MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 30/6/25

Hoy, lunes, semana 13ª del Tiempo Ordinario, la primera lectura, tomada del Génesis, recuerda la realidad de las ciudades de Sodoma y Gomorra. La corrupción y el pecado de sus habitantes, se había convertido en foco de clamor y denuncia, que había llegado hasta el Señor, haciéndole tomar postura. En este contexto de antivalores, aparece, como modelo, los valores de Abrahán; él ampara a tres hombres en su casa, sin darse cuenta que era al mismo Dios a quien estaba acogiendo. El Señor, se le mostró, y le dejó conocer los planes de destruir las dos mencionadas ciudades.

En la narrativa, se entabla un diálogo íntimo, profundo, cercano, respetuoso entre Dios y Abrahán. Se nos presenta la imagen de un Dios que permite al ser humano creyente, de fe, interceder por los demás, ante Él. Los planes del Señor no están cerrados, acoge las palabras de sus fieles. Abrahán regatea, proponiéndole al Señor que si Él encuentra, por lo menos, 50 justos, no destruya las ciudades. Conforme el Señor iba cediendo, Abrahán seguía negociando. Luego pidió perdonar a las ciudades si encontraba, por lo menos, 45 justos. Prosiguió proponiendo 40, después 30, luego 20. Finalmente le pidió que les perdonara si encontraba 10 justos. En esto quedaron. Al ser destruidas las dos ciudades, se constata que no fueron halladas esas personas.

Lejos de quedarnos con la imagen de Dios destructor de ciudades; es preferible reflexionar la consecuencia del pecado social, que lleva al ser humano a su propia destrucción. Es importante, a su vez, considerar el valor de la presencia de personas justas en una sociedad donde todo parece estar perdido. Dios busca, con pupilas divinas, la presencia de los santos y las santas, para sostenerlos y que su luz no se apague en medio de las tinieblas. La presencia de personas con valores espirituales son garantía de la misericordia y el perdón de Dios para todos.

Santa Catalina de Siena, compara una sociedad sin fe, sin Dios, a un río impetuoso, caudaloso en la maldad, la injusticia, la mentira, el desorden… Un río que arrastra y lleva todo cuanto encuentra a su paso. En ese torrentoso río muchos caen, se hunden y terminan ahogados. La única manera de salvarse es sostenerse del puente, subir por Él, y elevarse hasta su cima. Este puente es Cristo. Sujetarse al puente es la salvación y luego, escalar en Él, hasta que las aguas del río no molesten, no amenacen ni distraigan.

En la sociedad donde vivió Jesús se evidencian las corrientes de ese río maldoso, buscando infiltrarse en todos los espacios. Muchas personas intentaron seguir a Jesús, pero sin dejar de sumergirse en las aguas sucias del río contaminado. De ahí que el Señor le advierte a una de estas personas, atraídas por el Señor, pero sin intención de renunciar a sus comodidades mundanas: “El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. Escuchar la voz de Jesús y seguirle, implica nadar contra corriente. Recordemos que los únicos peces que nadan a favor de la corriente son aquellos que están muertos.

Otro caso que nos presenta el evangelio es el de un joven que, al escuchar el llamado de Jesús, le dijo: “permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre”. Él le respondió: “Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos”. Para Jesús, no hay tiempo que perder. La sociedad se hunde. La gente se pierde. No hay excusas válidas para retrasar la misión. Cuando el Señor escoge a un integrante de la familia, bendice a la familia entera. Exige confianza en Aquel que llama, y se compromete. Porque todo lo hace bien.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo definirías la sociedad de hoy? ¿Cuáles antivalores buscan invadir los espacios? ¿Qué supone ser persona auténtica en el mundo actual? ¿Cómo ser auténtico desde el evangelio? ¿Cómo tener fuerza para nadar contra corriente? ¿Puede alguien nadar contra corriente y tener paz en el corazón? ¿Por qué, quien conoce y ama a Jesús no se siente nadando solo? ¿Tú quieres ser luz humilde, de Dios, en medio de tu circunstancia?

¿A quién tú buscas complacer? ¿Quieres hacer lo que todo el mundo hace o lo que el Señor te pide? ¿A ti te duelen los sufrimientos de los demás; incluso, a quien no conoces? ¿Tú sufres si ves que la gente se va perdiendo? ¿Tú intercedes, compasivamente, ante Dios por el mundo, por la creación? ¿Te cansas o te desanimas de hacer el bien? ¿Tú encuentras sentido para perseverar siendo bueno, viviendo en gracia? ¿Tú te atreves a ignorar la voz de Dios, si te llama a consagrarte a Él, por miedo de hacer las cosas diferentes a la mayoría?

Señor: gracias porque tú eres compasivo y misericordioso. Gracias porque me tienes en cuenta, me dejas hablar, opinar y ofrecerme para seguir tus pasos. Gracias, Señor, porque me perdonas y me transformas. Tu perdón sana toda mi vida. Yo, Señor, en tu misericordia, quiero servirte para siempre. Que nunca me falte tu luz. Que mi llamita, encendida por ti, recuerde al mundo que tú caminas a nuestro lado, en esta historia, que no termina. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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