MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 27/6/25
(Ez 34,11-16; Sal 22;Rom 5,5-11; Lc 15,3-7)
Viernes XII del Tiempo Ordinario
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Hoy estamos celebrando la cuarta, de cinco solemnidades en esta etapa del Tiempo Ordinario. Ya celebramos a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote; la Santísima Trinidad; Corpus Christi. Nos faltaría Jesucristo Rey. Este viernes, que recuerda aquel otro, donde fue abierto el costado de Cristo; y que justamente es el viernes siguiente a la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, celebramos el Sagrado Corazón de Jesús. La ubicación de la celebración en este momento vincula estrechamente, sin separación alguna, el Corazón de Jesús y la Eucaristía.
En la tradición de la Iglesia se identifican místicos, santos y santas, que han bebido de esta espiritualidad. Se destaca la religiosa Margarita María Alacoque (1647-1690). El Señor la dignó a tener la experiencia de los sufrimientos de su Corazón. Estas fueron las palabras reveladas: “Mi divino corazón está tan apasionado de amor por la humanidad que, incapaz de contener en sí mismo las llamas de su ardiente caridad, debe difundirlas”. Varias visiones sucedieron. El mismo Jesús pidió la institución de una fiesta para honrar su Corazón y reparar, en oración, las ofensas que recibe. Reveló promesas de gracias para quien se alimente dignamente de esta espiritualidad.
En el año 1856, el Papa Pío IX instituyó la fiesta, en una dimensión universal. De hecho, el Sagrado Corazón de Jesús es una espiritualidad universal, de todos los creyentes. San Juan Pablo II, en el año 1995, un día como este, estableció la Jornada Mundial de Oración por la Santificación del Clero.
El papa Francisco, en su Encíclica Dilexit nos “Él nos amó primero” nos dice: El Sagrado Corazón es una síntesis del Evangelio. La devoción al Corazón de Cristo no es el culto al órgano, separado de la persona de Jesús. Contemplamos y adoramos a Jesús entero. El corazón es imagen privilegiada del centro más íntimo del Hijo. Signo de su caridad. La veneración a su imagen es el símbolo real que representa el centro, la fuente de la que brotó la salvación para toda la humanidad. La Iglesia ha elegido la imagen del “corazón” para representar el amor humano y divino de Jesucristo y el núcleo más íntimo de su persona (Cf. N. 49-58).
Las lecturas del día nos hacen meditar que el Señor no hizo teoría del amor, sino que lo demostró. La imagen del pastor, que se destaca en los textos de hoy, nos dice que el Corazón de Jesús cuida de nosotros.
En el Antiguo Testamento, el Señor, mediante Ezequiel, asume la Palabra. Ya había constatado el resultado de los pastores de mal corazón. Reaccionó diciendo: “Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas”. El Salmo 22 manifiesta el Corazón del Señor: guiando, haciendo pastar, devolviendo las fuerzas, preparando la mesa, ungiendo, haciendo rebosar de alegría y plenitud. Con razón afirma san Pablo en la Carta a los Romanos: “El amor ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”. El Señor no regatea. El evangelio nos muestra el Corazón del Pastor operando. Es aquel que palpita, de manera especial, por la oveja perdida, y no se detiene hasta encontrarla, cargarla, hacerla retornar, y festejar comunitariamente el encuentro.
Preguntas que llevan al corazón: ¿Vives contigo o junto a ti?¿Cómo defines tu propio corazón? ¿Consideras que hay orden en él? ¿Hay cosas que no están ordenadas en tu interior? ¿Tú tienes corazón? ¿Lo has perdido? ¿Qué cosas extrañas lo habitan? ¿Se hace necesario volver al corazón?¿Por qué es importante recuperar el corazón? ¿Sueles ocultar tus sentimientos o los expresas? ¿Tú educas tus sentimientos? ¿Cuál es tu norte de referencia para educarlos?
¿Tú sabías que la fuente principal para beber del Corazón de Jesús está en el evangelio? ¿Te gustaría meditar el evangelio rastreando, tomando notas sobre los rasgos del corazón de Jesús? Te podrías fijar en sus gestos, palabras, acciones, sentimientos, y luego preguntarte: ¿qué le enseña el corazón de Jesús a tu propio corazón? ¿Tú tienes palabras que consuelan el corazón de los demás? ¿Tienes que pedir perdón a alguien por haberle herido innecesariamente su corazón?¿Le pedirías, de corazón, al Señor, que haga tu corazón semejante al suyo, manso y humilde? ¿Qué implica para ti amar como Jesús amó?
En este día, tomamos prestada una oración de Santa Catalina de Siena, para dirigirnos al Señor: “¡Oh Espíritu Santo!, ven a mi corazón. Con tu poder llévalo a Dios y concédeme la caridad con temor. ¡Cristo!, guárdame de todo mal pensamiento; caliéntame e inflámame con tu dulcísimo amor, de modo que todo sufrimiento me parezca ligero. ¡Santo Padre y dulce Señor mío!, ayúdame ahora en mi ministerio. Cristo, amor; Cristo, amor”. Amén.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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