MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 19/6/25

Este jueves, después del Domingo de la Santísima Trinidad, tenemos la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. ¡Este es el día del Señor!; donde celebramos la presencia cercana de Dios.

El origen de esta solemnidad remite principalmente al milagro eucarístico de Bolsena (Italia), en el siglo XIII. El sacerdote Pedro de Praga llegó a dudar de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Peregrinó hasta Roma para pedir la gracia de la fe. A su regreso celebró la Santa Misa en Bolsena. En ese momento, de la hostia manaban gotas de sangre, registradas tanto en el corporal como en el altar.

El papa Urbano IV, luego de verificar el milagro, instaura la Solemnidad del Corpus Christi en 1264. Se apoyó en el dogma o verdad de fe de la transubstanciación, promulgado por el IV Concilio de Letrán, en 1215, donde se afirma que el pan y el vino cambian de sustancia en la consagración: “… el pan se convierte en carne, y el vino en sangre. Lo que no comprendes ni ves, una fe viva lo atestigua… Bajo diversas especies… están ocultos los dones más preciados. Su Carne es alimento; su Sangre bebida; pero Cristo está todo entero bajo cada especie”.

Con esta solemne fiesta, se reconoce y se reafirma públicamente la fe en Jesús presente y real en la Eucaristía. Evoca al Jueves Santo, donde Jesús, la víspera de su pasión, instituyó la Eucaristía, como nos lo recuerda Pablo en la segunda lectura de hoy. El Señor nos dejó esa tradición al decir: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes”, “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre”, “Hagan esto en memoria mía”.

En la Eucaristía, según Santa Catalina de Siena, cuando te falta la luz del entendimiento, tus ojos no ven más que blancura de pan. La mano toca algo material. El gusto solo percibe el sabor del pan. De modo que los principales sentidos de tu cuerpo se equivocan. Sin embargo, los sentidos del alma, si están despiertos y no dormidos, si así lo desean, pueden mantenerse en la verdad de fe.

La santa se pregunta: ¿quién gusta, ve y toca el Sacramento Eucarístico? -Quien tiene despiertos los sentidos del alma. ¿Con qué ojos ve? -Con los ojos del entendimiento, si tiene fe. Esos ojos ven, en aquella blancura, la naturaleza divina unida a la humana (Cuerpo, Sangre y Alma de Cristo). ¿Quién palpa el Sacramento Eucarístico? -La mano amorosa. Con esta mano se toca lo que los ojos han visto y conocido en este Sacramento. Por medio de la fe, se palpa con la mano del amor, cerciorándose de lo que vio por la fe y conoció intelectualmente. ¿Quién lo saborea? -El paladar del santo deseo. Si recibe el Pan en gracia, la gracia permanece en el alma. Se unen tan íntimamente como el pez está en el mar y el mar en el pez.

En este ámbito de reflexión, la Oración Colecta del Misal Romano, que se lee en la Liturgia Eucarística, nos adentra de manera especial, en el misterio celebrado, cuando nos dice: “Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, muerte y resurrección, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención”.

Los textos bíblicos, de este día, en la Liturgia de la Palabra, giran en torno a la Eucaristía. En la primera lectura y en el salmo, tenemos la referencia al sacerdote y rey Melquisedec, prefigura el sacerdocio de Cristo. La segunda lectura, el apóstol Pablo, nos recuerda que hoy, al comulgar, Dios se ha hecho comida y bebida de salvación. En el evangelio, la multiplicación de los panes, nos recuerda que el Señor se nos da para saciar nuestra hambre y fortalecernos para el camino de eternidad.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú preparas la casa interior donde, al comulgar, recibimos a Jesús? ¿Custodias y aprecias la presencia de Jesús en el corazón? ¿Adoras a Jesús en ti? ¿Tú sabías que quien comulga aspira a ser como Jesús? ¿Tú colaboras con la presencia de Jesús para que se mantenga, se prolongue, continúen juntos luego de Misa? ¿Tú sabes que eres hostia viva? Tu corazón, como el de María, ¿se convierte en sagrario de Jesús?¿Tus pensamientos, tus obras y palabras, testimonian que Jesús vive? ¿Qué te parece la opinión de que la guerra, el terror, reflejan un mundo que quiere caminar sin Dios, sin fe, sin valor de la dignidad humana? ¿Tú sabías que “adorar” a Jesús Sacramentado es reconocer, contemplar, admirar la grandeza de Dios, que se hace cercano y quiso quedarse con nosotros? ¿Tú sabías que “adorar” se aprende adorando?

Señor, que ante el misterio inabarcable de tu cercanía, yo pueda quedarme en asombro, llenarme de ti, llevarte a ti, unirme a ti, vivir en ti. Señor, aunque mi fe sea pequeña, nútrela y susténtala. Dame fuerza con tu amor y ternura. Que todos mis deseos te busquen. Jesús Sacramentado, que tu presencia, transformada en consuelo mediante obras sencillas, en este solemne jueves, y siempre, llene de paz el mundo herido y sufriente.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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