MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 4/7/25
(Gen 23,1-4.19; 24,1-8.62-67;Sal 105; Mt 9,9-13)
Viernes 13ª semana de tiempo ordinario
DEMOS GRACIAS AL SEÑOR: PORQUE ES BUENO.
Hoy, viernes, semana 13ª del Tiempo Ordinario, el estribillo del Salmo nos ayuda a encontrar el centro espiritual de las lecturas: “Demos gracias al Señor porque es bueno”. Así queda demostrado en la historia de los patriarcas. Abrahán va testimoniando las promesas del Señor cumplidas. A pesar del duelo por el fallecimiento de su esposa Sara, se presenta queriendo ser fiel a todos los preceptos que el Señor le había pedido. No quiso apartarse de la voluntad de Dios.
Ya envejecido, Abrahán involucró a uno de sus criados para garantizar que su hijo Isaac encuentre esposa, con el perfil deseado por Dios. Impresiona la manera en cómo Isaac y Rebeca se conocieron, de forma espontánea y sencilla. Esto deja notar cómo el Señor bendice a quienes se esfuerzan por caminar en su gracia. Cuando las cosas son de Dios no hay que forzar nada. Todo va fluyendo naturalmente. A nosotros nos toca caminar en santidad, y Dios hace que los vientos soplen a favor de aquellos que le aman y buscan hacer su voluntad.
La bondad de Dios se manifiesta, de manera especial, en el evangelio. El pasaje del día nos narra como Jesús, al pasar, puso su mirada en un hombre llamado Mateo, quien estaba sentado en el mostrador de los impuestos. Impresiona el detalle de la mirada de Jesús. Se hace necesario un estómago espiritual, un corazón amoroso, unas entrañas misericordiosas, para que la mirada penetre más allá de la apariencia. Donde la mayoría de la gente veía, sencillamente, a un pecador público, el Señor identificó un hijo de Dios. Dentro de este sentir, se entiende el llamado del papa León XIV, para que aprendamos, del corazón de Jesús, la compasión por el mundo sufriente.
En cierta ocasión vi una película de Santa Teresa de Jesús. Ella estaba conversando con una persona a quien la mayoría, en el pueblo, miraba con desprecio, por estar en pecado grave. Esta persona, acomplejada por la bajeza en la que había caído, pensaba que Teresa no sabía nada sobre su historia. Al enterarse de que sí lo sabía, se sorprendió. El fundamento de su asombro se lo dejó saber: – ella era para él, la única persona que lo miraba con amor”.
Santa Catalina de Siena, haciendo memoria del Señor, compasivo y misericordioso, recuerda cómo Él iluminó al ladrón crucificado, para en medio del sufrimiento, confesarse, arrepentirse, y escuchar la dulce voz: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. La santa, evoca, que el Señor no despreció ni abandonó a San Pedro, que le había negado, sino que lo miró con clemencia después de su negación. Tampoco rechazó a la mujer pecadora, sino que, perdonándola, la trajo hacia Él. No repulsó a Mateo, el publicano; ni al príncipe de los publicanos llamado Zaqueo, sino que los llamó con mucha clemencia. Para Catalina, de esta manera, todas las demás personas tenemos esperanza en el perdón de Jesús.
La invitación de Jesús a Mateo, en el pasaje del día: “Sígueme”, hizo que este se levantara de su mostrador y fuera con Él. Este cambio de “mesa”, implicó a su vez, un cambio de vida. La riqueza de “la banca” quedó atrás. En adelante, la riqueza verdadera y eterna la encontró en Jesús. Muchos pecadores se sentaron en la mesa con el Señor, pero sin hacerle perder su identidad. Contrariamente, fue Jesús quien atrajo a todos hacia Él, atraídos por la santidad. La presencia, las palabras, las enseñanzas del Señor, purificaron la vida y el corazón de los comensales.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo tú has experimentado la bondad de Dios en tu vida? ¿Cómo te sientes cuando eres bueno, porque Dios es bueno? ¿Tú sabes poner nombre, reconocer, y compartir la misericordia de Dios contigo? ¿Tú respetas la voluntad de Dios en tu vida? ¿Cómo vas custodiando, defendiendo, permaneciendo en la voluntad de Dios? ¿Tú te atreverías a cambiar la ruta del querer de Dios para ti? ¿Qué pasaría si alguien intenta manipular las cosas, hacer que fluyan los intereses personales de manera forzada? ¿Te has dado cuenta de que las cosas de Dios van aconteciendo de manera natural, pero contando con la tarea humana?
¿Tú sabías que la forma de mirar se educa; y que lo anidado en tu corazón influye en tu manera de mirar a los demás? ¿Y cómo te miras tú mismo, tú misma? ¿Cómo sientes el calor de la mirada de Dios? ¿Dios, con su mirada, te confirma tu manera de pensar y de actuar? ¿Tienes una mirada que inspira confianza en los demás? ¿A quién estás invitando a tu mesa? ¿Con quién te estás sentando? ¿De qué se habla en la mesa de tu casa? ¿Los temas en la mesa llevan a Dios? ¿Además de los olores alimenticios, en tu mesa, hay perfume de santidad? ¿Sabías que, en la espiritualidad bíblica, compartir la mesa es compartir un proyecto de vida? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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