba a pasar?

Los palos recibidos no quitaron la alegría de Pablo por llevar el evangelio a todos los corazones. Contrariamente, los apóstoles se regocijaban profundamente de todo sacrificio, por Aquel quien se había sacrificado primero. El salmo del día ayuda a comprender dicha postura. El orante tiene al Señor por su rey. Cuando es el Señor quien reina en tu corazón, tu mayor felicidad es tenerlo a Él. Las palabras de Jesús a Pablo fueron verdaderas. No le dijo que estaría exonerado de sufrimientos; le aseguró, sencillamente, “yo estoy contigo”, y aquí nace la perfecta alegría; estos son los criterios del cielo. Con razón el mismo Pablo afirmó: “Estoy seguro de que ni la muerte podrá separarnos del amor de Dios” (Cf. Rom 8,38).

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué realidades, situaciones, personas amenazan con robarte la alegría? ¿Tu alegría está disponible para que los vientos contrarios la maltraten? ¿Dónde colocas la alegría para que no te la lleven?¿Quién pudiera robarte tu experiencia con el Señor? ¿Quién pudiera quitarte la gracia que impregna la oración? ¿Quién puede llevarte un poco de tu fe? ¿Quién pudiera enfriar el corazón que el Señor ha calentado con su fuego?¿Tú has pensado alguna vez en las cicatrices del cuerpo de Pablo? ¿Tú crees que las cicatrices de Pablo lo acomplejaron? ¿Por qué Pablo estaba orgulloso de padecer por Cristo? ¿Y tú, conviertes tus sufrimientos fecundos en verdadera alegría? ¿Tú aspiras a la vida del cielo? ¿Busca tener ciudadanía en el cielo? ¿Qué te enseñó Jesús, en su vida histórica, para que tú puedas, hoy, entrar en el cielo?

Santos y santas de Dios, ustedes que supieron vivir en la tierra los valores del cielo, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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