MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 03/6/25
(Hch 20, 17-27; Sal 67; Jn 17,1-11a)
Martes VII de Pascua
LA FUERZA DEL ESPÍRITU SANTO
La presencia y la referencia al Espíritu Santo se dejan sentir, de manera especial, en las lecturas que siguen a la Ascensión del Señor. Hoy, martes, de la última semana de Pascua, tenemos la memoria obligatoria de san Carlos Luanga y compañeros mártires. ¿Quiénes fueron?
La historia remite a 22 mártires de Uganda (África), el 3 de junio del año 1886. Por disposición del rey Mwanga, que veía en los católicos una amenaza para su reino, ordenó perseguirlos a muerte; también había presencia de anglicanos. Para aumentar su sufrimiento, fueron sometidos a un trayecto de 8 días, en tortura, para terminar en la hoguera, quemados. Algunos no resistieron el camino; otros fueron clavados en los árboles. La mayoría de estos mártires tenía entre 16 y 24 años.
Carlos, previamente, había bautizado a los que no tenían el sacramento, para que permanecieran en la fe, entre tantas torturas. Le dijo a un jovencito de 14 años, llamado Kizito: “Te tomaré de la mano. Si debemos morir por Jesús, moriremos juntos, tomados de la mano”. Cuando llegaron al lugar, todos rezaban, sin quejarse ni desanimarse. Uno de ellos, llamado Bruno, expresó: “Un manantial que tiene muchas fuentes nunca se secará. Cuando nos hayamos ido, otros vendrán en nuestro lugar”. Todo el grupo fue canonizado por Pablo VI en el año 1964.
De los siete dones del Espíritu Santo, el don de fortaleza es el que asiste a los mártires, y a todos aquellos que entregan cotidianamente la vida por Jesús. Esta es la fuerza que sostuvo al apóstol Pablo. Hoy, en los Hechos de los Apóstoles expresa a los cristianos de Éfeso: “me dirijo a Jerusalén forzado por el Espíritu”. Él no sabía lo que le esperaba, pero en su nueva misión solo veía venir: cárceles y luchas.
Sin embargo, con la fortaleza invencible del Espíritu Santo, Pablo aseguró: “A mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio”. Esas son las palabras de quien nunca se reservó nada para sí.
El evangelio nos presenta las palabras de despedida de Jesús, ya en su parte final, y a manera de oración. Se dirige al Padre. Le recuerda que ha llegado la hora de la gloria. La hora de la cruz; paso de la muerte a la vida. El Señor desea estar junto al Padre, como estaban en gloria, antes de que el mundo existiese. Sin embargo, en ese momento, amando sus amigos, suplica que a estos también alcancen la vida eterna. Para definir la vida eterna añade: “Que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo”.
En su oración, hace como una rendición de cuenta de lo que ha sido su tarea con los discípulos: “les ha dado a conocer al Padre”, “han guardado su Palabra”, “se las ha comunicado”, “saben de dónde procede la obra y las enseñanzas recibidas”, “han creído que Jesús es el enviado del Padre”… Luego de este balance, el Señor ruega por ellos. Porque siendo que Él regresa al Padre, ellos quedan en el mundo. Pero quedan con la conciencia de que pertenecen al Padre, y al mismo tiempo, al Hijo; sostenidos, en el mundo, por la fuerza del Espíritu Santo.
Preguntas que llevan al silencio: Pablo ha afirmado que no se ha ahorrado fuerzas en su misión evangelizadora, ¿y tú; puedes decir lo mismo? ¿Tú te afanas para que la fe se extienda en el mundo; para que las personas conozcan a Jesús? ¿Qué te importa a ti en esta vida? ¿Tú pones resistencia al Espíritu Santo o tú vas allí donde Él te mande aunque no quieras? ¿Te dispones a que el Espíritu complete la tarea que ha sido comenzada en ti? ¿Tú tienes miedo de pensar diferente, de ser diferente? ¿En dónde buscas las fuerzas para ser diferente? ¿Qué significa ser diferente a la mayoría? ¿Tú sabías que la verdadera originalidad, la verdadera identidad, lo que hace a una persona diferente es hacer vida las palabras de Jesús?
¿A quién tú quieres agradar? ¿Tú obedeces los encargos del Señor, en tu corazón? ¿Tú descubres la voluntad del Señor cuando otras personas, de autoridad espiritual, te piden algún servicio? ¿Tú podrás, en un futuro, hacer balance a conciencia tranquila, como lo hizo Jesús? ¿Tú te sabes en el mundo, pero sin ser del mundo; te sabes pertenencia de Dios? ¿Qué te pareció la historia de los mártires? ¿Tú has sido de las personas que cuando se nubla el día no sale de casa? ¿Pones condiciones al servicio para el Señor? ¿Tú sabes a quién le estás regateando?
Señor, espero, en comunidad, la fuerza del Espíritu Santo. Como el salmista, bendigo al Señor cada día. Porque tú llevas nuestras cargas. Eres un Dios que salva. Nos haces escapar de la muerte. Santos mártires de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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