MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 20/6/25

Este viernes, semana 11ª del Tiempo Ordinario, Jesús habla a sus discípulos de los “tesoros”. Estos tesoros serían las cosas que se estiman, se valoran, se tienen con destacada importancia, acaparan la atención, los cuidados, y poco a poco comprometen el corazón. Conociendo el Señor, el peligro que corre el corazón, ante un tesoro falso, les pide a los suyos: “No amontonen tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban”.

La imagen de la polilla y la carcoma es sugerente. Son plagas distintas y parecidas, que dañan, comen la madera, consumiéndola hasta deteriorarla a base de pequeños túneles y agujeros. Ellas buscan comer y crecer; como consecuencia, se debilita el objeto; el cual, en apariencia, puede verse en condiciones, pero por dentro estar hueco, vacío, podrido. Es duro creer que el “tesoro” está bien cuidado, que garantiza la vida y el futuro, cuando en realidad está corroído y no sirve para nada.

Hay otras plagas más peligrosas como la vanidad, la superficialidad, la hipocresía. Ellas también guardan apariencia, pero van perforando el interior. Incluso, engañan hasta a los mismos ladrones, quienes abren boquetes para robar, sin enterarse que llevan su perdición.

Para prevenir el deterioro existencial, el sin sentido de la vida, el Señor instruye a sus discípulos diciéndoles: “amontonen tesoros en el cielo”. Allí tenemos el banco que garantiza la integridad de nuestros bienes. El estado de santidad, al que elevan las virtudes, es antídoto contra toda plaga. Los tesoros del cielo tienen nombres concretos: amor, perdón, sacrificio, verdad, humildad, caridad, obediencia, fe, etc. Aquí no hay temor de amontonar, porque cuanto más se almacena tanto más santidad se alcanza. En la medida en que trabajas por tales tesoros, en la tierra, haces la inversión perfecta en el cielo.

El Señor advierte: “donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. Aquello que más valoras será lo que más custodies. Si tú quieres saber dónde está tu tesoro, identifica aquello en lo que piensas durante el día, en las cosas que hablas, buscas, persigues, lo que te provoca interés. Hay que tener sinceridad para ponerle nombre a los tesoros. No son los que uno quisiera nombrar, sino los que realmente son.

Continúa el Señor instruyendo: “La lámpara del cuerpo es el ojo”. Según lo que hay en el corazón, lo que allí se va anidando, amontonando, así mismo será la manera en que miremos al mundo, a las personas, a las cosas. Si el corazón no tiene tesoros del cielo, no podrá mirar como miran los santos. Si me dices lo que hay en el interior te podré decir cómo es tu mirada. Si dentro, vas acumulando cosas de la tierra, entonces, tu mirada buscará y será atraída por realidades pasajeras, llamativas, que no garantizan la vida eterna.

Si tú y yo queremos la mirada sana, tenemos que tener sano el corazón. Un corazón saludable garantiza luz para todo el cuerpo, o sea, buen discernimiento para saber situarse, tomar decisiones y postura, para identificar la ruta verdadera. Es duro estar a oscuras en este mundo de tantas trampas y encrucijadas. En la primera lectura, san Pablo nos hace una lista amplia de los tesoros que fue acumulando en el cielo. Estos son: persecuciones, luchas y sacrificios por el evangelio.

Preguntas que llevan al silencio: En este momento de tu vida ¿Dónde está tu corazón: en las cosas del cielo o enredado en las cosas transitorias? ¿Cómo tú puedes hacer uso de las cosas, sin que tales cosas te usen a ti? El pensamiento tuyo ¿en qué se invierte? Cuando tienes la oportunidad de hablar ¿Qué temas planteas y sabes desarrollar? ¿Qué sueñas despierto, despierta? ¿Cuáles son las cosas que no te aburren?¿Qué te hace feliz? ¿Tus aspiraciones están en armonía con los deseos de Jesús? ¿Cómo vas mirando la vida, las cosas, las personas; qué buscas de ellas, qué deseas encontrar en los espacios donde llegas? ¿Dónde están tus inversiones? ¿Inviertes en santidad, en espiritualidad? ¿Tú crees que, hasta el momento, has hecho malas inversiones? ¿Tú quisieras cambiar de “banco”? ¿Te estás convenciendo de que Jesús tiene razón? ¿Qué decisiones vas a tomar? ¿Con qué fundamento vas a tomar decisiones?

Señor, en estos tiempos difíciles, te pedimos luz en las conciencias. Que como humanidad, en este momento de la historia, sepamos desenmascarar los falsos tesoros. Abre la fuente del santo discernimiento. Destierra la ceguera, Señor. Son muchos los tesoros que puede ofrecernos el cielo, pero hace falta fe en la tierra. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros; en comunión, oremos por la paz del mundo.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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