MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 18/6/25

En este miércoles, semana 11º del Tiempo Ordinario, Pablo, en la Carta a los Corintios, exhorta a los cristianos a “sembrar generosamente”. Advierte que quien siembra con actitud tacaña, así cosechará. Estas palabras nacen en el contexto donde son necesarias contribuciones y colectas para sustentar las misiones. El apóstol dice: “Cada uno dé como haya decidido su conciencia; no a disgusto ni por compromiso”.

Estas palabras, hoy, me recuerdan, como ya había compartido, el comentario de una señora con relación a sus aportes económicos en la Iglesia. Dijo que en su vida pasada, para ir a Misa, buscaba cualquier monedita para ofrendar. Pero cuando tomó conciencia de que la Iglesia es Madre, se sintió mal por haberla tratado así; por haberle dado a su Madre lo que tenía poco valor o importancia, pudiendo hacerlo de otra manera. En adelante, se situó ante la dignidad que tiene su Madre, y que debe tener su aporte, según su realidad.

“Al que da de buena gana lo ama Dios”. Es que Dios es generoso; se dona en derroche. El Señor no pone límites a su entrega. Y cuando tú compartes lo que eres y lo que tienes, con alegría, en conciencia, te estás pareciendo a Dios. En este sentido, quien abre las manos, los bolsillos, los talentos, el corazón, el tiempo, por ayudar, el mismo Señor se hace responsable de que nunca queden vacíos.

El Señor suple, porque Él bendice al dador alegre. El no compartir lleva al pecado de avaricia. La persona avara busca acumular cada vez más para sí. La sabiduría bíblica denuncia a quien es tacaño, incluso consigo mismo. Al fin de cuentas, termina almacenando para otros, y nunca llega a disfrutar ni él mismo de lo conseguido (Ecl 14,5).

Para fundamentar su postura, Pablo cita, en su carta, el Salmo 111, que trata de “la persona justa, que se compadece y administra sus bienes con rectitud… Reparte ayuda a los pobres, practica la justicia constante, y testimonia el aumento de sus posesiones”. A propósito, hace pocos días, las noticias informaron del detalle caritativo del papa León, quien envió un camión de ayuda solidaria a una de las ciudades más afectadas de Ucrania. Mediante la Limosnería Apostólica, se ha considerado que la caridad se convierte en el rostro del evangelio. El gesto viene acompañado de serias exhortaciones, por parte del santo padre, para construir un mundo más seguro y libre de amenazas nucleares. Invita a que todos los países se unan, no para combatir, sino para apoyar la causa de la paz.

La siembra generosa, no solo incluye los bienes materiales. Sembrar generosamente también puede ser aplicado a otros campos, como el del conocimiento. Enseñar a quien no sabe es una obra de misericordia. Cada uno mire su conciencia, a ver si está dando de sí hasta el fondo, o si se está economizando conocimientos con mezquinas pretensiones. Tú y yo sabemos hasta dónde estamos involucrando nuestros talentos, las gracias que el Señor nos ha dado para que el Reino se haga visible. El don no crece sin pureza de intención.

A todo esto, vienen las enseñanzas del evangelio, como broche de oro. Jesús nos dice a todos nosotros: “Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre celestial”. Dios nos quiere santos y santas. Se trata de vivir de cara al Señor, no de cara a los aplausos del mundo.

Vivir sin depender de reconocimientos es un don y una tarea; se va cultivando en la oración, en la desapropiación, en la humildad y en el silencio. Hay que tener estómago espiritual para hacer el bien sin pregonarlo; dejándolo en discreción y que sean otros, según lo disponga la voluntad de Dios, que lo hagan noticias, si dichas noticias generan conversión.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué resonancias hace en ti la palabra “tacaño”? ¿Tú eres una persona generosa con lo tuyo o con lo ajeno? ¿Tú sabes compartir hasta dónde se toquen tus intereses? ¿Cómo te has sentido cuando la caridad de Dios te visita de sorpresa? ¿Tú eres la sorpresa de Dios para los demás? ¿Cómo tú administras las donaciones que llegan para los pobres? ¿Tú canalizas las ayudas con justicia y equidad? ¿Cómo queda la conciencia de quien pide ayuda para algo y lo malgasta en otra cosa? ¿Tú eres transparente, honesto, cuando recibes donaciones? ¿Haces rendición de cuentas puntualmente y con las evidencias correspondientes?

¿Tú retrasas la ayuda de los pobres? ¿Los haces esperar? ¿Tú estás pendiente de que te agradezcan las ayudas o tú ayudas y dejas a las personas en libertad? ¿Te sientes tan pobre que solo esperas recibir de los otros? ¿Tú sabías la lista de dones, talentos, tiempo, saberes, que tienes para compartir? ¿Estás abriendo las manos para que te la llenen o las estás abriendo para ayudar y consolar a los demás? ¿Cómo estás sembrando? ¿De dónde nace la alegría desbordante cuando te donas y haces el bien a los demás? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros. En comunión, intercedamos por la paz del mundo.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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