MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 29/6/25

Este domingo, celebramos la Solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo. Se ha fijado la misma fecha para ambos, el 29 de junio. Esto se debe, a criterios de san Agustín, que ellos son, en realidad, una sola cosa en nuestro Señor. Fueron martirizados en días diferentes, en Roma, durante el reinado de Nerón. El primer martirizado fue Pedro (quizás para el año 64); luego Pablo (posiblemente en el año 67). Pedro y Pablo han sido reconocidos en la Tradición de la Iglesia como: “gigantes de la fe”, “columnas de la Iglesia”, “príncipes de los apóstoles”, etc.

La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos remite al ministerio de Pedro. Ahí lo vemos, con la fuerza y el respaldo del Espíritu Santo. El texto lo presenta preso, enfrentando serias amenazas, cuando ya habían dado muerte a Santiago, el hermano de Juan. En esta lectura se destaca, de manera especial, la unidad de la Iglesia, en oración fuerte, para acompañar a Pedro en prisión.

Impresiona lo que fue Pedro antes de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés. En los diversos pasajes del evangelio lo muestran: impulsivo, vacilante, hablando ocurrencias en nombre de los demás, caminando sobre las aguas, hundiéndose, confesando a Cristo; pero luego negándolo por miedo. Sin embargo, este frágil discípulo fue sanado por Cristo, de manera integral. Cuando el Señor le hizo declarar su amor, le confió el cuidado de sus ovejas. Le dio, a su vez, privilegiadas experiencias de su resurrección.

En su debilidad humana, Pedro tenía la roca de la fe en Cristo, que lo sostenía. De hecho, recuerda san Agustín que “Pedro” es una palabra que se deriva de “piedra”; o sea, “Pedro” viene de “piedra”; del mismo modo que “cristiano” viene de “Cristo”. Por esto, en el evangelio de hoy, le reconoce como: “el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. De ahí que es escogido, como el primero entre los apóstoles, para la edificación de la Iglesia.

La Iglesia naciente, en el rostro de Pedro, es perseguida, martirizada; pero, como lo asegura Jesús: “el poder del infierno no la derrotará”. Cuando el Señor le entrega las llaves del Reino, no se las entrega a una sola persona, sino a toda la Iglesia, representada en Pedro, y sus sucesores.

Las exigencias de la Iglesia naciente requerían, además de Pedro, otro perfil complementario, pero de igual talante espiritual. Se trata de Saulo de Tarso; el instrumento escogido. Por su nacimiento, judío. Por su formación, estudiado, capacitado, conocedor celoso de la Ley judía. Con los presupuestos necesarios para desempeñarse en el imperio romano; dominio de lenguas extranjeras, con ciudadanía romana, y todo el bagaje cultural para la extensión del cristianismo en los diversos estratos sociales. Un hombre que solo necesitaba convertirse a Cristo, para ser apóstol entre los gentiles.

A diferencia de Pedro, Pablo no formó parte del grupo de los Doce. Sin embargo, el Señor hizo con él experiencia intensiva. Pablo se convirtió mediante un encuentro directamente con Cristo. Él mismo se reconocerá como “el más pequeño de todos los santos” (Ef 3,7-9). Pero ¡qué manera de ser pequeño! Pablo fue ese primer teólogo que enfrentó la interpretación de toda la doctrina del Antiguo Testamento, para leerla a la luz de la fe, en Cristo. Demostró, con argumentos, que en Cristo se cumplieron las promesas, y que con Él vino el tiempo de la gracia y la misericordia. Pablo pudo extender el fuego de Dios. De perseguidor de los cristianos pasó a ser predicador de Cristo.

Si alguien quisiera conocer más de Pablo, basta con leer detenidamente sus cartas; también el libro de los Hechos de los Apóstoles. En algo se recoge su perfil apostólico, que integra: debilidad humana, fuerza espiritual para afrontar golpes, pedradas, naufragios, cárceles, azotes, amenazas, peligros… No obstante, todo lo consideró basura con tal de ganar a Cristo. Pablo ya no vivía. Cristo vivía en él. Por eso, sus palabras inspiradas, cuando ya presentía la cercanía del martirio: “He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe”.

Preguntas que llevan al silencio: Como lo hicieron Pedro y Pablo, ¿tú te dejas transformar por el Señor? ¿Estás dando la vida por los intereses del Señor? ¿Sabías que cuando arriesgas la vida por Cristo, Él saca la cara por ti; que el Señor te da fuerzas, envía sus ángeles? ¿Tú sabías que cuando eres fiel al evangelio tienes toda una Iglesia orando por ti? ¿Cuáles realidades de tu vida, de tu familia, de tu comunidad cristiana necesitan ser atadas? ¿Tú quieres estar atado a Cristo, a su infinito amor? ¿Cuáles cosas, contrariamente, requieren ser desatadas, para liberarte de las barreras, de las esclavitudes? ¿Te sacrificas por Cristo y su Reino? ¿Cómo está tu amor por el Señor? ¿Cómo lo demuestras? Santos Pedro y Pablo, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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