MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 16/6/25

En este lunes, semana 11º del Tiempo Ordinario, San Pablo advierte a los corintios a no echar la gracia “en saco roto”. La gracia, los dones, los favores, las bendiciones, la misericordia del Señor con sus ministros es abundante. Esta ha de conservarse en la memoria, y en el corazón, porque tiene sus raíces, su presente y su futuro. El Señor siempre ha estado providenciando gracia en el corazón de sus fieles. Cuando uno deja caer la gracia en saco roto, a criterio de Pablo, pone en ridículo el ministerio.

La gracia ofrecida por el Señor se refleja en frutos del Espíritu Santo para quienes caminan en fidelidad: “pureza”, “saber”, “paciencia”, “amabilidad”, “verdad”, “fortaleza”, “justicia”… Cuando esta gracia es conservada, respetada, valorada, entonces sostiene a los servidores y a las servidoras. De manera que puedan dar prueba de a quién están sirviendo. Las adversidades y las contrariedades del camino no distraen a quien conserva la gracia y la aprovecha. En este día y siempre, hay que disponerse a coser, en caso esté roto, “el saco”, “el corazón”, que recibe la gracia.

Las enseñanzas de Pablo son escuela de humildad. Queda evidente que no con fuerza humana, sino con la gracia de Dios, los servidores y servidoras del Señor hacen la obra. Con razón dice el salmista que los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Suyas son las cosechas y la victoria. A Él el cántico nuevo de quienes reconocen su favor.

El evangelio del día nos introduce en lo que significa vivir el día a día sostenidos por la gracia del Señor. Ella nos introduce en la vida bienaventurada. Las palabras de Jesús a sus discípulos le provocan un impacto, un contraste: “han oído que se dijo: ojo por ojo, diente por diente”. Lo normal, en el contexto, y también hoy, es vivir la ley del Talión, “el que la hace la paga”. Sin embargo, Jesús nos invita a peregrinar a su modo, conforme a los pensamientos de Dios.

El Señor sigue añadiendo: “Yo, en cambio, les digo: No hagan frente al que les agravia”. Se trata de cortar, detener, la cadena de violencia, de agresión, etc. Para esto, se necesita tener un estómago espiritual. De ahí el consejo paulino: “no echar en saco roto la gracia”. La actitud promovida por Jesús: “poner la otra mejilla”, no habla de ser masoquista. Refleja la mansedumbre ante las humillaciones, de aquel, o aquella, que sabe en quién ha puesto su confianza. Dijo, en una ocasión, el papa Francisco: “la humildad es virtud de los fuertes, que no necesitan oprimir para sentirse importantes”.

Esta postura mansa no echa al olvido la justicia de Dios. Porque Dios es misericordia y es justicia. Sencillamente, el Señor no quiere a los suyos ensuciados en el sentimiento amargo de la venganza. Los quiere libres y despojados de todo veneno, para que les sirvan en santidad. Sin embargo, basta con observar en el libro de la Biblia o en el libro de la vida, cómo quien causa maldad y la reproduce, tarde o temprano, termina enredado en su propia trampa.

El desapego de la “propia túnica”, “la milla extra”, “la desapropiación”, “el dar la cara a quien te busca”, son las actitudes básicas de quien sabe que la mejor parte, Jesucristo, nadie podrá quitársela; lo más sagrado, nadie podrá arrancar del corazón.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué has hecho de la gracia recibida por el Señor? ¿Tú sabías que al Señor no le gusta que la gracia se desperdicie? ¿Sabes que el Señor, en su infinita misericordia, va providenciando la gracia según vaya respondiendo quien la recibe? ¿Tú pudieras tener un diálogo sincero con el Señor y contarle cómo vas administrando la gracia que Él te da cada día? ¿Quisieras dar cuentas al Señor? ¿Te gustaría hacer silencio, luego de dicha rendición de cuentas, para considerar aquello que el Señor te responde? ¿Podrías conversar de esta experiencia con alguien de autoridad espiritual?

¿Tú, en este momento, tienes algún deseo de venganza? ¿A quién le vas a ser caso, a ese deseo envenenado, que te lleva por el mal camino, o al Señor que te quiere santo, santa? ¿A quién vas a complacer? ¿Le estás huyendo a alguien que te pide favores? ¿Recuerdas que estás en el año jubilar, y que tu generosidad, hace presente la providencia de Dios? ¿Tú estás dando la milla extra o estás midiendo la entrega? ¿El “saco”, el corazón, donde recibes la gracia, está roto o necesita ser cosido con el hilo de la oración? ¿Qué hará el Señor con su servidor, con su servidora, que esté siendo fiel a sus enseñanzas? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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