MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 10/6/25

Hoy, martes, Semana 10º del Tiempo Ordinario, la primera lectura tomada de la Carta de Pablo a los Corintios, nos presenta la controversia vivida por el apóstol. Algunos, en dicha comunidad, le acusaban de incoherente, por haber cambiado los planes de visitarlos. Ahí tenemos, en Pablo, un vivo ejemplo de quien escucha la voz del Espíritu Santo, y se deja conducir por Él. Lo que unos veían como inestabilidad humana, como inconsistencia, para Pablo, era fidelidad. No deseó cumplir los caprichos humanos, sino la voluntad de Dios.

Para el hombre, la mujer, de oración, Dios va revelando su voluntad en el camino. Lo importante no es aferrarse al “sí” circunstancial que se da en un determinado contexto. Lo fundamental es conservar intacto el “sí” dado al Señor para siempre, sostenido, con raíces, en el corazón. Cuando se vive en superficialidad espiritual, se mal interpreta el cambio de opinión, de forma, de planes. Pero cuando los fundamentos justifican, es necesario abrazar la verdad más alta, cuando esta se manifiesta.

Son comprendidas, en el contexto, las palabras del apóstol cuando dice: “Cristo… no fue primero sí y luego no; en todo Él se ha convertido en un sí”. El Señor Jesús es el “Sí” del Padre. Un “Sí” enraizado en la obediencia en todas las circunstancias. Tú y yo, como el apóstol, también hemos recibido, la unción, el sello, y la fuerza del Espíritu Santo, para garantizar la firmeza necesaria, y que nuestro “sí” fundamental permanezca invariable. Pero hemos de distinguir los “sí” periféricos, aquellos que pueden transformarse en “no”, para no arriesgar lo esencial.

En el evangelio, Jesús, dirigiéndose a sus discípulos, habla a los creyentes de todos los tiempos. Ahí estamos tú y yo. Nos dice: “Ustedes son sal de la tierra”. El verbo utilizado “son”, en plural, remite a la comunidad, aquella que preserva la fe, la sostiene y la transmite con pasión. Es la comunidad que ha encontrado sentido a la existencia; y marca la ruta, el horizonte inspirador para quien está desorientado o desorientada. En un mundo desabrido y soso, los seguidores y seguidoras de Jesús han de señalar la sazón existencial verdadera.

Somos tú y yo, en comunión, sal, cuando ayudamos a fermentar, hacer vida y darle forma, a las verdades reveladas en el evangelio y custodiadas por la Iglesia. En este contexto, donde nuestras mediocridades humanas, pueden desanimar a nuevos bautizados, el Señor nos recuerda el verdadero llamado, “ser sal”. Esto es, a su vez, quitar el mal sabor de escándalos, e impulsar el buen gusto de las obras, del testimonio, de la entrega de la vida en favor de los más necesitados.

“Ustedes son luz del mundo”. Habiendo consistencia interna, se espera proyección externa. O sea, la experiencia viva de Cristo, se traduce en luz para los demás. El “sí” a Cristo, de corazón, ilumina sin brillar. En este mundo, donde la malicia parece invadir todos los espacios, el Señor nos llama a ser luz. Por tal motivo, descarta cualquier tipo de complejo, o de piedra de tropiezo, que opaque o intente ocultar la luz necesaria para que la sociedad no se apague, aún con energía eléctrica. Si faltan lumbreras que reflejen a Cristo, por más inversiones en desarrollo sostenible, estaríamos sumergidos en la pobreza más extrema y deprimente, la espiritual.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu sí al Señor? ¿Tú cambias de opinión por capricho, según tus beneficios o intereses personales? ¿Tú mantienes el sí a la voluntad de Dios, aunque el primer sacrificado, sacrificada, sea tu propia persona? ¿Cuándo te llega una verdad más alta, a la anteriormente pronunciada, cómo te sitúas? ¿Tú tienes valor de decir: “me he equivocado” o sigues la ruta para no torcer tu brazo? ¿Tú sabes las consecuencias que trae un “no”, cuando debe haber un “sí”; o al revés: un “sí” cuando es un “no”? ¿Ya la gente no te cree porque cambias de opinión sin fundamentos? ¿Cómo hacer el camino para ganar confiabilidad en tu palabra?

¿En dónde te fundamentas para dar un “sí” o para dar un “no”? ¿Si te plantean algo más valioso que lo que tú has dicho, lo dejas pasar, porque la propuesta no vino de ti? ¿A quién estás amando cuando no te abres a la verdad que puede hacerle bien a todos? ¿Tu vida espiritual va siendo consistente o tú consideras que el mundo se te ha ido filtrando, sin control, en tu interior? ¿Cómo te haces cuando Dios grita hambre de amor dentro de ti? ¿Tú estás siendo luz? ¿Cuántas personas, al mirarte, han vuelto a encontrar la ruta que lleva a Cristo?

Santos y santas de Dios, ¡rueguen por nosotros!

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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